El cuidador de una residencia de adultos mayores fue acusado de matar a 11 ancianos que tenía a su cargo. Su nombre es Joan Vila Dilmé, también conocido como “El Celador de Olot”.
Joan Vila nació en 1966 en Olot, España, era soltero y vivía con sus padres en el momento de los hechos.
Tiene una infancia marcada por la Muerte
Su vida está llena de altibajos, a los 13 meses de vida sufre la muerte de su hermana recién nacida. Siendo un adolescente sufre otro episodio de muerte, al fallecer su tía, quien era su mayor vínculo afectivo, dado que, a pesar de tener una relación paterno-filial ajustada e integrada, no consigue establecer lazos de amor con persona distinta a ella.
A raíz de la muerte de la misma y de recordar la muerte de su hermana, empiezan los episodios académicos complicados, empieza a depender de los grupos sociales del colegio para poder sentirse aceptado, cosa que no consigue; y por ello, empieza con periodos de ausentismo escolar.
Sus padres aceptan la situación sin poner demasiado remedio a la misma, dado que son bastante apáticos a mostrar cariño por su hijo y se comunican con él para lo básico del día a día sin ir más allá.
Todos estos episodios traumáticos provocan que Joan no recuerde nada de su primera y segunda infancia; pero sí que recuerde que se sentía aislado y descubra que sexualmente tiene una situación bastante confusa, porque a pesar de no sentirse mujer se siente encerrado en un cuerpo de hombre, llegando a afirmar que “si mi hermana viviese ella se haría cargo de mis padres…”.
Joan Vila fue analizado por dos psicólogos diferentes. Para ambos Joan Vila es una persona con doble personalidad, debido a que es un hombre físicamente mientras que mentalmente asume los roles de una mujer, incluso cuando escribe sus notas personales lo hace en castellano de tal modo que se autoproporciona un espacio de seguridad externo, la misma seguridad que llevaba buscando durante toda su vida.
Ingresa a la Casa de Ancianos
Tras varios intentos consigue empezar a trabajar como celador en La Caritat Casa de Convalecència de Olot. Una vez allí, empieza a entablar relaciones con las personas que están a su cargo, pero llega al punto de asesinar a un total de 11 personas, dos en el año 2009 y las 9 restantes en 2010. La justificación que dio fue “les estoy ayudando a dejar de sufrir”.
Las edades de los ancianos estaban comprendidas entre los 84 y los 96 años y estaban ingresados en el centro geriátrico La Caritat, en el pueblo de Olot.
Los once asesinatos se produjeron entre el 29 de agosto de 2009 y el 17 de octubre de 2010.
Detención del multihomicida
Joan fue detenido el 18 de octubre de 2010 y fue condenado, el 20 de junio de 2013, a 127 años de prisión por 3 delitos de asesinato con alevosía y premeditación y, por 8 delitos de asesinato.
Durante la fase de instrucción y después, en el juicio oral Vila Dilmé confesó que él había suministrado las sustancias que acabaron con la vida de los ancianos.
Vila Dilme es un «ángel de la muerte» o «ángel de la misericordia» clásico. Es la definición que se utiliza en criminología para referirse a un asesino en serie que usualmente suele ser un cuidador o un enfermero. Este tipo de sujetos -que pueden ser médicos, enfermeros o cuidadores- suelen matar por dinero, por un sentido de placer sádico, por la creencia de que están aliviando el dolor del paciente o, simplemente, porque pueden hacerlo. Es bien conocido el caso del doctor inglés, Harold Shipman, Doctor Muerte, que fue acusado de matar a 218 pacientes, aunque sólo se le probaron 15.
Tras la condena, Vila Dilmé ya sólo admitió tres asesinatos y su recurso se basó en la vulneración de la presunción de inocencia por los otros ocho, al entender que no bastaba su confesión para probar el delito.
Según la sentencia, Vila incurre en contradicción e incoherencia, ya que confiesa haber suministrado los productos tóxicos a los ancianos y luego sostiene que pudieron haber fallecido por causas ajenas a su conducta, ya que, en opinión del celador, las autopsias no fueron concluyentes.
El escrito del Tribunal Supremo matiza que, cuando existe cuerpo del delito –como es el caso–, la confesión por sí misma puede ser prueba suficiente de la autoría.
Además considera que, de no haber confesado, hubo datos complementarios suficientes –testimonios y autopsias, que se citan en la sentencia– que corroboraron su confesión de los crímenes.
La sentencia confirmada condena además a Vila al pago de indemnizaciones por un total de 369.000 euros a los familiares de las víctimas, y establece en 40 años de cárcel el límite de cumplimiento efectivo.
El Tribunal Supremo ha tumbado el recurso presentado por el abogado de Joan Vila Dilmé, celador de Olot, Girona, quien pretendía que el Alto Tribunal sólo lo condenara por el asesinato de tres ancianos en vez de once, tal como estableció primero un tribunal popular de Girona y después el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).
El Alto Tribunal ha confirmado así la pena de 127 años de cárcel impuesta por la Audiencia de Girona y ratificada por el TSJC en la sentencia hecha pública.



