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Treinta y un pueblos celebraron la vida con ofrendas ancestrales

El Zócalo de Oaxaca se llenó de color con la instalación de 31 altares que mostraron la riqueza cultural de los pueblos originarios.
Foto(s): Mario Jiménez Leyva
Alexandra Zolorio

El corazón de Oaxaca se transformó en un mosaico de aromas, colores y símbolos durante la exhibición de 31 altares tradicionales dedicados al Día de Muertos. En el zócalo de la ciudad, flores, pan, frutas, velas y copal dieron forma a una muestra que reunió las voces y creencias de los pueblos originarios del estado.

Cada altar narró una historia. Desde las montañas de la Sierra de Flores Magón hasta las costas del Pacífico, las comunidades compartieron su manera de honrar a quienes partieron, revelando la riqueza espiritual y cultural que distingue a Oaxaca. La plaza se convirtió en un espacio de encuentro entre generaciones, lenguas y costumbres que mantienen viva la memoria colectiva.

El público recorrió la exposición admirando la variedad de elementos y significados: cruces de flor de cempasúchil, mazorcas, mezcal, tortillas, tamales, retratos y objetos cotidianos que evocaron la vida de quienes son recordados. En cada ofrenda, el respeto y el cariño se manifestaron en la minuciosa disposición de cada detalle.

Las culturas zapoteca, mixe, mixteca, mazateca, triqui, chatina, cuicateca, chocholteca, ikoots, tacuate y afromexicana compartieron su cosmovisión en una expresión de unidad y diversidad. Fue una jornada donde la muerte no se concibió como final, sino como regreso, como diálogo constante entre el pasado y el presente.

Con esta exhibición, Oaxaca reafirmó su esencia plural y su papel como Corazón Cultural de México, donde la vida y la memoria caminan juntas, alumbradas por la luz de las velas y el resplandor de las flores eternas.

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