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Filiberto Castellanos, toda una vida sobre dos ruedas

Filiberto Castellanos Torres una leyenda viviente del ciclismo de Zaachila
Foto(s): Cortesía
Jaime Medina Sánchez

“La bicicleta ha sido mucho más que un objeto para mí: ha sido compañera, confidente y maestra. Desde que aprendí a pedalear, descubrí que cada giro de la rueda era también un giro en la vida, un impulso hacia adelante que me enseñaba a saborear la existencia”, así abre la entrevista con Xtremo Deportes, el oriundo de Zaachila, Oaxaca, Filiberto Castellanos Torres.

Pedalear se convirtió en un acto de fe y de amor por las personas, por el deporte, y por Dios, quien siempre le ha protegido y guiado en cada trayecto. 

Al hacer un recuento de su vida sobre la bicicleta, Castellanos Torres señala: “mi primera gran inspiración llegó de las páginas del periódico deportivo ESTO, cuando en los años cincuenta dedicaban extensos reportajes a la Vuelta México, Aquellas imágenes de ciclistas con los tubulares cruzados en los hombros me hacían soñar con verme algún día como ellos.

“Mi madre, sin saberlo, alimentaba ese sueño cada vez que me enviaba a comprar los periódicos para envolver, y yo quedaba absorto en las fotografías de los héroes del pedal". 

LOS PRIMEROS PASOS

Filiberto que indicó haber nacido un miércoles 22 de agosto de 1945 en la Villa de Zaachila, Oaxaca, expuso que su aprendizaje en la bicicleta comenzó con humildad: “Rentábamos por 20 centavos, dinero que juntaba con un amigo. En el atrio de la iglesia del barrio San Sebastián, con su bajadita llena de arena, iniciamos la aventura de aprender a mantener el equilibrio, siendo allí mi descubrimiento que la bicicleta era más que un juego: era un desafío, una promesa de libertad”.

Señala que su primera competencia oficial llegó el 22 de agosto de 1959, con una bicicleta prestada por el difunto Eulalio Martínez Pérez, Era una máquina destartalada, con la que terminó la carrera veinte minutos después del primer lugar. Pero ese día entendió que la verdadera victoria era atreverse a participar.

EL CAMINO DE LAS COMPETENCIAS

En 1964 participó en la categoría Sport en la ruta Oaxaca Tamazulapan. Fue una prueba dura, marcada por una caída en La Carbonera junto a otros ciclistas, incluido su primo Romeo. “Pensé en abandonar, pero mis compañeros Natalio Hernández y Álvaro Jarquín me levantaron y me empujaron a seguir.

“Por orgullo terminé la carrera, alcanzando el cuarto lugar con un tiempo de 4 horas 48 minutos. Ese día aprendía que el ciclismo no es solo fuerza física, sino también espíritu y Fraternidad”.

SU PALMARÉS COMENZÓ A CRECER

En 1963 ganó la tercera etapa de la ruta del Istmo, de Acayucan a Coatzacoalcos, Veracruz.

El 2’ de septiembre de 1964, conquistó su primera victoria en Sport, en la ruta de Oaxaca a Ejutla de Crespo.

En 1967 triunfó en el Criterium Petrolero de Ciudad Medero, Tamaulipas.

Entre 1977 y 1979 corrió con el equipo Windsor, y de 1980 a 1981 con Benotto.

En 1981 participó en la Vuelta Internacional de Chiapas, donde conoció al joven campeón mundial Greg LeMond.

Cada competencia era un capítulo de su vida, una prueba de resistencia y pasión. “En 1983, el Día del Locutor, gané la carrera del Camarón Yautepec a Juchitán, y ese mismo año sumé victorias en Ixtepec y en la ruta Tamazulápan-Tejupan-Huajuapan”.

En 1985 fue nombrado director técnico dela Selección de Oaxaca, logrando un destacado 1-2 por equipos en la ciclista del Lunes del Cerro.

LA MADUREZ DEL CICLISTA

Con el paso de los años, la bicicleta siguió siendo su aliada. En el 2000, a los 55 años, logró el décimo lugar en la ruta Tamazulápan-Oaxaca, en el 2002, obtuvo medalla de bronce en Ciudad Victoria, y en 2005 alcanzó el campeonato nacional efectuado en Mazatlán.

Más recientemente, en 2003, consiguió el tercer lugar en Pachuca, demostrando que la edad no es un límite cuando se pedalea con el corazón.

EL LEGADO

Hoy, más allá de los triunfos, lo que le llena de orgullo es haber compartido su experiencia con jóvenes ciclistas, aconsejándoles que nunca bajen la guardia y que sigan pedaleando. “Les recuerdo que la verdadera victoria está en participar, en no rendirse, en mantener viva la pasión”.

Recuerda que cuando tenía 35 años, conoció a un ciclista de 80 en la Ciudad de México. “Le dije que era un ejemplo para mí, y que ojalá Dios me permitiera llegar a esa edad y seguir pedaleando. Hoy sigo sobre la bicicleta, agradecido con la vida, con mi gente, con mi pueblo, con mi estado y con mi país”.

Finalmente, la historia de Filiberto es un testimonio de perseverancia, amor y fe, un relato que inspira a quienes creen que el deporte es solo juventud, pero Castellanos Torres ha demostrado que el ciclismo, como la vida, se vive mejor cuando se pedalea con el alma.

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