Agencia Reforma
CIUDAD DE MÉXICO.- Hace poco más de dos años se confirmó en la Ciudad de México el primer contagio oficial de COVID-19, pero lo que más recuerda el personal de Salud son sus primeros casos.
Para Irma Ramírez, enfermera pediatra de la Secretaría de Salud capitalina, el suyo fue días después del oficial y la tomó justo al volver de vacaciones.
Había escuchado que había un virus y que debían ser cuidadosos, pero entendió su magnitud hasta que encontró a sus colegas con cubrebocas permanentemente.
Y le quedó clara la agresividad cuando al hospital llegó el primer niño sin poder respirar.
"Fue algo impactante, ver diferente todo el hospital, no poder saludarte ni de mano, pensar que era un nuevo virus mortal, pero pensaba que esa era mi profesión, la carrera que elegí y para la que me he preparado durante tantos años", cuenta.
Al inicio de la emergencia, recuerda, las crisis nerviosas eran constantes; algunas compañeras renunciaron y la intentaban convencer de hacer lo mismo y otras aceleraron sus jubilaciones. No fue fácil decidir mantenerse, sobre todo porque padece diabetes.
"Pensé bien y dije: 'afuera va a haber miles de enfermos y contagios, todavía si me contagio aquí y hasta si me muero, puedo dejar más protegidos a mi esposo y mis hijitos, tuve que resistir", explica.
Tampoco fue fácil seguir luego de la muerte de su mamá... justo por coronavirus.
"Fue lo peor de la vida, emocionalmente y físicamente, hasta me dio parálisis durante la pandemia, pero me repuse y me sigo cuidando mucho porque esto no se ha acabado", asegura.
"Yo entré en la frustración"
María de Lourdes Hernández, también de la Sedesa, recuerda que su primer caso atendido fue de un hombre joven, cuando todavía improvisaban las instalaciones y ella dejaba el área de cirugía general.
"Era incertidumbre y a la vez un poquito de miedo. Sí nos llegó el impacto de que ya había un paciente, pero todavía no teníamos la idea de a lo que nos íbamos a enfrentar después", explica.
Desde entonces no ha dado marcha atrás.
"Yo entré en la frustración, decía: 'no es posible que uno se esté arriesgando aquí y ellos no entiendan' y lo ves en la vida diaria que les dicen pónganse el cubrebocas, cúbranse, hay gente que no entiende y me costó mucho trabajo tratar de aceptar que la gente no entiende y que no le preocupa su vida ni la de los demás.
"A dos años, como que uno se va acostumbrando a tratar a los pacientes que son positivos a Covid, hay muchas variantes y cada una es diferente, pero nunca es fácil y pensar que esto no ha terminado", concluye.
