Joel Bulnes
Haré un par de aclaraciones que me parecen pertinentes antes de comenzar este artículo. No soy músico. No me fue dado el precioso don de expresarme a través de la música y, como se dice vulgarmente, tengo “oído de picapedrero”. Tampoco me considero un melómano empedernido. Me gusta, eso sí, escuchar algo de música clásica en los ratos perdidos.
¿Por qué —se preguntarán ustedes con razón—, hablaré sobre este tema? Bueno, en primer lugar, me interesa el arte en general y ninguna de sus manifestaciones me es indiferente.
Por otro lado, quizá no esté de más agregar que, por años, he tenido una relación cercana con el mundo de las artes escénicas, en particular con el teatro. Y me parece que entre la dirección de un grupo de actores y la dirección de una orquesta, hay muchos aspectos en común. Y todavía podríamos ir más lejos afirmando que un director es un director, y su labor, en cualquiera que sea su ámbito o especialidad, es más o menos la misma. Pero limitémonos a la música.
Empecemos por tratar de responder la siguiente pregunta: ¿en qué consiste el trabajo del director de una orquesta? Un director guía a los músicos, evita que se desboquen o los alienta a dar más. También intenta que se expresen coordinadamente y como una unidad. Esto durante un concierto, pero su trabajo está, sobre todo, antes de que la orquesta se presente frente al público, en los largos y a veces extenuantes ensayos de seis horas o más. Es ahí donde desarrolla junto con los músicos su idea de la música que van a interpretar. Para ello, el director contextualiza la obra y, en general, intenta facilitar el trabajo de los músicos.
Hay que recordar que un director no es necesariamente el mejor músico. A menudo no lo es. No es necesario que lo sea. Lo que da a alguien la posibilidad de subir a un podio es, como ocurre en cualquier otro ámbito de la vida, una reconocida y demostrada capacidad para poder guiar a un grupo, para inspirarlo, para sacar lo mejor de cada uno de sus miembros y de todo el conjunto. ¿Cómo hacer esto?
En el pasado, lo habitual era que se hiciera por imposición, mediante gritos, por golpe de autoridad. La historia de la música está llena de directores tristemente célebres por su tiranía. Sin embargo, hoy en día, en una sociedad que valora la igualdad, resulta difícil que una orquesta de músicos talentosos y educados acepten a un tirano desequilibrado.
Curiosamente, en español nos referimos con toda naturalidad a quien dirige una orquesta como “director” o, en su caso, “directora”, una palabra ambigua que puede designar a quien “guía” o “dirige”, pero también a quien se encuentra en el punto más alto de una jerarquía.
En todas las oficinas hay directores. En inglés, por otro lado, se usa la palabra “conductor”, que es una palabra igualmente ambigua, pero sin duda más modesta, pues “conductor”, en inglés, puede hacer referencia tanto al chofer de un autobús como al director de una prestigiosa orquesta. Sin embargo, en ambos casos, tanto en español como en inglés, se trata de alguien que guía o que orienta.
Continuará el sábado…
Semblanza
Joel Bulnes. Articulista, dramaturgo y titiritero oaxaqueño. Ha escrito varias obras de teatro entre las que destacan Veneno de broma y La terrible tragedia del Emperador Maximiliano de Habsburgo. Es autor del libro Teatro breve y conversaciones crueles (Seculta, 2016).
