Santo Tomás Jalietza, Oaxaca.-En los 68 años que han pasado desde que por primera vez Soledad Valentín Navarro bailó como Malinche o Malintzin la Danza de la Pluma, este baile ritual con raíces indígenas se ha modificado, pero en ella el arte de tejer las plumas para crear los penachos sigue respetando la técnica que aprendió de su papá Catalino Valentín.
“No usamos nada de resistol, menos silicón”, dice una mujer de 76 años que sin reservas muestra con orgullo las materias primas que se transforman en imponentes penachos coloridos.
“Es hilo de cera virgen”, asegura Soledad, quien con un cuchillo hace un pequeño corte en una vara de carrizo para hundir el hilo y evitar que se corra un primer nudo, para después empezar a sostener pluma por pluma.
Tradición
Si Soledad habla del arte plumario, lo hace recordando su infancia cuando su padre Catalino elaboraba los penachos porque también fue danzante de la pluma y enseñaba a nuevas generaciones a ejecutarla.
Esa fue la puerta de entrada para que a sus 8 años de edad Soledad desempeñara el papel de la Malinche, una de las dos mujeres que tienen autorizado bailar entre dos columnas de hombres.
La Danza de la Pluma cobró notoriedad al ser el sello para cerrar las presentaciones de las delegaciones oaxaqueñas en la Guelaguetza, pero en Valles Centrales es un baile que engalana fiestas o mayordomías.
Antes de la conquista española, la Danza de la Pluma se ejecutaba al ritmo de música de flautas y tambores para recrear la confrontación de los guerreros mixtecos y zapotecos.
En el proceso de evangelización que prosiguió a la Conquista, los frailes dominicos modificaron la música y la historia para que simulara el encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma.
Otra versión de la Danza de la Pluma se ejecuta con representaciones de Moctezuma, teotiles, reyes aliados y capitanes guardianes.
“La Danza de la Pluma cada vez es más breve”, reconoce Soledad, quien sabe bien que la vestimenta que se basa en manta y tiene ornamentos alusivos a la sacralidad, pero sobre todo, el penacho, no ha perdido majestuosidad.
“Mi papá fue danzante de la pluma y me hizo bailar desde chica. También enseñaba y si faltaba una, me ponía a mí”, recuerda entre risas nostálgicas porque además de hurgar en el pasado es hablar de personas que dejaron de existir, como su hermano Teodulo.
Trabajos especiales
Sin cita previa, Soledad recibe a quien quiera saber sobre su labor, integrada en el libro Somos Oaxaca, retratos de vidas, artes y oficios que integró Richard Keis.
Su hijo Elfego trae a Soledad un álbum fotográfico que resume su infancia, como la foto donde aparece con su mamá Francisca y su hermano Teodulo, quien como ella aprendió a hacer penachos, pero quien falleció el siglo pasado.
Cuando Soledad se casó con Andrés Francisco López Valentín, ella le enseñó a hacer penachos y entre ambos han elaborado los que se utilizan en una presentación de la Guelaguetza, se obsequian a un político destacado o se llevan a otra parte del mundo o coronan la imagen de un Niño Dios.
El valor de cada penacho depende del tamaño, tiempo de elaboración y los detalles que lo adornan, porque se solicitan para bailables de preescolar, primaria o personas adultas.
“Se diseña con la figura y los colores deseados”, dice al mostrar fotografías que cuelgan en la pared de su patio, donde existen penachos alusivos a equipos de fútbol como Brasil”, pero ella recuerda también peticiones alusivas al Cruz Azul o con la palabra "oaxaco".
La hechura
El primer paso de un pedido es saber el diámetro de la cabeza de quien portara el penacho, para pedir la corona de hojalata con el diseño solicitado.
Esa corona sirve de base para elaborar la estructura de carrizo, a manera de un medio círculo donde se colocan las varillas con las plumas en un extremo hasta terminar de cubrirlo en su totalidad.
Una vez terminado el penacho, la altura puede ser desde 45 centímetros a un metro con 15 centímetros.
“Tan sólo en la parte de atrás van 17 o 18 varillas y en cada una hay 80 o 85 plumas” de aves que tras teñir se guardan en canastos de carrizo para protegerlas del sol y la humedad.
“Llevo más de 50 años haciendo penachos. Sé tejer todo tipo de plumas como las de pavorreal”, dice orgullosa una mujer que sabe que su trabajo no tiene un periodo del año más solicitado y con la garantía de que una vez que lo portan, “por la hechura que le damos acá, pesa menos”, concluyó.
En dónde se ejecuta la Danza de la Pluma:
- Villa de Zaachila
- San Bartolo Coyotepec
- Cuilapam de Guerrero
- Zimatlán de Álvarez
- Teotitlán del Valle
- Santo Tomás Jalietza
- San Jerónimo Tlacochahuaya
