SANTO DOMINGO ARMENTA, Jamiltepec, Oaxaca.- De rostro oscuro como la noche, a diferencia del blanco de sus globos oculares, la integrante de la asociación civil "México Negro", Elena Ruiz Salinas, interrumpe al reportero y se pregunta: ¿Cuál puede ser el fatal destino de cientos o tal vez miles de niños y jóvenes afromexicanos de esta región?
Y al contestarse con claridad, sentencia: delinquir, así de sencillo. De hecho, muchos de los constantes robos y asaltos carreteros son perpetrados por jóvenes.
En el trayecto de El Ciruelo, agencia municipal de Pinotepa Nacional, hacia este municipio pegado a la frontera con Guerrero, la afrodescendiente, madre y abuela a la vez, acusa que "para los gobiernos estatal y federal, los negros no existen".
Hambre de justicia social
El grueso de la población afromexicana de la Costa oaxaqueña es analfabeta, no tiene empleo y está enferma. Son hombres, mujeres y niños que sufren un problema crónico y muy grave: "hambre de alimento y de justicia social".
En Santo Domingo Armenta es evidente la ausencia de la figura paterna. FOTO: Mario Jiménez Leyva
El caso del matrimonio de Guadalupe Candela Choras y Gregorio Díaz Prudente, mis vecinos en El Ciruelo, que junto con sus dos hijos sufren ayunos prolongados porque no tienen recursos para comer, "es el reflejo más claro del fracaso de la política social de los gobiernos de México y Oaxaca".
Y se vuelve a preguntar: "¿Qué podemos esperar de los niños y los jóvenes en esas condiciones de miseria? Sencillamente, que pueden convertiste en un gran potencial delictivo", se contesta.
Expone que si no hay qué comer, ni oportunidades de empleo en la región, estarían pensando en la ruta más corta, pero equivocada: "su ingreso a la delincuencia organizada. A ninguna madre le agradaría tener un hijo sicario".
"Esta es una realidad, pero los gobiernos de México y de Oaxaca no están en el ánimo de ayudarnos; nos sentencian a la pobreza y la miseria", agrega con autoridad moral.
Recuerda: Gabino Cué envió el 21 de marzo de 2014 a la Cámara de Diputados, una iniciativa de Reforma Constitucional sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos de Oaxaca, pero el documento sigue archivado hasta ahora en ese recinto. Eso fue todo.
"No hubo apoyos tangibles de cambio estructural para dignificar la vida de la población afromexicana de la Costa oaxaqueña", dice.
Remesas, válvula de escape
"Si en este pueblo no se ha registrado un estallido social, es gracias a las remesas que envían los jóvenes y jefes de familia que se fueron de braceros a la Unión Americana", expone Roberto Herrera Gonzalez, regidor de Hacienda de este municipio de cuatro mil habitantes.
En las calles de este municipio, madres muy jóvenes caminan seguidas de sus niños pequeños de encallecidos pies descalzos. Es normal su desplazamiento en poca ropa y descalzos. La temperatura es elevada y no resultan morbosos los escotes pronunciados.
Sumidos en el silencio y tal vez esperanzados en el pronto retorno de sus hijos y nietos que se fueron de braceros, hombres y mujeres de la tercera edad, de ennegrecidos rostros ajados por el tiempo y cabeza blanca, sentados en las puertas de sus casas, observan el ir y venir de sus paisanos.
El regidor agrega que de los cuatro mil habitantes, incluidos los de las agencias municipales La Lagunilla y el Callejón de Rómulo, más de la mitad son completamente pobres y enfermos: la enfermedad de la miseria.
Prohibido enfermarse
Los niños, las mujeres y los ancianos, acusan avanzada desnutrición. "Aquí está prohibido enfermarse, porque no contamos con servicios médicos de calidad", expone la regidora de Educación, Margarita Victoria Domínguez.
Aquí está prohibido enfermarse, expone Victoria Morales Domínguez, quien por las secuelas de la poliomielitis se desplaza en silla de ruedas. FOTO: Mario Jiménez Leyva
El Centro de Salud fue construido hace 40 años, por ello su franco deterioro; pero el problema radica en que no hay médicos y el desabasto de medicamentos lleva muchos años. Hace un llamado al gobernador Alejandro Murat para que apoye con la construcción de un hospital.
Para salvar un paciente de urgencia médica, hay tres opciones: Llevarlo al hospital general de Pinotepa Nacional (traslado que en vehículo ligero tarda 50 minutos), o Acapulco, recorrido que tarda cuatro horas.
Aquí no existe una farmacia particular, y aunque en Cuajinicuilapa (Guerrero) que en tiempo de recorrido equivale a 30 minutos, hay servicios médicos, no siempre atienden los casos de gravedad.
La recaída comunidad dispone de una ambulancia que fue donada por el gobierno estatal hace seis años, pero no siempre la mueven porque no hay dinero para la compra de gasolina.
A nuestros pacientes graves los llevamos directamente a Acapulco, dice Victoria Morales Domínguez, quien por las secuelas de la poliomielitis se desplaza en una silla de ruedas.
Integrante de nueve hermanos y sólo con tercer de año de primaria, Victoria trabaja en la presidencia municipal como recepcionista.
Morales Domínguez, de 30 años de edad, admite que este es un pueblo de viejos y de niños. Por falta de empleo, los jóvenes se van de braceros a Estados Unidos, con todos los riesgos que ello implica.
Otros se van a Acapulco y a la Ciudad de México, para trabajar "de lo que caiga". No aspiran a un buen empleo, porque muy pocos terminaron la educación primaria.
Pueblo indefenso
Este municipio cuenta con policías municipales, pero su única patrulla se encuentra en mal estado eléctrico y mecánico. Los concejales hacen un llamado urgente al gobernador Alejandro Murat, para que los dote de dos radiopatrullas.
Este municipio cuenta con un plantel de preescolar, una primaria, una secundaria y un centro de bachillerato, a los que asiste una población escolar de 600 alumnos, pero el aprovechamiento es mínimo porque los niños y jóvenes, la mayoría afromexicanos, acuden a clases con el estómago vacío.
Afromexicanos, con hambre de justicia. FOTO: Mario Jiménez Leyva
El aprovechamiento es muy bajo y por ello, muchos desertan y se van del pueblo, admite.
Aquí no hay infraestructura de drenaje sanitario. Las aguas negras desembocan en el arroyo El Capulín. Su destino final: el mar.
Así transcurre la vida en Santo Domingo Armenta, uno de los 69 municipios oaxaqueños con población afromexicana.
En México se reconocen como afrodescendientes un millón 381 mil 853 personas y representan el 1.2 por ciento de la población total del país. Oaxaca concentra el 4.9 por ciento. Este municipio participa con el 76.1 por ciento de la población total de afromexicanos en la entidad.
