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Cosecha de rábanos: historias de los hortelanos que hacen arte en Oaxaca

Foto(s): Citlalli López Velázquez
Citlalli López Velázquez

La oscuridad duerme sobre las parcelas enverdecidas del Bosque el Tequio. El canto de los gallos llama al sol mientras que cientos de hortelanos esperan el momento de iniciar la cosecha para la Noche de Rábanos.

El frío acompaña la jornada, chifla entre los surcos y sale corriendo levantando polvaredas. 

Allá va Don Serafín Florencio Muñoz con paso firme y pala en mano, abriendo camino, labrando la tierra.   

“Yo inicié con mis padres en 1960 hasta la fecha cuando sólo era un tianguis en el zócalo en donde se vendían verduras como lechuga, cebolla, rábanos, pescado para la vigía del 24 de diciembre”, relata don Serafín, quien a lo largo de los años se ha vuelto guardián de saberes.

La Noche de Rábanos se celebró la primera vez el 23 de diciembre de 1897 aunque en ese entonces no era como se conoce ahora. Con el paso de los años fue tomando forma y engrandeciéndose hasta alcanzar la popularidad internacional actual.

“No recuerdo el personaje que se le vino la idea de hacer una figura de rábano y el que hiciera la mejor figura tendría un premio económico. De ahí parte la noche de rábanos. Esto ha venido evolucionando poco a poco. Antes no nos daban la materia prima.  Fue en el mandato del gobernador Heladio Ramírez López que empezaron a dar las parcelas a quienes participamos”, agrega don Serafín heredero del talento y amor por sus tradiciones.

Acompañado por el trabajo, no por la suerte, Don Serafín es hasta ahora el máximo ganador del evento. Su nombre está inscrito en la historia cultural de Oaxaca. Fue su padre Serafín Muñoz la guía en este camino. 

“Él ya se sentía cansado y me dijo que yo tendría que preservar el legado. Así fue como vengo haciendo esta historia en la familia. Ahora ya participan mis hijos, mis nietos y hasta bisnietos”, recuerda. 

La mañana avanza sobre el bosque que, para lucirse, se hizo pantalones verdes con metros y metros de puestas de sol. Escondiditos entre la tierra los rábanos retan a las y los hortelanos. La labor es dura, requiere de fuerza y destreza para no trozar las piezas. 

 

Con agilidad es levantado uno a uno entre 13 y 15 toneladas del tubérculo que, en manos artistas, se transformarán en figuras mágicas, míticas o tradicionales.

En este 2024 la Noche de Rábanos cumplirá 127 años de vida, en todo el país no hay una celebración como ésta que nace de la vendimia de hortalizas en lo que entonces era conocida como plaza de las Armas.

Antonio Contreras forma parte de las nuevas generaciones de hortelanos, en su familia no hay antecedentes de participar en estas fiestas. 

“Esto sale nato, no tengo escuela, no tengo iniciación artística. Salió porque creo que los jóvenes deben de tener iniciativas lejos de sustancias nocivas, de alcohol o algún tipo de drogas”, expresa mientras escarba la tierra como quien busca un tesoro escondido.

El suelo es generoso, entre sus brazos fueron creciendo racimos verdes. Las raíces encontraron en la profundidad de la tierra el alimento para nutrir el rábano en más de 60 centímetros. 

Dadivosa la tierra también da alegría y hermandad al pueblo oaxaqueño, pues entre sus ásperos surcos nace la vida y la fiesta, la tradición y la magia. Es la tierra el eco de las risas infantiles que con sorpresa arrancan las figuras tornadizas que lo mismo pueden ser un caballo que un duende o una virgen, un danzante de la pluma o el árbol del tule.

Atrapada por esa magia, Evelin, de 13 años de edad, acudió por primera vez a la cosecha de rábanos. 

Sus pequeñas manos rascan el suelo chocolatoso buscando las piezas para su creación “Feria del Nicoatole”.

“Me siento capaz de hacer un buen trabajo, aunque es la primera vez que voy a intentarlo. En la escuela estuvimos haciendo prácticas con distintas frutas y verduras. Creo que es importante mantener la tradición porque es la representación de nuestro estado”, explica.

 

“Una manera de estar libres”

Como parte de las acciones de readaptación social, personal de la Secretaría de Seguridad Pública también se sumó a la cosecha de rábanos para dotar de la materia prima a los internos de Tanivet.  

José Jarquín López, director del penal varonil detalló que la primera vez que participaron fue durante de la pandemia. Las piezas se exhibieron en la explanada del ayuntamiento de Etla.

“Afortunadamente tenemos la participación de los internos porque vivir las fiestas para ellos es una manera de estar libres”, destacó.

Después de la cosecha las hortelanas y hortelanos se trasladan a sus casas para comenzar el tallado y diseño de sus creaciones. 

Su trabajo se extiende durante los siguientes días previo al 23 de diciembre, fecha en la son exhibidas las piezas en el zócalo capitalino durante la noche. Año con año, cientos de turistas nacionales y extranjeros se dan cita para maravillarse y atestiguar la vieja tradición.  

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