Víctor Raúl Martínez Vásquez
Continúa abierta al público la exposición “Libros peculiares: joyas bibliográficas de la Biblioteca Francisco de Burgoa”, inaugurada en el mes de mayo con motivo del 30 aniversario de ésta, en el Centro Cultural Santo Domingo.
Recientemente tuvo lugar, también en el zócalo de la ciudad capital, la 44 edición de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca. Ambos sucesos están vinculados por los libros, a cuyo comentario dedicaremos esta columna; en el primero, se trata de una exposición de libros antiguos, en el segundo, de libros más recientes, varios de los cuales adquirimos en la feria del libro.
Sobre la exposición en la Burgoa, que recomendamos ampliamente, encontramos, en primer lugar, uno de los incunables que posee la misma (del latín “in cunae”, “en la cuna”, es decir, libros del siglo XV), justamente en la cuna de la imprenta de tipos móviles que fue desarrollada por Johannes Gutemberg en la década de 1450. Se trata de un libro de derecho canónico, es decir, que regula la conducta de los miembros de la iglesia (católica en este caso), su título es “Canon…”, de Jacobus de Zuchis, fechado el 28 de julio de 1573, impreso por Bartholomeaus de Valdezoccho y Martino de Septem Arboribus.
Los libros del siglo XV obviamente están impresos en Europa donde, a partir de la imprenta, se crearon diversos talleres en Madrid, Venecia y otros lugares en los cuales fue fundamental el trabajo de los maestros impresores, por lo que en ellos se registran sus nombres. Para el siglo XVI en territorio español se contabilizaron 30 imprentas, una de ellas fue la del alemán Jacobo Cromberger, radicado en España, quien desde principios de dicho siglo inició sus impresiones; en la exposición podemos ver el libro de lógica de Pedro Hispano, que publicó en 1503 y que fue utilizado desde el siglo XIII hasta el XVII. La obra de Cromberger como impresor sería continuada por su hijo Juan y su nieto Jacome.
Es importante dicho taller para nosotros porque en 1539, de su imprenta salió Juan Pablos de Brescia, quien es reconocido como el primer impresor en nuestras tierras y en las de América en general. Los primeros libros impresos por Juan Pablos fueron religiosos, como es el caso de las “Epístolas de San Jerónimo” publicado en 1541.
El segundo impresor en nuestro territorio y en América, fue Antonio de Espinoza, quien en 1558 logró que se derogara el monopolio que tenía Juan Pablos en las impresiones. En la exposición podemos apreciar unas bellas páginas con notaciones musicales salidas de la imprenta de Espinoza. El tercer impresor reconocido por la autoridad del Rey fue Pedro Ocharte, nativo de Rouen, Francia, yerno de Juan Pablos, casado con su hija, y quien adquirió la imprenta, a la muerte de éste.
En el siglo XVI, estando ya en pleno Renacimiento, se empiezan a ver en Europa libros de artes, ciencias, cultura general, aunque obviamente persisten las publicaciones religiosas. En esta exposición se pueden apreciar libros sobre muy distintos tópicos: aves, medicina, escritura, filosofía, música, gimnasia, historia, numismática, veterinaria, magia, teología, flora, fauna.
Sobre aves encontramos el libro de Andrés Ferrer de Valdecebros que se refiere a las virtudes de aquellas, entre éstas, del Ave Fénix, a la que describe como una enorme águila que vive hasta 500 años y a la que usa como metáfora de la resurrección: “No puede morir mal, quien vive bien”, dice el autor. En el mito, el ave resucita después de su muerte.
De medicina se encuentra el libro de Padacio Dioscórides Anarzabeo, médico griego del siglo primero, titulado “Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos”, que se mantuvo vigente durante varios siglos. En la Burgoa se encuentran tres ediciones de este libro, la última, que se acompaña de grabados, es del siglo XVIII.
Sobre escritura podemos ver “El maestro de escrivir (sic), la Theoría y la práctica para aprender y para enseñar este utilissimo arte…” de Lorenzo Ortiz, publicado en Venecia en 1696.
De filosofía se halla una obra que influyó mucho en las universidades europeas y en América, es la de Gregor Reich, cuya primera edición es de 1503, la que se encuentra en la Burgoa es de 1535. En este texto se divide el conocimiento en Trivum (lógica, retórica y gramática) y Cuadrivium (aritmética, música, geometría y astronomía). En el Instituto de Ciencias y Artes del estado de Oaxaca se siguió aplicando esta clasificación aun en el siglo XIX.
De música encontramos, entre otros, “Luz y norte musical para caminar por las cifras de la guitarra española y arpa, tañer y cantar a compás por canto de órgano” de Lucas Ruiz de Ribayaz publicado por Melchor Álvarez en Madrid en 1677.
De gimnasia hay, “De arte Gimnástica” de Jerónimo Mercurial, un médico italiano que refleja el interés, durante el renacimiento, del cuidado del cuerpo, con base en las enseñanzas de la cultura grecorromana. Hay que recordar aquí las esculturas de Miguel Ángel. como la dedicada a Moisés. El objetivo: tener un cuerpo fuerte y sano.
De historia se encuentran las Cartas de Cayo Plinio Segundo, entre ellas, la correspondencia con el emperador Trajano. Las Cartas son relativas “a la vida, la organización social y las instituciones de Roma” a finales del siglo primero y principios del segundo siglo de nuestra era. Otros libros interesantes son el de Guillaume Bude sobre numismática, impreso en 1516, a dos tintas (roja y negra), como las hojas de Antonio de Espinoza, lo que da mayor belleza, así como el de Martín Arredondo sobre la medicina árabe dedicada a los caballos, actividad que se conoce como Albaytería, palabra de origen árabe, fue publicado en Madrid en 1705 y se considera uno de los primeros trabajos de medicina veterinaria.
En nuestro territorio y en América, la vigilancia de la inquisición no dejó tanta libertad más que para obras religiosas, así podemos ver en esta exposición la “Teología” de Payo de Ribera publicada en Guatemala por el primer impresor que hubo por allá, de origen mexicano, José de Pineda Ibarra. Se encuentra también a la vista un panegírico religioso dedicado a la festividad anual de la orden dominica de la que fue padre “prior” (director), Fray Francisco de Burgoa. También se puede ver en la exposición “El sermón fúnebre dedicado a la madre Jacinta”, del Convento de Santa Catarina de Siena; es el primer impreso publicado en tierras oaxaqueña, en 1720, por la autorización de que gozó en ese momento doña Francisca Flores. Se trata de una exposición imperdible para los bibliófilos oaxaqueños y para quienes no lo son.
