Por Alejandro José Ortiz Sampablo
Hace cinco días me encontraba triste por un robo artero del que fuimos victimas en uno de nuestros consultorios comunitarios, que paradójicamente tiene como fin primordial incidir en el deterioro del tejido social. Sin embargo, al momento de escribir esta nota, hay varios motivos que hacen que mi alma se embriague de alegría y entusiasmo por el futuro prometedor que tendrán los dispositivos clínico-sociales del INEIP A.C.
Esto me recordó una anécdota infantil. De pequeño aprendí a disfrutar de las charlas de los adultos, pues mi padre más que hojalatero automotriz era un terapeuta de la vida, así que mientras les daba martillazos a los lienzos de los autos chocados, le propinaba uno que otro a la psique de sus clientes, quienes ingenuamente le contaban sus problemas. Fue así, como conocí frases de las que hoy me auxilio en la clínica psicoanalítica, una de ellas, “No hay mal que por bien no venga”.
La tarde del lunes firmamos la tercera alianza estratégica con la C. Marbella Cruz Sánchez, quien es la responsable de la Agencia de Pueblo Nuevo. Me dio la impresión de que no cabía de alegría al recibirnos, a mis colegas, Dina, Isabel, Inara, Rafael, Jesús y a mí. Era tanto mi gusto, que dije:“hicieron falta los alipuses”, pero ya llegará el momento de brindar por los logros que vienen.
Esta no es la única bondad que nos ha brindado la jornada. Sabemos que ha sido nuestro tesón en la labor psicoanalítica realizada durante casi diez años en Oaxaca, lo que nos permite cosechar este tipo de recepciones.
En octubre cumpliremos diez años como instituto, durante los cuales colegas han venido y partido. Hoy me acompañan en este recorrido fabulosos colegas que, hombro con hombro, me ayudan a sostener los proyectos del INEIP. Siempre he considerado que éste es el mayor regalo que la vida me puede devolver, en las formas de amor que ellas y ellos me expresan, la mejor de estas, el de andar a mi lado en lo que un día fue un sueño, incluso me atrevo a decir, un sueño loco.
Posiblemente el ladrón que menciono al principio carezca de idea de lo que su acto, más allá de la pérdida material, ha significado para nosotros. Sinsabores como este nos permitensaber de qué está hecho nuestro deseo ¡Qué mejor regalo!
Nota para el ladrón: El regalo consiste en nuestra resiliencia, ¡no nos vuelva a robar!
