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Lecturas para la Vida: Niños y territorios

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo

Cuando pensé en realizar la Brigada ¿Quién dice Psi?, no imaginé la gran cantidad de bellas experiencias que me dejaría. Una de ellas fue cuando recibí el cariño de los alumnos de la Escuela Primaria Benito Juárez de Santa María Ecatepec.

En ese entonces no había trabajado con tantos niños juntos, fue todo un reto hablarles desde una visión psicoanalítica sobre el cuidado de su vida psíquica. En el primer encuentro, el sorprendido fui yo. Los niños se divirtieron durante las dos horas que duró la charla, creo que nadie les había hablado de esa manera. Desde aquel día, la directora nos expresaba la emoción con que los niños esperaban nuestro regreso.

Cuando le comenté a mi hermana Rosario (profesora de educación especial, actriz y directora de teatro) sobre las actividades que realizábamos con los niños, me compartió algunas técnicas grupales que ella aprendió en su recorrido profesional, una de ellas llamada “Territorios”, muy conveniente para el conflicto que enfrentaba la población en ese entonces.

Después de aquella primera charla, al regreso, iniciamos con dicha actividad que tiene como propósito que los niños tomen conciencia de la importancia de reconocer el espacio del otro, el respeto y el compartir; para así lograr un bien común.

Usamos gises y crayolas, algunos niños al realizar los trazos, mostraban miedo por romperlos; conforme avanzó la actividad ellos se mostraron más relajados. Al inicio no faltó el pequeño que delataba a quien rompía el gis o la crayola, lo que aproveché para recordarles nuestra primera charla, donde les indiqué que no se fijaran en ello, pues ese sería el destino de algunos de los materiales, que no olvidaran que quienes los utilizaban eran niños; que aún estaban aprendiendo a dominar su cuerpo y su fuerza.

Por otro lado, los insté a que perdieran un poco la severidad con que juzgan a sus compañeros, y a ellos mismos, por aquello que es propio de su edad; dado que tenían poco tiempo de habitar este mundo, lo que hacía que cometieran errores y que su aprendizaje iría en aumento de manera paulatina. Les recalqué que a esa edad están a merced de los adultos y que son ellos, los niños, quienes pueden extenderse la mano para apoyarse.

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