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Niños indígenas de Oaxaca, escapan de la siembra de amapola y marihuana con música

Foto(s): Cortesía
Redacción

En los Valles Centrales de Oaxaca, hay una comunidad que combate el narcotráfico con música y que desde el 2012 ha cosechado varias generaciones de niños, que no tenían otra alternativa más que emigrar o sumarse a las tareas de siembra de enervantes como sus padres.


Esa comunidad está ubicada a dos horas de la capital del estado y se llama San Juan del Río, Tlacolula, en donde en 2014 se fundó el Instituto Intercultural Calmécac, cuyo creador, Nathanael Lorenzo Hernández, asegura que niños de comunidades indígenas zapotecas y mixes, escaparon de la siembra de amapola y marihuana, para estudiar el lenguaje del viento a través de la música.




Entre ellos de comunidades como San Juan del Río, San Pedro Quiatoni, San Pedro Cajonos,San Baltazar Guelavia, Santa María Zoogochí, lugares donde están las sedes del proyecto.


El semillero musical


Para llegar a la escuela, desde la capital de Oaxaca, hay que tomar la carretera federal 190 y tomar la desviación que conduce a San Juan del Río, Tlacolula, a partir de este punto el camino es de terracería y un panorama verde que poco a poco se convierte en semidesertico. Ahí está la primera sede del instituto Intercultural Calmécac en donde actualmente acuden 22 estudiantes, 10 de ellos originarios de diferentes comunidades.


“No construimos músicos, construimos seres humanos”, dice el compositor, investigador y educador musical, Nathanael Lorenzo Hernández, originario de Nejapa de Madero.


Esta institución sin fines de de lucro, comenzó hace tres años con el fin de alejar a los adolescentes del alcoholismo, drogadicción y del machismo; además, hacia falta visión e innovación en las bandas filarmónicas comunitarias, dice Nathanael mientras sonríe y con su singular vestimenta, guayabera azul brillante y su collar de piedra con símbolos étnicos, hacen pensar en su orgullo oaxaqueño.



“Descubrí también que había una falta de interés de las nuevas generaciones en seguir conservando la música tradicional”, narra el educador musical y asegura que este conjunto de conocimientos, originaron que buscara un espacio en donde los adolescentes acudieran a tomar clases de música y rindieran honor a sus comunidades de origen.



El instituto se creó con el propósito de formar personas más analíticas y propositivas, que aporten a la sociedad e impacten con sus acciones, “enfrentamos al narcotráfico con música”, dice orgulloso el joven que lamenta que la pobreza que existe en Oaxaca permita que, ante la falta de oportunidades laborales y de esparcimiento, los jóvenes busquen emigrar o se metan al mundo de las adicciones.


Las “trabas” que enfrentó Nathanael en la vida, hicieron que durante ocho años dejara de escribir música, fue entonces que nació la idea, cuando, según narra, descubriólo maravilloso que es el estado en cuestión musical,  y lo disfuncional que es en la cuestión pedagógica.



“No hemos desarrollado mecanismos en los que ofrezcamos a los alumnos crecer y darles la oportunidad de explotar su talento y en Calmécac hacemos lo posible”.


El sueño de un edificio


Nathanael Lorenzo, indica que a corto plazo se edificará en San Juan del Río un edificio propio con capacidad para 60 estudiantes, en donde se ofrecerán los servicios de hospedaje, alimentación y clases.


“Aquí va a ser la principal sedede dondesaldrá la logística y planes pedagógicos a nivel estatal, en donde se pretende que lleguen más estudiantes de diferentes comunidades”.



Los jóvenes pagan una colegiatura mensual de 800 pesos, pues este instituto no cuenta con apoyos gubernamentales.



Además, reciben asesoria de un profesor, para el cuidado y preservación de las lenguas indígenas y les enseña a los jóvenes a escribir en su dialecto.


En las sedes de San Juan del Río hay 22 estudiantes, en Nejapa de Madero 26, en Santa María Yaviche 30 alumnos y en Puma Hidalgo 15, en donde niños desde los cuatro años pueden acudir a aprender.


Sin recursos económicos 


Para que la sede de San Juan del Río continué sus operaciones, se necesitan al menos 60 mil pesos al mes para el pago de alimentación, mantenimientos, rentas y para la cuota de los maestros.


El compositor explica que los recursos los gestionan por medio de sus conciertos, venta de discos y artículos diversos; cuentan también con donaciones particulares desde Estados Unidos y Canadá.


Lamenta la falta de apoyo por parte de las autoridades estatales, pues asegura que en repetidas ocasiones han buscado el apoyo de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca (Seculta), sobre todo para apoyar a los estudiantes, el mantenimiento de las sedes y la donación de instrumentos musicales.


Presentaciones:



En tres años se han presentado en 23 comunidades oaxaqueñas, realizado 10 conciertos en la capital y sieteconciertos en la Ciudad de México; han realizado exhibicionesen salas, foros y teatros de prestigio internacional, como La Casa del Lago y la Sala Silvestre Revueltas de la Universidad Nacional Autónoma de México.


En tres años han grabado cuatro materiales discográficos: Ritmos para el alma (2012), Gilberto Baltazar al Extremo -homenaje a uno de los compositores mas reconocidos de la Sierra Juárez-, Cerquita del Río; y ¡Calenda, mezcal y son!



Soñar en notas


“Desde que escuché tocar a la banda, fue mi sueño pertenecer a ella”…cuenta Idalia Chávez Santiago, alumna del instituto y maestra de una de las cinco sedes que tiene el proyecto, la ubicada en Nejapa de Madero en el distrito de Yautepec; en donde actualmente estudian 26 alumnos.


Originaria de San Pedro Cajonos, desde los 11 años estuvo interesada en la música, especialmente en el clarinete.


“Mi experiencia ha sido bonita, he cambiado como persona y he aprendido a relacionarme más, es lo que me ha dejado estudiar en el instituto”, dice con voz suave y parsimoniosa, la mujer delgada, de tez morena y de ojos pequeños pero chispeantes.


Es la mayor de cuatro hermanos y la colegiatura la cubre su madre quien es profesora de un taller de corte y confección, mientras su padre es campesino; ambos se encargan del cuidado de sus cuatro hermanos, mientras ella se prepara en el Calmécac.

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