La frecuencia de los asesinatos de mujeres llegó a un nivel increíble. Tan sólo en los primeros 13 días de septiembre, ocho mujeres fueron privadas de la vida; en tres casos el feminicida fue la pareja y en uno el hijo. Justificar la violencia familiar ha derivado en feminicidios señaló Angélica Ayala Ortiz, presidenta del Grupo de Estudios Sobre la Mujer Rosario Castellanos (GESMujer).
“Demandar acciones contundentes contra la violencia familiar, que puede derivar en violencia feminicida, implica dejar de normalizar, justificar y minimizar las acciones de violencia, cada mujer víctima de feminicidio a manos de su pareja, ex pareja, padre, hijo, novio o ex novio ha enfrentado otros episodios, es decir había señales de una violencia que las colocaba en riesgo de muerte”.
En los recientes feminicidios, en el Istmo, la Costa y el Papaloapam, los agresores han sido la pareja y el hijo, los hechos muy probablemente conocidos o presenciados por la familia, vecinas, vecinos, por la propia comunidad, apuntó la activista feminista.
Lo más lamentable -abundó- es pensar que la violencia hacia las niñas y mujeres es inevitable o que al solicitar la presencia de la policía ésta no acuda por tratarse de “problemas de pareja o familiares” o que ante la denuncia no se dé credibilidad a la víctima.
La violencia feminicida da señales, puede prevenirse, por lo que es necesario poner fin a la cultura del silencio y que las instituciones actúen atendiendo a las víctimas, así como a las sobrevivientes de la violencia, indicó.
“El caso de la mujer de San Juan Copala, víctima de tentativa de feminicidio por parte de su pareja, quien tiene graves quemaduras en más del 60 por ciento de su cuerpo, requiere de toda la atención médica, psicológica y legal ante un hecho que pudo prevenirse”, enfatizó.
Frente al nivel de violencia misógina y machista que ejercen los agresores sobre las mujeres -agregó- es urgente impulsar acciones preventivas a través de campañas de sensibilización y de capacitación sobre formas de expresar su masculinidad de manera no violenta; a nivel re educativo son necesarias Intervenciones socio educativas individuales y grupales y finalmente la sanción con la aplicación de la ley frente a una violencia familiar que deriva en violencia feminicida.
Precisó que, de acuerdo con el monitoreo de violencia feminicida, 688 niñas y mujeres han sido asesinadas de manera violenta durante la actual administración, “la de mayor número de víctimas en los últimos 20 años”.
“Tan grave es la situación que en el 2018 se emitió la alerta por violencia de género en 40 municipios oaxaqueños, sin embargo desde que se declaró la emergencia la falta de una adecuada aplicación del mecanismo ha dejado 473 víctimas, 106 en lo que va del año de las cuales el 69% de todos los casos se concentra en tres regiones, 28% en el Istmo, 27% en la Costa y el 14% en Valles Centrales”, precisó.
“El caso de la mujer de San Juan Copala, víctima de tentativa de feminicidio por parte de su pareja, quien tiene graves quemaduras en más del 60 por ciento de su cuerpo, requiere de toda la atención médica, psicológica y legal".
Angélica Ayala Ortiz - Presidenta de GESMujer
