Alejandro Guzmán
Me ilusioné al notar en el Iago Juárez tentadoras novedades literarias recién adquiridas y clasificadas, algo que no sucedía –la adquisición generosa de libros– casi desde la partida terrenal de su fundador, cuando donó la biblioteca al INBA… y ya se sabe cómo es la administración de las burocracias culturales. Me senté a hojear los ejemplares en una tarde en que había movimiento debido a diversos proyectos musicales de la vecina Fonoteca, echando un poco de menos la quietud y el silencio de este recinto, tan propicios para la lectura y el pensamiento.
No es que me haya decepcionado, pero siempre se puede hacer una mejor selección para decidir qué libros se integran al acervo y, sobre todo, cuáles no. Quizás el INBA compra en volumen a distribuidoras y los envía a las bibliotecas del país, al tín marín; más bien pareciera que enviaron a alguien en CdMx a una librería para escoger según su entender de lo que había en la mesa de novedades (entonces no sé me ocurrió preguntar a algún coordinador de la Biblioteca). Por ejemplo, Iris Murdoch es una autora que han reeditado en años recientes, pero es poca leída aquí, a pesar de estar disponibles sus mejores novelas; en su lugar se podría añadir alguna de sus colecciones de ensayos editados por Siruela. Algo parecido sucede con Mircea Cartarescu, un autor contemporáneo al parecer bastante leído y cuyo mejor libro, de sus muchos publicados, según me informo, es “Solenoide”.
En fin, a un lector “común” debiera bastarle y sobrarle el envidiable acervo ya existente, pero se agradece la incorporación de nuevos autores, pues el verdadero arte literario, conocido o aún por descubrir, nunca hastía .
«Cuarenta años es un buen plazo para saber si un libro resiste el paso del tiempo. No necesariamente es este el caso, ni tampoco la supervivencia es una virtud en sí misma (muchos libros pésimos han sobrevivido y libros excelentes han sido negados), … No me parece que un escritor escriba mejor a medida que avanza o que mejore con los años (a menudo es más bien al revés). A la larga pensamos que escribimos distinto y siempre escribimos del mismo modo, con los mismos errores y los mismos –escasos y siempre sorpresivos– aciertos».
«En “Prisión perpetua” he contado fragmentos de mi vida sin incurrir, confío, en la confesión sentimental ni en la autoindulgencia. Escribir un diario nos ayuda a olvidar la ilusión de tener una vida privada».
«A partir de 1990 usé una computadora Macintosh. Siempre me interesó saber si los instrumentos técnicos dejaban su marca en la literatura. ¿Qué cambia y cómo? Dejo abierta la cuestión».
«Estos comisarios del género [detectivesco] son siempre un poco ingenuos y fantasmales, porque, como decía con razón Borges, en la vida los delitos se resuelven –o se ocultan– usando la tortura y la delación, mientras que la literatura policial aspira –sin éxito– a un mundo donde la justicia se acerque a la verdad».
«Uno se relee y encuentra tonos y ritmos en los que no había pensado, pero son esos fraseos y esas modulaciones de la prisa lo que, en última instancia, persiste y persevera a lo largo del tiempo. Esas manías y esas maneras son lo único que uno busca narrar. Y esos ritmos son, en definitiva, lo que llamamos estilo personal».
RICARDO PIGLIA. En Cuentos completos. Anagrama, 2021.
El mundo animal de Kafka. Franz Kafka es considerada una figura clave de la literatura moderna, un hombre que consagró su vida a la creación literaria, como justificación a una inapelable vocación y también como condena por los infortunios que de ellos le derivaron. Lo “kafkiano” es lo enrevesado, lo absurdo. Siguen apareciendo ediciones y nuevas traducciones, aumentando las lecturas e interpretaciones de su mundo literario a un siglo de su muerte.
«Una vez seleccionados los textos junto a Brod, y tras sentirse confortado por el entusiasmo de éste ante el envío a la editorial, Kafka escribió a Kurt Wolff diciéndole que le presentaba sus prosas con la ilusión de que se las publicará, pero igualmente convencido de que no había sabido juzgar lo bueno y lo malo que había en ellas. Terminaba la carta con una reflexión: “Y es que la individualidad más difundida de los escritores consiste en que cada uno oculta de forma completamente particular su lado malo”.»
«A Wolff lo sedujo el estilo literario de Kafka, anómalo dentro de la literatura germana de la época a causa de su concisión y espontánea llaneza; el editor aseguraría años más tarde que la prosa kafkiana, sobre todo la de sus textos breves, era “la más pura y perfecta de la literatura alemana, tanto del siglo XX como del XIX”.»
«Wolff, que en el caso de Kafka nunca tuvo en cuenta las ventas, sino su gusto personal, se mostró inquebrantable en su fe. En su fuero interno sabía que estaba editando la obra de un escritor sorprendente, de un vanguardista innovador, y que merecía la pena apostar por él».
L. F. MORENO CLAROS, en FRANZ KAFKA. La transformación. Edición de L.F.M.C y PILAR BENITO O. Atalanta, 2016.
«Así que mi manera de vivir está organizada sólo en función de escribir, y si experimenta cambios, sólo tienen por objeto posibilitar mejoras en el escribir, pues el tiempo es breve, las fuerzas son mínimas, la oficina un espanto, la vivienda es ruidosa, y uno tiene que ingeniárselas para salir adelante a base de trucos cuando no se da el caso de una vida bella y sencilla».
Carta a Felices Bauer, 1.10.1912. Trad. L.F.M.C.
«Cuando echó un vistazo a mi evolución y a lo que he logrado hasta ahora ni me quejo ni me siento satisfecho. Las manos en los bolsillos de los pantalones, la botella de vino en la mesa, medio me tumbo, medio me siento en la mecedora y miro por la ventana».
