CIUDAD DE MÉXICO.- Orlando Anaya tenía 18 años cuando comenzó a limpiar la basura de las playas de Tijuana él solo, cada domingo. Estaba enojado y cansado de la indiferencia de la gente ante la gran cantidad de plásticos que dejaban ir hacia el océano.
Con esa convicción de querer "limpiar el mundo" logró aglutinar a decenas de miles de jóvenes en su proyecto ambientalista Kilómetro Uno, y hoy se encuentra realizando estudios de maestría en la Universidad de Oxford con la Beca Chevening del Gobierno de Reino Unido.
"Yo estaba muy contento", cuenta, al recordar que el mismo día en que recibió su carta de aceptación en Oxford para la maestría Enviromental Change and Management (Cambio y Gestión Ambiental), también tenía la entrevista con Chevening.
"Y lo que me da más gusto es saber que por algo que inicié por pasión y por querer dejar este planeta mejor que como lo encontramos, pues me gané una beca completa y una aceptación a Oxford".
A tres meses de concluir sus estudios, se siente con todos los ánimos de regresar a México a aplicar todo lo aprendido, y, sobre todo, incrementar la incidencia en las políticas públicas del estado y del País para lograr cambios para la preservación del medio ambiente.
"Voy muy preparado, siendo más crítico también de las soluciones que te presenten; saber que no todo es blanco y negro, que no es perfecto, que siempre que se implemente algo, puedes afectar a más personas o a otros rubros", explica Anaya.
"También (me gustaría) tratar de meternos un poco más ya en el tema de cambio climático a nivel nacional y tratar de liderar la conversación ahí para una transición energética, o una migración a una economía de cero emisiones, que es lo que tenemos que hacer realmente para enfrentar el cambio climático".
Su proyecto
Kilómetro Uno es un proyecto ambientalista que ha impactado a 120 mil jóvenes de México, Centroamérica y el sur de California, que han ayudado a remover más de 90 toneladas de desechos del Pacífico y el Caribe.
"Todo inició en los primeros años que yo empezaba a surfear, en el 2012 (...). Un día iba caminando por la orilla de la playa, (y aunque) siempre había visto la playa sucia, ese día vi a una señora que se le atoró una bolsa (de plástico) en la pierna, ella simplemente la pateó y la bolsa se fue directamente hacia las olas (...), fue eso lo que me hizo cambiar. Fui por esa misma bolsa de plástico y empecé a recoger la basura", comenta el joven.
"Al día siguiente, hago una página llamada Kilómetro Uno, y empiezo a ir a la playa cada fin de semana, a tomar fotos, empiezo a subir noticias de qué está pasando en otras partes del mundo (...). Tres meses después, hago la primera limpieza en la playa con la universidad y prepa más grande de Tijuana (...). Así inició el proyecto".
Una buena parte de las más de 90 toneladas de desechos que han logrado remover a la fecha, explica, han sido reciclados. En los tiempos de la pandemia de Covid-19, dice, se aliaron con otras organizaciones locales para, con los plásticos recogidos del mar, fabricar caretas que fueron donadas al personal médico del país.
No obstante, señala que otra parte de la basura es imposible de reciclar, debido a que contiene demasiada arena, agua o sal por tantos años bajo el agua.
Con un equipo central de apenas cuatro personas, el trabajo del colectivo incluye, además, consultorías para organismos internacionales, como con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, con el que han realizado talleres de educación ambiental por toda la República, así como colaboración directa con la Comisión para la Cooperación Ambiental, un organismo que involucra a México, EU y Canadá, con el que han realizado proyectos de monitoreo de residuos de basura marina en las costas de Rosarito Tijuana y San Diego.
Entre otras actividades, KM1 ha realizado conferencias sobre el cuidado de los océanos desde Centroamérica hasta Taiwán, y la organización, que ha sido inspiración para cada vez más jóvenes, ha sido reconocida como líderes juveniles por el océano a nivel global.
"Un día iba caminando por la orilla de la playa... ese día vi a una señora que se le atoró una bolsa (de plástico) en la pierna, ella simplemente la pateó y la bolsa se fue directamente hacia las olas. Fui por esa misma bolsa de plástico y empecé a recoger la basura".
Orlando Anaya, ambientalista
