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Lecturas para la Vida: Un maestro, un amigo y un amor: las cartas de Camus | Primera de cuatro partes

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Mónica Ortiz Sampablo

En el universo personal se tejen infinidad de relaciones; al inicio, sólo la familia forma nuestra galaxia, pero poco a poco se va enriqueciendo; amigos, amores, maestros se vuelven parte de nuestro cosmos. 

¿Quién no ha experimentado la necesidad de dar gracias, (más allá del plano familiar) a un maestro, tal vez a ese personaje que puso la vista sobre nosotros y miró más allá cuando el mundo entero no apostaba cinco centavos a nuestra capacidad?

Es por ello que cuando termina un ciclo, cuando llega un triunfo o un reconocimiento, resulta inevitable traer a la mente a quienes nos forjaron, nos acompañaron y creyeron en nosotros.

Es por ello que la emoción llama al papel y con pluma certera, el corazón cargado, la mente despejada y el recuerdo palpitante, escribimos la carta que convoca a la vivencia y la materializa. 

El 10 de diciembre de 1957 en Estocolmo, Albert Camus, novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés recibe el Premio Nobel de Literatura; al poco tiempo escribe una carta a su maestro de primaria. 

Es importante mencionar que Louis Germain, no sólo le animó y preparó para ingresar a la escuela secundaria; también se dio a la tarea de convencer a su abuela para que le permitiera continuar sus estudios. He aquí la carta.
 

Querido señor Germain:

He esperado a que se apagase un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

Le mando un abrazo de todo corazón.

Albert Camus.

En estas líneas, está la forma más clara de agradecimiento; la pureza de su palabra es ejemplo para no olvidar que en las páginas de nuestra vida están las huellas de grandes maestros.

Continuará el próximo miércoles…

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