Segunda de cinco partes
¿Qué fue, niño o niña? Es la pregunta que por lo general se realiza a los padres cuando la madre da a luz. Desde ese momento, la historia se escribe, aparecen en el pensamiento los estereotipos o modelos que se siguen de lo que se impone que debe o le “toca” hacer a una mujer y lo que “es” ser hombre. Mismos que serán reforzados en la educación básica, aun cuando hoy se intenta desmantelarlos.
Un poder que no equilibra
En la escuela Secundaria se puede observar cómo la elección de los talleres sigue determinada por la ideología de los roles. Esto viene desde la antigüedad, incluso en los países que llamamos del primer mundo, desde los orígenes del hombre y la supervivencia. Los hombres se dedicaban a la caza, asociando a ellos la fuerza física en donde la mujer se encargaba de la recolección para alimentarse; la antropología explica que era la mujer quien realizaba muchas tareas de agricultura, relacionadas también a la fertilidad por el poder de dar vida a nuevos seres humanos.
Sin embargo, esta importante función de reproducción que para los hombres es imposible, dicho sea de paso, el ideal de la conservación de la especie, el hombre lo rompe, pues es bien sabido que este antepone siempre su placer antes que cualquier cosa. Es decir, cuando un hombre busca a una mujer, en lo que piensa es en el placer que de ella va a obtener; algunos hombres más sofisticados, a esto le llaman enamoramiento. Este poder de la mujer de procrear vida en su ser, a la mujer no le ha servido para alcanzar un equilibrio y respeto mutuo; por el contrario, en ciertas situaciones es motivo de grandes desventajas, que van desde la imposibilidad a ser contratadas, hasta no alcanzar mejores posibilidades de desarrollo profesional.
Para una mujer que llega a casa después del trabajo, la jornada sigue, pues al parecer el hecho de la posibilidad de dar vida hace que tenga elevados valores éticos o una conciencia moral más rígida que su contraparte; cuando el hombre termina su jornada de trabajo, eso lo autoriza a relajarse con las actividades del hogar. Al parecer, esa posibilidad que durante siglos enarbolamos y las mujeres portamos con orgullo, nos ata y hace prisioneras de lo que se convirtió en un sistema social, llamado patriarcado.
Los conflictos en la mujer
Actualmente, el pensamiento en muchas mujeres es de liberarse de la dependencia económica y emocional que tienen del hombre.
Además, podemos encontrar sentimientos muy arraigados que están presentes en la mujer, pero no los hace conscientes y guardan un gran significado, los cuales son:
Miedo a la soledad, un temor que se instaura desde muy pequeña.
Deseo de ser amada, es una demanda constante.
Sentimiento de vacío, como una necesidad afectiva, la sensación de vacío, sentir que no le importa a nadie, que da para los demás y nadie da para ella.
Sentimiento de minusvalía.
Me centraré en este último.
Continuará el sábado…
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