Rafael Alfonso
Desde su presentación pública, el psicoanálisis sacudió las buenas conciencias victorianas de una forma inédita. No fueron pocas las expresiones de rechazo, muchas de ellas tenían que ver, como no podría ser de otro modo, por la luz que arrojara sobre las distintas expresiones de la sexualidad humana. Estas alcanzaron, conforme se fueron dando a conocer las investigaciones de su creador, el calificativo de escandalosas, pues tomaban como audaz la introducción de la sexualidad como eje central de los conflictos psíquicos. A decir verdad, hubo muchos quienes, sin conocer la obra de Freud, no quisieron ver más allá.
Sin embargo, a poco más de un siglo y un cuarto de todo aquello, pocos podrían dejar de reconocer la importancia de la sexualidad humana en los conflictos que aquejan continuamente al ser humano. Así que no es suficiente seguir achacando el rechazo del psicoanálisis a la controversia sobre lo sexual.
Segunda línea de pensamientos
Un peso aún mayor en el rechazo del psicoanálisis, consideramos es la alusión a los "segundos pensamientos" que coexisten con aquello que llamamos conciencia. Es fundamental aclarar que, si bien una parte de estos procesos efectivamente se encuentran sepultados en la memoria y, por lo tanto, alejados de la conciencia, estos no suelen oponer resistencia significativa para el proceso de cura psicoanalítica.
Cuando nos referimos a este segundo itinerario de pensamientos, aludimos a una dinámica psíquica, y no necesariamente a la incapacidad de la persona para percatarse o acceder a esos pensamientos. Es decir, existen varias capas de contenidos a los que de manera habitual y hasta popular calificamos como inconsciente —cabe apuntar que en el Instituto que me ha formado no invocamos al inconsciente de forma indiscriminada, ni a cada momento—, pero diferenciamos que bajo la conciencia subyacen tanto aquel contenido que apenas nos supone un esfuerzo evocar, como el material reprimido que, aunque inaccesible a la conciencia de forma directa, emerge a través de otras vías y puede ser trabajado en el análisis. La verdadera causa de la resistencia al psicoanálisis, como veremos, se manifiesta de otra forma.
Malentendidos y resistencias teóricas
Es precisamente en este punto donde, para algunos teóricos del psicoanálisis, surgen confusiones, a menudo convenientes. Muchas veces se pasan por alto las advertencias de Freud, que bien podrían interpretarse como previsiones de las dificultades que enfrentaríamos quienes nos dedicamos al psicoanálisis, pues no estamos exentos de caer en malentendidos teóricos, que pueden resultar muy convenientes para que mantengamos sin cambio alguno nuestras propias formas de goce. La teoría no es solo una herramienta de comprensión del paciente, sino también un espejo en el que se reflejan nuestras propias resistencias. Es el cuestionamiento constante a nuestras formas de goce lo que teme no solo el profano, sino incluso el mismo psicoanalista.
La entrega desmedida al principio de placer-displacer, la forma en que el individuo justifica sus acciones, los engaños que elabora y su universo de fantasías son expresiones que se confundirán, de manera conveniente, con la realidad objetiva. Es en la inmadurez psíquica donde el Yo no ha logrado establecer un equilibrio entre sus deseos internos y las demandas de la realidad, donde se encuentra la clave de este rechazo por el psicoanálisis, un camino hacia el autoconocimiento que, aunque a veces doloroso, es indispensable para una vida psíquica más plena y consciente.
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