Alexei García
“Ayúdeme usted a vender tamales”, así se encomienda cada mañana a Dios, Jorge Calderón, quien diario recorre la ciudad con su triciclo para vender tamales y champurrado. Parte desde la colona Alemán y se traslada hasta el Centro Histórico de la capital oaxaqueña, hasta que termina de vender los 60 tamales que le son encomendados.
Historia de superación
Este joven oaxaqueño, de 24 años de edad, salió de su natal Cuicatlán, en la región de la Cañada, con un solo objetivo: ayudar a sus padres, quienes durante toda la vida se han dedicado al campo, a la siembra para autoconsumo. Actualmente ya tiene tres años que partió de su comunidad de origen y afirma sentirse satisfecho de poder apoyar a sus progenitores.
Frijol y maíz es lo que principalmente siembran los padres de Jorge Calderón, que además tiene tres hermanas y un hermano, quienes han dejado la casa de sus padres para levantar el vuelo y formar su propia familia. Además, Jorge es el menor de todos, por lo que es su responsabilidad apoyar a quienes le dieron la vida.
Actualmente no tiene familia propia, es soltero, por lo que únicamente renta un pequeño cuarto, en donde se levanta desde muy temprano para poder llegar en punto de las 8 de la mañana con la señora que elabora los tamales y es ahí en donde realmente inicia su jornada laboral.
Esfuerzo físico y condiciones adversas
A Jorge le son comisionados 60 tamales, a pesar de que la vaporera tiene capacidad para 120 piezas. Los tamales que ofrece son de verde, rajas, mole y dulce. Y asegura que a veces se acaban los tamales, pero también a veces sobra un aproximado de 10 a 15 piezas.
El triciclo, junto con la vaporera y el recipiente donde transporta el champurrado, pesan aproximadamente 100 kilos, por lo que debe recorrer trayectos importantes utilizando sus brazos para dar dirección, pero sus piernas para movilizar todo este equipo.
Asegura que aunque esté lloviendo, debe salir a trabajar, solo con la protección de algún plástico que permita el mínimo paso del agua hacia su cuerpo.
La torta de tamal, la favorita
Para prepararse para la venta, Jorge compra 30 bolillos y asegura que a sus clientes les gusta más “la torta de tamal”. Indicó que vende de 25 a 30 tortas de tamal en la mañana; el resto del producto lo vende solo, sin bolillo.
Sus estudios los dejó hasta la Telesecundaria y expresó que no continuará en el siguiente nivel educativo, pues afirmó que es necesario que continúe trabajando para poder apoyar a quienes están en el campo de Cuicatlán, que además dicen sentirse orgullosos de que su hijo menor les apoye con su trabajo.
Consideró que existe una diferencia importante entre el campo y la ciudad. Puntualizó que para él, la ciudad es para trabajar y salir adelante, mientras que en su comunidad de origen, las personas trabajan, pero a su ritmo y también respetando sus tradiciones.
Su sueño: salir adelante
No tiene queja sobre los automovilistas o sobre las personas a quienes vende sus tamales; al contrario, les agradece por ser su fuente de ingreso. Aseguró que la pandemia lo dejó fuera del ámbito laboral durante 10 meses, pues fue la indicación que recibió, hasta que recientemente regresó a laborar.
Su sueño es tener un puesto de tamales, en donde las ganancias sean completamente suyas y le permitan ayudar a sus padres, quienes se han sacrificado toda la vida para poder sacar a sus hijos adelante. La entrevista termina y Jorge nuevamente reanuda su marcha; a través de su amplificador de sonido, se escucha: “¡Tamales oaxaqueños, tamaleeeeees!”
24
años de edad tiene Jorge Calderón
3
años cumple Jorge vendiendo tamales
100
kilos pesan el triciclo y los tamales
10-15
tamales sobran algunas veces
30
bolillos compra para la torta de tamal
6
tamaleros se encuentran en el Centro Histórico
10
meses estuvo sin trabajar por la pandemia