FRANZ KAFKA. Informe para una academia. Trad. Isabel Hernández. Nórdica, 2024.
«Si miro en retrospectiva mi evolución y su objetivo hasta ahora, ni me quejo ni me doy por satisfecho. Las manos en los bolsillos del pantalón, la botella de vino sobre la mesa, a medias me tumbo, a medias me siento, en la mecedora y miro por la ventana».
Trad. L.F.M.C
«Los animales están per se cargados de simbolismo, porque todavía antes de que es establezca la comprensión consciente provocan impulsos complejos, fuertes y, en parte, también atávicos; la historia del arte proporciona ejemplos de ellos, cuyo efecto no es menos poderoso. … Kafka les asigna a sus animales una autonomía desconcertante, y les reserva un piso muy amplio en el edificio de su obra. … No son animales de cuentos de hadas estos con los que nos encontramos aquí, más bien se trata de criaturas que, de manera inquietante, saltan la barrera que separa al ser humano del animal, o que incluso la ignoran del todo».
«A Felix Weltsch le escribía a mediados de octubre de 1917: “En general no leo mucho, la vida en el pueblo [Zürau] es muy apropiada para mí. Si uno supera la sensación, con todos sus inconvenientes, de vivir en un zoológico instaurado de acuerdo con unos principios nuevos, en el que los animales tienen total libertad, entonces no existe ya una vida más agradable y, sobre todo, una vida más libre que la del pueblo”.»
REINER STACH. En FRANZ KAFKA. Cuentos de animales. Trad. L. F. Moreno Claros y José Rafael Hernández Arias. Arpa, 2024.
Bajeza y crueldad humana mostradas en un relato triste de navidad tan inolvidable como el ‘Vankha’, de Chéjov, por otra gran escritora. «Sacar fuerzas de flaqueza para que el cochinero trote, obligado por los pinchazos del recio aguijón; aguantar picadas de tábanos y de moscas borriqueras, encimadas, feroces con el sol y el polvo, en las llagas de la reciente matadura; sufrir talonazos y ver cortar la vara de avellano o de taray que, silbadora y flexible, se ha de ceñir a su piel, averdugándola; probar la dentellada de la escuela y el sofrenazo violento del bocado; recibir puñadas en el suave hocico y en los ojos, en los dulces y grandes ojos, en los dulces y grandes ojos cuya mirada siempre expresa mansedumbre; doblegarse bajo la excesiva carga; arrastrarse molido y pugnar por no caer al suelo antes de que se termine una caminata tres veces más fatigosa de lo que cabe dentro de los límites del vigor asnal; todo esto, con ser tanto, le parecía miseriuca al Peludo, en cortejo de pasar rozando una pradera verde como la esperanza, mullida y aterciopelada como tapiz de seda, y no poder hartar la panza vacía, redondear los ijares metidos y chupados y la tripa hueca como tubería de órgano. … él, el manso, el resignado, el trabajador, el obediente, “pensó” hacer una muy gorda y sonada: soltar un rebuzno de guerra y arremeter a coces y a muertos contra su despiadado jinete, su espolique, su amo, su tirano…
[…] Hiciese lo que hiciese lo mismo tenía que ser… Hambre y palos, palos y hambre… Arriba con la carga; avante por la senda, y nada de protestas ni de quiméricos ensueños…»
EMILIA PARDO BAZÁN. “La navidad de Peludo”. (1898), en El cuento animado. Antología de relatos con animal. Edición y prólogo de Purificació Mascarell. Nórdica, 2024.
Los marcianos llegaron ya. «Tengo al alien en los ojos. Me penetra completamente, cada partícula de mí, en los ojos y se extiende hasta el cerebro. Ay, Dios, está en mi mente. Me hace sentir cosas en el cuerpo que no siento. Me produce sensaciones, sensaciones sexuales. Y está ahí. En todas partes. Mi cuerpo está cambiando.
–David Jacobs, entrevista a una mujer abducida por un alien, 1988.
«Soy Ulrike Meinhof y les hablo a los habitantes de la Tierra. Cuenten su propia muerte. Cuando la soga me apretaba el cuello, un alien hacía el amor conmigo. Cuando no se puede formar un grupo, es posible que el acto sexual entre dos humanos facilite la energía de transmisión que se necesita para comunicarse con los aliens. La intersubjetividad sucede en el momento del orgasmo, cuando todo se descompone. Después, el alien me llevó a un planeta especial que pertenece a Andrómeda. Los habitantes del lugar manejan el tiempo y el espacio con intensidad, delicadeza, disciplina y libertad. Fin».
La autora testimonia su experiencia:
«El 22 de marzo, me visitaron los aliens en Nueva Zelanda. … Estábamos cada vez más borrachos, y la noche se diluía en un amanecer con una densa niebla invernal. Y cuando el cielo pasaba del negro al gris, tuve la vívida sensación de que no estábamos solos, sino acompañados de otros grupos como el nuestro en otras partes del mundo, y que sólo con estar ahí, podíamos conectarnos con ellos. Por un instante, tuve la impresión de que yo no era solo yo, sino también otras personas. La gente que busca encontrase con aliens suele formar grupos y renunciar a los fragmentos de su propio ser. Los espacios vacíos de cada persona se convierten en receptores que les permiten a los extraterrestres entrar por la superficie porosa de la piel».
«”Estos aliens”, escribe William Burroughs, “se nutren a través de la fotosíntesis; así se puede comprender por qué la escoria que manda en este mundo quiere impedirlo. Todo el maldito planeta está construido sobre la comida…”».
CHRIS KRAUS. Aliens y anorexia. Trad. Flor Braier. Caja Negra, 2024.
Selección y notas: agg.
