Es uno de los asesinos seriales más prolíficos en la historia de México. También es uno de los menos conocidos. Nació en la ciudad de Cuernavaca, capital de Morelos, en 1964. Pero hasta la fecha poco se sabe de su vida. Fernando Hernández Leyva es casi un misterio.
¿Quién fue Fernando Hernández Leyva?
A diferencia de otros criminales, sobre Fernando Hernández Leyva se desconocen muchas cosas. Se sabe que nació en Cuernavaca, Morelos en 1964; que le gustaba viajar a diferentes estados del centro de la República Mexicana y que la justicia lo detuvo por primera vez en 1986, al creerlo sospechoso de una serie de asesinatos que habían consternado a la nación.
Sin embargo, es en los espacios vacíos de su vida donde se ubica el origen de su mito. Por ejemplo, nunca se ha hecho pública la historia familiar de Hernández Leyva, ni el modus operandi con el que actuaba y mucho menos las razones que lo llevaron a ser perseguido. De hecho, el nombre del criminal también conocido como “Pancho López” se hizo popular después de que él mismo reconoció haber terminado con la vida de casi 100 personas, en lugar de las 33 que las autoridades le habían atribuido.
Lo que sucedió después fue insólito: el hombre que se había confesado como el asesino serial más prolífico de la historia de México cavó un túnel en su celda y escapó de la cárcel. Sin pistas, ni mayores referencias sobre su identidad, la policía tuvo que esperar a que Hernández Leyva cometiera un error. Y así lo hizo.
Solamente con 22 años, fue condenado por 33 cargos de homicidio perpetrados en cinco entidades federativas del país. Era un criminal motivado por el interés: organizado, hedonista, y nómada.
Se desconocen con exactitud las condiciones de su infancia, el contexto en el que creció y qué lo llevó o motivó a matar.
Durante un periodo de 13 años fue arrestado en dos ocasiones, y en ambas logró escapar de su celda. La primera lo logró cavando un túnel en una pared.
La última vez que fue arrestado fue en el año de 1999, pero en esa ocasión no pretendió huir. Fernando Hernández Leyva intentó suicidarse colgándose en prisión: no lo logró porque, señalan distintas versiones, su peso provocó que la cuerda se rompiera. Por la caída sufrió de heridas menores.
Dentro de la cárcel, una evaluación psicológica concluyó que el asesino serial tenía una personalidad psicopática y que mataba porque lo disfrutaba y le satisfacía.
Cuando las autoridades declararon y la prensa difundió que habían capturado a una persona que afirmaba haber asesinado a más de 100 personas, hubo varios escépticos entre la población porque no existía un registro de la mayoría de los presuntos homicidios, señaló Jeff Mariotte en su libro Criminal Minds: Sociopaths, Serial Killers, and Other Deviants.
No obstante, poco a poco comenzaron a salir a la luz más detalles sobre su historia. Hernández Leyva había sido arrestado por primera vez en 1982 pero escapó de su custodia hasta ser definitivamente capturado en 1999.
La prensa le apodó Pancho López. Aunque el video de la transmisión no puede encontrarse en internet, reportes afirman que el asesino seria apareció frente a cámaras de televisión, donde confesó haber matado a más de 100 personas y haber secuestrado a seis.
Distintos medios difieren en cuántos estados de México perpetró sus crímenes: algunos informan que fueron cuatro y otros cinco. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, respondió que “los había asesinado a todos porque tenía que hacerlo. No sabía hacer otra cosa”.
En su juicio fue acusado, junto con otros tres presuntos cómplices, de varios cargos por los delitos de robo y secuestro, además de los 137 homicidios que al final se le atribuyeron.
Según las autoridades mexicanas, los crímenes fueron cometidos a lo largo de diversos años en las entidades federativas de Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Colima y Morelos.
Poco después de que inició su proceso judicial, Pancho López se retractó de sus declaraciones y dijo que los guardias y detectives lo habían golpeado para que confesara, y que también amenazaron que violarían y abusarían sexualmente a su esposa si no admitía que era culpable de todos los asesinatos.
