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Remigio Sarabia, el héroe olvidado de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

Toda historia tiene su leyenda. Un pedazo de verdad reconstruida por el imaginario colectivo para reivindicar valores, cultura, atributos, origen, identidad. Este es el caso del famoso y, a la vez, olvidado Indio de Nuyoó, héroe mixteco de la Guerra de Independencia, que por nombre llevó José Remigio Sarabia Rojas.


En la Mixteca oaxaqueña, aunque se cuenta su historia, pocos municipios y comunidades le rinden honores como héroe nacional, a pesar de que fue él quien logró burlar el cerco realista en el Sitio de Huajuapan, para informar al General José María Morelos y Pavón de la situación y solicitar el apoyo de su ejército.


El relato del Indio de Nuyoó mezcla verdad y mito, en una historia de amor que bien pudo ser digna de contar por Amado Nervo o Manuel Gutiérrez Nájera.



En la pequeña loma desde donde Sarabia Rojas planeaba su venganza, se erige hoy un monumento al héroe de la Mixteca

El cura del pueblo


La leyenda relata que en vísperas del inicio de la Guerra de Independencia en el pueblo de Santiago Nuyoó, hoy distrito de Tlaxiaco, la iglesia estaba a cargo del sacerdote Manuel Soto, hombre no tan apegado a la doctrina cristiana, que enamoró y robó a la joven María Rojas, prometida de Sarabia Rojas.


El agravio despertó la sed de venganza en el indígena mixteco, quien se sintió ofendido y agraviado por el proceder del cura y juró matarlo para lavar su honra.


Pero mientras eso sucedía en el pueblo de Santiago Nuyoó, en todo el territorio nacional la llama de la Independencia incendiaba cada rincón de la patria y cuando tocó el turno a la Mixteca oaxaqueña, el sacerdote Manuel Soto se trasladó a Huajuapan para abrazar la causa de los realistas.


Hasta ahí lo siguió Sarabia Rojas con el propósito de cumplir su cometido; pero por esas extrañas circunstancias de la vida, el indígena llegó en el preciso momento que los realistas sitiaban a las fuerzas de Valerio Trujano, en el famoso Sitio de Huajuapan.



El cura del pueblo enamoró y secuestró a la prometida de Sarabia Rojas, lo que motivó su muerte

Con el conocimiento que tenía de la región, Sarabia Rojas logró burlar a los soldados comandados por el general realista José María Régules, hasta presentarse ante el coronel Valerio Trujano.


-¿De dónde eres?


-Noyoo siñor- respondió Sarabia Rojas, mientras se descubría la cabeza y apretaba el sombrero de palma contra su pecho en señal de respeto.


-¿Cómo llegaste hasta aquí?


-Vini a vender plátano y naranja al mircado; pero ese fregado soldado Régulo no me dejó salir; y entonce vine a buscar casa de don Chepito Rera.


-Pero es que aquí estamos peleando. ¿No tienes miedo de morir?


-No siñor. Tú también sabe guerra, armas y piliar- respondió el aguerrido indio de Nuyoó.


-Bueno, bueno, ya le daremos comisión- dijo el coronel Valerio Trujano al grupo que lo rodeaba.


La venganza



El Indio de Nuyoó logró burlar las fuerzas realistas que sitiaban Huajuapan, para avisar al General José María Morelos y Pavón de la difícil situación

Cuando la refriega entre realistas y las fuerzas insurgentes era más álgida, en los 111 días que duró el sitio, el coronel Valerio Trujano ordenó proporcionar un fusil a Sarabia Rojas y ubicarlo en la primera línea de fuego, ante la carencia de soldados.


Con esa arma, Sarabia Rojas apuntó al cura Manuel Soto, quien disparaba un cañón desde el bando contrario, y lo mató de un balazo.


-¡Noyoo qué buena puntería tienes, tú mataste al padre Soto!- le gritó el sargento Rodríguez, quien combatía a favor de la independencia.


-¿Tú lo vites? Entonces presta más tiro porque el combate tá mu juerte.


Pero el fragor de la batalla no cesaba y cada día era más evidente que con mejores pertrechos y armas, las fuerzas de José María Régules iban ganando posición.


-¡Llamen a Noyoo!- ordenó una tarde el coronel Valerio Trujano, cuando ambas fuerzas tomaban un respiro.


-¿Sabes el camino a Tlapa?


-Sí siñor.


-Lleva este papel al señor Morelos; si no lo encuentras ahí, sigues hasta Chilapa o donde lo halles y en su propia mano se lo entregas- ordenó el militar. Era el mensaje en el que se solicitaba al General José María Morelos y Pavón, la ayuda para romper el sitio de Huajuapan.


Entonces Sarabia Rojas se disfrazó de limosnero y, no sin sobresaltos, logró burlar las filas enemigas de José María Régules, para internarse en las montañas rumbo a Tlapa, Guerrero.


Encuentra a Morelos


Incansable y motivado por la importancia de sus servicios, Sarabia Rojas llegó hasta Chilapa e insistió en hablar con el mismo General José María Morelos y Pavón para entregarle el mensaje de Valerio Trujano.


-Jefe Valerio te dijo entregar tu mano este papel.


-A ver, hijo, ¿cómo están por allá?


-Mucho muerto, Tatita. Necesidad mu grande. Régules tiene sitio desde abril, gente llora piliando, vas regresar luego para que avisas jefe Valerio recibiste carta.


Así fue como el 23 de julio de 1812, después de 111 días de permanecer acorralado Valerio Trujano, gracias a la astucia y valentía de José Remigio Sarabia Rojas, el General José María Morelos y Pavón arribó a la ciudad de Huajuapan para romper el sitio y liberar a sus compañeros de la ciudad mixteca del ejército español.

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