Es fácil entender la complejidad para aterrizar inversiones significativas en el estado, cuando escuchamos el discurso de Mariano Rosales, propietario del predio donde se construye el hotel Grand Fiesta Americana y principal inversor del proyecto, quien explica que le tomó siete años obtener los permisos para iniciar la edificación que significará una inversión superior a los 500 millones de pesos.
Primero el Municipio, luego los trámites con el Instituto Nacional de Antropología e Historia, de nuevo el Municipio, luego la exploración de arqueólogos a quienes les tomó un año y medio establecer que en el terreno no había edificios o vestigios de valor histórico. Cuando todo este kilométrico rosario de requisitos, formularios y vueltas en ventanillas burocráticas parecía terminar, los encargados de la obra se toparon con otro detalle fuera de presupuesto: lidiar con las organizaciones sociales.
Durante poco más de un día, los trabajos en la obra estuvieron detenidos pues el Sindicato Libertad plantó dos docenas de camiones de volteo en los accesos para exigir su tajada, una parte para ellos, que cuando no les toca arrebatan.
La apuesta no se detuvo, el empresario insistió, pasaron dos gobernadores, tres presidente municipales, y ahora el proyecto se cristaliza, aunque será una realidad dentro de 18 meses.
El discurso apuesta por la reactivación económica, Mariano Rosales explica que la clave está en incrementar el consumo interno para catalizar la inversión y flujo de capital en Oaxaca, aunque su apuesta de inversión, la del nuevo hotel, apunta hacia el mercado externo y va a la caza de turistas, pero no sólo por los viajeros sino por aquellos visitantes que se decantan por el hospedaje de lujo, pues esta marca del Grupo Posadas está por arriba de la clasificación cinco estrellas.
Generar más de 200 puestos de trabajo directos, es una de la grandes apuestas de este proyecto pero la gran mayoría de ellos serán como afanador, bellboy o recepcionista, demás de meseras, cocineras y todo el staff que se encarga del trabajo pesado de un hotel de esta envergadura, trabajos con percepciones salariales bajas que oscilan entre los cinco y ocho mil pesos mensuales.
Al buscar una explicación sobre el vínculo de pobreza laboral y las nuevas ofertas de empleo con este tipo de proyectos, el secretario de Economía, Jesús Rodríguez Socorro, no titubea pero menos clarifica; ofrecen una minicátedra difusa en la que asegura que en la medida en la que aterricen más inversiones, se generará más empleo, y mientras más trabajos, los sueldos crecerán “por naturaleza”.
