SAN SIMÓN ZAHUATLÁN.- En este municipio, uno de los más pobres del país, el contraste se nota en sus caminos y barrios. También en su gente y en las inversiones.
Por ejemplo, pavimentar un kilómetro y medio de acceso a la comunidad costó al gobierno federal siete millones y medio de pesos; el resto del tramo, unos 26 kilómetros, que lo une a la vía federal Huajuapan-Mariscala, sigue siendo de terracería, desde hace décadas y no fructifican las gestiones para adecentarlo.
Costó 7.5 mpd pavimentar sólo un kilómetro y medio de carretera de acceso. FOTO: Mario Jiménez
La cabecera municipal cuenta hasta con un gimnasio al aire libre, calles pavimentadas en su mayoría, aunque sin drenaje; pero los 13 barrios se encuentran en el absoluto abandono. La mayoría de jóvenes presenta una imagen ajena a los mixtecos, con cabellos pintados, tatuajes, peinados modernos y costumbres foráneas; en las localidades, ropa raída y huaraches de plástico.
“La realidad es que la pobreza es igual que siempre, acá no hay suficientes apoyos; sí llegan Prospera, la leche Liconsa, Adultos Mayores, pero nada más. A cuatro meses, al ayuntamiento no ha llegado un peso”, se queja la autoridad municipal.
Zahuatlán ocupa el nada honroso lugar número 67 en la escala de municipios pobres del país y el 29 a nivel estatal.
Ni pasado ni futuro
Zahuatlán ("Entre los sarnosos", formada por los vocablos zahutl: sarna y tlan: junto a o entre: también se le conoce como planta que jala agua) prácticamente no tiene pasado; de lo poco que se sabe es que hasta 1844 era parte del municipio de San Martín Zacatepec.
Se localiza a unos 232 kilómetros de la capital del estado, en el distrito de Huajuapan; no obstante, no hay autobuses de transporte y la mayoría de las personas se trasladan en camionetas de carga y pasaje o en los escasos taxis colectivos, que cruzan 26 kilómetros de polvorientos caminos.
Es uno de los municipios con el territorio más pequeño de la entidad, pues apenas abarca 46.5 kilómetros cuadrados; la cabecera municipal se concentra en una ladera y los barrios, en el contorno, pero separados por los ríos secos Grande y Pipi.
Aridez y olvido, la perpetua imagen de Zahuatlán. FOTO: Mario Jiménez
Tierras agrícolas prácticamente no hay, y menos posibilidades de sembrar debido a la sequía extrema, por lo tanto, la gente se ocupa únicamente en la elaboración de sombreros de palma, que venden en seis u ocho pesos por pieza, o en la costura de balones, trabajo por el que también cobran 10 pesos por pieza.
Es también uno de los municipios con el mayor índice de fecundidad, con 9.4 hijos por hogar, mientras que la tasa nacional es de cuatro.
Promesas y realidad
El Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval) recomienda que los recursos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS) deberán ser aplicados principalmente en drenaje, agua, mejoramiento de vivienda y ampliación de la red de energía eléctrica.
Sin embargo, no hay dinero. De acuerdo con el alcalde, Raúl Valentín Martínez López, a casi cuatro meses con nueva autoridad, no hay recursos presupuestales.
“No hay dinero; la gente no trabaja el campo porque no hay tierras ni agua; al día se hacen dos o tres sombreros, o se cosen unos cuatro balones, pero eso no es suficiente. Lo único que puede hacer la gente, es comprar maíz”, dice.
En Zahuatlán, sólo huellas de las promesas de los políticos. FOTO: Mario Jiménez
Gestión inútil
Asegura que el edil Clemente de Jesús Pastor ha ido constantemente a la capital a gestionar, pero hasta ahora no ha conseguido nada.
“Ya ni la gente emigra al norte porque la situación actual es muy dura, porque no puede pasar; hay pocos paisanos en el norte”, dice.
-- ¿Y los políticos? ¿Y lo que prometen cada campaña?
-- Pura política; no hemos visto algún apoyo. Nada más buscan el voto y no regresan. No hemos visto apoyos del gobierno.
Añade que si bien los programas sociales del gobierno federal sí llegan, éstos no son suficientes; mil o dos mil pesos de Prospera cada dos meses, no son nada frente al cúmulo de necesidades.
Dura realidad
De acuerdo con el Coneval y cifras del INEGI, de los tres mil 322 habitantes, el 96.4 por ciento del total de la población se encontraba en pobreza, de los cuales 538 (15.6%) presentaban pobreza moderada y dos mil 784 (80.8%) estaban en pobreza extrema.
En 2010, la condición de rezago educativo afectó a 58.2 por ciento de la población, lo que significa que dos mil seis individuos presentaron esta carencia social. En el mismo año, el porcentaje de personas sin acceso a servicios de salud fue de 66.1 por ciento; la carencia por acceso a la seguridad social afectó a 98.7 por ciento.
El porcentaje de personas que reportó habitar en viviendas con mala calidad de materiales y espacio insuficiente fue de 70.2, mientras que el 83.3 por ciento, dijo vivir en casas sin disponibilidad de servicios básicos. La incidencia de la carencia por acceso a la alimentación fue de 50.9%, es decir una población de mil 753 personas.
La pobreza quiere olvido
Calles pavimentadas, bullicio en las calles, comercios en el pequeño centro de la población, distinguen a Zahuatlán; algunos vehículos en las calles. Tienda Liconsa, gimnasio frente al palacio municipal, jóvenes alegres que llenan el centro de la población; madres devotas que limpian el atrio, para la celebración de la Semana Santa. Para Zahuatlán, la pobreza prefiere ser olvidada.
Los apoyos no alcanzan
La salvación de la mayoría de las familias es Prospera, pero los apoyos son de mil a dos mil pesos que se reciben cada mes, dependiendo del número de hijos y las condiciones de vida.
“Eso no sirve para nada; no alcanza. Qué vamos a hacer con dos mil pesos al mes si hay que mandar todos los días a los chamacos a la escuela”, dice doña Luciana, que vive a una cuadra del palacio municipal.
El centro de la población aparentemente viven en jauja; la gente acude a la iglesia, los jóvenes se distraen en el gimnasio al aire libre; los adolescentes van a la telesecundaria y unos más al bachillerato. Prácticamente todos se distinguen por pelos o mechones de colores, ellas; tatuajes y cortes modernos, ellos. Casi frente al palacio hay un centro de atención a mujeres, pero pocos saben a qué se dedican ahí.
“Imagínese cómo voy a hacer para los uniformes, para los útiles, para la alimentación; mi esposo es campesino, pero no hay forma de sembrar la tierra. Con lo único que nos ayudamos es con hacer sombreros, pero a lo mucho hacemos cinco al día entre todos, que nos pagan a ocho pesos cada uno, ¿usted cree que alcanza?”, remata.
