Sentir las hojas caer en una caminata por el bosque, escuchar el agua seguir su curso por el río, respirar. La sensación puede ser una suerte de paz, o al menos, de tranquilidad, para algunos. Es la compartencia que desde su amor por la naturaleza y su compromiso con sus temáticas sociales, la fotógrafa Lucero González propone en “Las raíces del cielo, instalación fotográfica de un bosque de amates”, que exhibe desde ayer en la Biblioteca Henestrosa.
En entrevista, la feminista y socióloga mexicana habla de cómo lleva 25 años documentando a los amates de Morelos. Con emoción, cuenta que cada visita al bosque fue cautivada por estos ejemplares que llegan a medir más de 20 metros de altura. Hay una frase que parece escucharse en esta instalación: “Sentir el bosque en un pequeño recorrido entre los árboles, habitarlo por unos minutos”.
“Una parte de mi vida vivo en Tepoztlán, Morelos y tengo acceso al bosque; esos bosques están llenos de amate. Entonces he ido recolectando imágenes de ellos desde el año 2000. Voy a unas ruinas como Chalcatzingo y veo esa potencia de esos árboles y digo, -Ay, me los llevo en el corazón, me los llevo.- O sea, los disfruto mucho, me conecto con los árboles. -¿Y qué me dan?- Para empezar me dan una frescura, como cuando caminas realmente dentro del bosque. Que vas sintiendo la humedad, que vas sintiendo las hojas, el río que está al lado, que lo vas escuchando y que incluso puedes meter las patrullas ahí… Haces tus esculturas con las piedras del río”.
De esa manera Lucero González fue archivando un buen compendio de imágenes de amates y en el fondo escuchaba su propia voz diciendo: -Quiero hacer una exposición de un bosque de amate”-, pero no llegaba la forma porque no quería una exposición de fotos pegadas al muro, sino realmente hacer al visitante parte de una experiencia que lo invitara a sumergirse en el bosque.
“Así ocurrieron varias cosas, como la suerte, la vida y la fortuna, la maravilla de los árboles… Fíjate que unas amigas mías viajaron a Japón y me trajeron papel japonés de arroz. Entonces, dije: - Este papel es para los amates y empecé a imprimir, a su vez, a sorprenderme de las transparencias, de las texturas, de las diferentes capas que vas sintiendo. O sea, era totalmente un viaje al bosque y supe: -Es ahora. Voy a hacer la exposición”.
Así que la fotógrafa propuso esta instalación para la sala planta baja de la Biblioteca Henestrosa y a lo largo de un año imprimió las imágenes. Cuenta que lo hizo con placer y con una sensación bonita de transitar este proceso que se convertiría en una experiencia única para los visitantes.
“La transparencia que tiene el papel arroz es tal, que casi puedes tocar el alma del árbol y conectarla con la tuya. Me da paz. Me da paz…” La sensación que Lucero quiso recrear es la escuchar las hojas al caer, el sonido del viento, del agua… por eso propuso la instalación: -”Por eso están flotando en el aire las imágenes.Y me gustó mucho el resultado”.
La muestra inaugurada este sábado a mediodía es una invitación a caminar esa montaña. Hacer una pausa del trajín cotidiano, de caminatas por la ciudad, parar y dejarse sentir, entrar a esta sala de acceso gratuito y soltarse, escuchar esas hojas, escuchar el agua. Acercarse a las texturas y sentir esos bosques.
La recopilación de casi un cuarto de siglo en imágenes recoge captura de los recorridos de la fotógrafa por Amatán, Cocoyoc, Chalcatzingo y Tepoztlán de Quetzalcóatl, Morelos. LA serendipia más reciente de Lucero Gonzalez es que se acaba de enterar que los primeros papiros de la pintura japonesa fueron hechos en amate, no en papel de arroz. Y así se cierra este trino en su vida, ahora ella imprimió sus amates en papel arroz, para compartirlos en esta tierra oaxaqueña que tanto quiere y que tan bien la recibe cuando expone.
La instalación fotográfica y sonora puede visitarse en la Biblioteca Henestrosa, el acceso es libre
