Hace siete años, Jiinha Cruz encontró en el atletismo mucho más que una disciplina deportiva; halló un camino de vida.
Desde entonces, ha recorrido pistas y calles en distintas partes del estado y de la República Mexicana, acumulando kilómetros que no sólo fortalecen su cuerpo, sino también su espíritu.
Para ella, correr se ha convertido en una forma de superar obstáculos emocionales y físicos, al encontrar un refugio que le permite mantenerse en equilibrio y en buena salud.
Su mayor inspiración proviene de su madre, la señora Lourdes Cruz; así como de sus hijos, quienes la acompañan en esta aventura que ya forma parte inseparable de su cotidianidad.
El correr te libera de muchas cosas, dice Jiinha, a quien le ayuda a dejar atrás el estrés, la hace sentirse libre y le enseña a trabajar para superar tus propios retos.
Con esa convicción, se prepara para participar en el próximo maratón de la ciudad a celebrarse próximamente, un desafío que representa tanto esfuerzo como ilusión.
Para Jiinha Cruz, el atletismo es más que un pasatiempo. Es una adicción positiva que exige disciplina y organización. Entre el trabajo y las responsabilidades familiares, ha aprendido a acomodar sus tiempos para entrenar, consciente de que los resultados dependen de la dedicación diaria.
Por ello, le entrega al deporte más de una hora cada día, no solo con la meta de competir, sino porque lo necesita, porque el ejercicio le brinda bienestar y energía.
Consideró que as lesiones que ha enfrentado son la mejor prueba de que está trabajando duro, cada tropiezo físico se convierte en una lección de resistencia y adaptación, un recordatorio de que el cuerpo debe aprender a responder a los retos que el atletismo impone.
La historia de Jiinha también se entrelaza con la de su madre, Lourdes Cruz, quien ingresó al mundo del deporte buscando mejorar su salud. Por recomendación médica, el ejercicio se convirtió en su aliado frente a la enfermedad que padece y, aunque actualmente una lesión la mantiene alejada de las carreras dominicales, Lourdes no pierde la fe y confía en que pronto volverá al asfalto, retomará el ritmo y continuará ejercitándose, porque para ella, al igual que para su hija, el deporte es sinónimo de vida.