Sin embargo, sí aceptó haber matado a un policía y haber secuestrado a un periodista. La administración de ese entonces no comentó sobre el testimonio.
Fernando Hernández Leyva fue trasladado a un reclusorio en Morelos, el estado que lo vio nacer, esposado y con un chaleco antibalas. Manifestaciones y protestas se detonaron: ciudadanos que querían hacer justicia con sus propias manos.
De acuerdo con la Associated Press, docenas de patrullas policiacas protegieron al custodio mientras que decenas de familiares de las víctimas “pedían su sangre”. El caso dividió a los ciudadanos de Cuernavaca, y de todo el país, sobre la pena de muerte, prohibida hasta hoy en día en México.
“Lo queremos linchar”, dijo Joel Uribe Landa a AP. Era uno de las 50 personas reunidas en las inmediaciones de la Fiscalía General del Estado de Morelos, donde agentes de seguridad llevaron a Pancho López para que fuera cuestionado antes de trasladarlo a la cárcel. Uribe afirmaba que él había asesinado a su hermano y a su primo.
Como había logrado escapar en dos ocasiones, los guardias lo colocaron en un módulo de máxima seguridad y con varios guardias vigilándolo. José Leonardo Castillo Pombo, procurador en ese entonces, declaró que solamente unos días después de que iniciaran las investigaciones, el número de víctimas atribuidas a Pancho López creció exponencialmente, reportó Notimex en ese entonces.
“Si el país está legalmente preparado para aplicarla, los mexicanos deberían someter un referéndum para que la opinión pública pueda decidir”, dijo Castillo Pombo a AP en 1999.
“Espero que te mueras por matar a mis padres. Dios te va a obligar a escuchar sus voces para siempre”, le gritó la manifestante Nanci Flores Montiel.
Espectacular detención
Aprovechándose de su libertad, Francisco Hernández Leyva continuó con su carrera criminal. Su suerte terminó la noche en que la policía lo siguió hasta una colonia acomodada de Guadalajara después de haber robado una camioneta. Tras atrincherarse en una casa, Hernández Leyva pidió la intervención de los medios de comunicación. Especialmente la del reportero Carlos Cabello Wallace de Televisa, quien fungió como testigo de las negociaciones.
Después de 7 horas bajo el asedio de la policía, “Pancho López” tomó un vehículo e intentó escapar con el periodista. Sus planes se vieron interrumpidos por la hábil respuesta de la policía y finalmente fue aprehendido.
Horas más tarde, el asesino que había logrado mantenerse prófugo de la justicia por años, fue presentado ante las cámaras de televisión. Según reportes de la prensa, el hombre se sinceró y afirmó que había cometido todos y cada uno de sus crímenes por placer, porque “tenía que hacerlo” y “no sabía hacer otra cosa”.
¿Qué pasó con Francisco Hernández Leyva?
Poco después de haber sido detenido por segunda vez, Francisco Hernández Leyva fue ingresado en un reclusorio de su natal Morelos. Entre los múltiples crímenes que se le habían dictado en juicio figuraban robo, secuestro y 137 homicidios en Colima, Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Morelos.
Durante los primeros años de su condena, Hernández Leyva intentó retractarse y aseguró que guardias y policías judiciales le habían obligado a confesar los crímenes bajo la amenaza de que lo golpearían y abusarían sexualmente de su esposa. Los dichos del asesino nunca fueron aceptados y expertos psicológicos aseguraron que estos fueron provocados por los “instintos psicópatas”.
En 1999, días después de intentar suicidarse en su celda, Francisco Hernández Leyva fue trasladado al Centro de Readaptación Social (Cefereso) Número 1 “El Altiplano”, la cárcel de mayor seguridad en el país. Desde entonces habita una de sus celdas, en donde cumplirá lo que resta de su condena de 60 años. De sobrevivir, el asesino serial más prolífico de México tendría 84 años cuando vuelva a ser un hombre libre.
