Armando L. G, señalado por el asesinato de Estela Rojas Peña, fue sentenciado a sólo ocho años de cárcel.
“Tristeza y rabia es los que tengo en mi corazón, pero esto no para aquí, seguiré luchando hasta que la voz de mi hermana, que es mi voz, sea escuchada. Sólo pido justicia para Estela”, señaló Elizabeth Rojas Peña.
Para la familia, la sentencia otorgada por el juez Armando Plácido González Blanco es incomprensible porque desde el inicio del proceso quedaron acreditadas las agravantes.
“No es posible que el juez al resolver la causa no tome en cuenta esos elementos de convicción y prueba y con argumentos que no los desestima, se atreva a dictar la resolución en los términos en los que lo hizo, o sea como homicidio simple con autoría indeterminada”, destacó.
Con todos los elementos presentados y las circunstancias en las que se dio el asesinato de Estela -apuntó-, la sentencia tuvo que haber sido por homicidio calificado con ventaja porque así quedó probado en el expediente por la fiscalía y por las pruebas que se presentaron por parte de la defensa de Estela Rojas.
“Como familia vamos a seguir luchando, ahora no sólo contra Armando y Joel, también contra el juez y quienes se encargan de dar resoluciones sin sentido con una justificación vaga”, apuntó.
En su resolución -expuso- el juez consideró homicidio simple con autoría indeterminada porque se desconoce quien de los dos implicados fue el responsable material, sin embargo, las pruebas dicen claramente que ellos fueron, uno como autor material y otro como cómplice.
“Con este tipo de fallos el tribunal nos grita que podemos asesinar y en ocho años salir de la cárcel como si nada. Es una tristeza y rabia tener que luchar casi por cuatro años y concluya en esto. Lo que sigue es la apelación, llegaremos hasta donde la ley lo permita, ojalá la sala que analice esta causa sea más objetivo que el señor juez”, destacó.
El 27 de noviembre de 2019 Estela Rojas Peña acudió a un restaurante en el municipio de Santa María El Tule, a unos kilómetros de la capital oaxaqueña para reunirse con Armando N. y tratar asuntos de trabajo.
El 28 de noviembre su familia la reportó como desaparecida. Un día después, el 29 de noviembre, su camioneta fue hallada y más tarde, a varios kilómetros de ese lugar, encontraron el cuerpo sin vida de Estela en un terreno baldío.
Durante el proceso de investigación, Armando N. falseó información respecto a la última vez y lugar donde vio a Estela. Las imágenes de videovigilancia desmintieron sus declaraciones.
“Homicidio simple”
Tras lo anterior decidió darse a la fuga y mantenerse oculto.
Fue un trabajo de coordinación entre colectivas feministas de Oaxaca y Quintana Roo que el agresor fue localizado y detenido por las autoridades.
Estela fue asesinada con violencia, y debido a la enfermedad degenerativa que le limitaba el movimiento y la fuerza no pudo defenderse. Aun así, un juez de Oaxaca consideró que su muerte fue un homicidio simple.
