Agencias
El 30 de abril de 1933, el entonces presidente del Perú, Luis Miguel Sánchez Cerro, de 43 años, fue asesinado a balazos.
Oficialmente, su asesino fue un joven, militante del Partido Aprista de Perú, Abelardo Mendoza Leiva, quien fue abatido a tiros por la escolta presidencial.
El informe del doctor Carlos Brignardello, uno de los médicos que asistieron al presidente Sánchez Cerro antes de su muerte, decía que hubo dos clases de disparos: de menor calibre, de arriba abajo; y de mayor calibre, de abajo arriba.
Fue un presidente muy popular
Luis Miguel Sánchez Cerro fue un militar y político peruano, que ocupó la presidencia del Perú en dos ocasiones: la primera, del 27 de agosto de 1930 al 1 de marzo de 1931, como Presidente de una Junta de Gobierno instalada luego de derrocar al presidente Augusto B. Leguía; y la segunda, como Presidente Constitucional, luego de ganar unas reñidas elecciones en 1931, a la cabeza de su partido, la Unión Revolucionaria.
El mayor mérito político del coronel Sánchez Cerro fue haber acabado con el gobierno dictatorial de Leguía en 1930.
Así se fundó la Unión Revolucionaria, que postuló a Sánchez Cerro a las elecciones de octubre de 1931. Fue un partido de enorme arraigo popular.
El origen mestizo y provinciano de su líder ejercía enorme fascinación entre los obreros y la clase media urbana. Además de su clara vocación nacionalista.
Los candidatos que se presentaron a las elecciones de 1931, fueron: Luis M. Sánchez Cerro, por su partido la Unión Revolucionaria; Víctor Raúl Haya de la Torre, por el Partido Aprista Peruano (PAP); Arturo Osores, de la Coalición Nacional, y José María de la Jara Ureta, del Partido Unión Nacional.
Pocas veces en la historia peruana hubo tanto entusiasmo y expectativa ante un proceso electoral.
Enormes masas de gente fueron a depositar sus sufragios. No hubo hechos de sangre ni abusos el día de los comicios.
Alrededor de 300 mil electores depositaron sus votos a favor de los cuatro candidatos presidenciales y de una multitud de candidatos al Congreso. De acuerdo a la información oficial, votó el 80% de los inscritos en el Registro Electoral. Los resultados fueron los siguientes: Sánchez Cerro 152 mil votos; Haya de la Torre 106 mil; José María de la Jara y Ureta 21,921; y Arturo Osores 19,653.
La victoria de Sánchez Cerro era contundente, pues había obtenido más votos que los otros juntos. Sin embargo, mientras La Jara y Osores reconocían su derrota, los apristas denunciaron fraude electoral.
A partir de allí, el Partido Aprista Peruano inició una cerrada oposición desde el recién instalado Congreso Constituyente y desde las calles.
Este clima fue empeorando hasta desembocar, prácticamente, en una guerra civil.
Como si esto fuera poco, Sánchez Cerro sufrió un atentado contra su vida cuando salía luego de escuchar misa en la Iglesia Matriz de Miraflores. Un joven aprista le disparó con un revólver por la espalda y el presidente se salvó de milagro.
El asesinato de Sánchez Cerro
El domingo 30 de abril de 1933, Sánchez Cerro pasaba revista a las tropas en el hipódromo de Santa Beatriz. Viajaba en un auto Hispano-Suiza descubierto.
Compartía el asiento posterior el primer ministro José Matías Manzanilla. Atrás, iba el coronel Antonio Rodríguez, jefe de la Casa Militar.
Era casi la 1 de la tarde. Atravesaban la multitud, cuando un joven, de filiación aprista, Abelardo Mendoza Leiva, corrió hacia el vehículo, subió al estribo y empezó a disparar contra el presidente.
Entonces, estalló el tiroteo. Mendoza Leiva fue capturado y le dispararon a la frente. A Sánchez Cerro lo llevaron a toda velocidad al Hospital Italiano. Expiró a la 1 y 10 minutos de la tarde.
El informe del doctor Carlos Brignardello, uno de los médicos que lo asistieron antes de su muerte, decía que hubo dos clases de disparos: de menor calibre, arriba abajo; y de mayor calibre y de necesidad mortal, un disparo de abajo arriba y de adelante hacia atrás. Este último tiro se había hecho de muy corta distancia y causó una hemorragia incontenible.
Todo parece indicar que los disparos de Mendoza Leiva fueron de otro calibre que el del balazo definitivo. Pero se tapa todo… El auto tenía perforaciones del otro lado.
Asesinado el presidente, esa misma tarde el Congreso decidió nombrar al general Oscar R. Benavides para completar el período del difunto gobernante. El nombramiento era una clara violación constitucional pero se invocó la situación de emergencia.
El cuerpo de Sánchez Cerro fue velado, del 1 al 4 de mayo, en la Catedral de Lima. El acto fue multitudinario. Fue sepultado en el cementerio Presbítero Maestro.
La injerencia de Estados Unidos
Fueron las tensiones internacionales las que provocaron, la trágica muerte del Sánchez Cerro.
La firma del Tratado de límites con Colombia, hecha por el ex presidente peruano Leguía, indignó a la opinión nacional al ceder parte del territorio del Perú.
Por su parte, Sánchez Cerro, había afirmado que la entrega del puerto peruano de Leticia a Colombia fue objeto de una transacción monetaria. Según Sánchez Cerro, el tratado costó siete millones de pesos.
Si se quiere encontrar la lógica de los acontecimientos en ese atentado, es imposible prescindir de los hechos objetivos inocultables siguientes:
1.- La firme decisión de Sánchez Cerro de apoyar la recuperación de la provincia de Leticia, incluyendo la voluntad de ir a la guerra, si fuere necesario, para lo que envió flotas de la Marina con destino a Iquitos y reunió a 30 mil soldados aquella tarde fatal, del 30 de abril de 1933 en el hipódromo de Santa Beatriz, antes de enviarlos a Loreto.
2.- La increíble facilidad del asesino, Abelardo Mendoza Leyva para acercarse hasta el auto del presidente y dispararle ocho tiros.
3.- El peritaje balístico inobjetable, de 8 de mayo de 1933, de Pedro A. Gálvez Mata, Alberto Lainez Lozada, Florencio Salazar G. y Luis Grados, que estableció la existencia de hasta ocho impactos: cinco en la capota del auto y tres en el respaldo del asiento del presidente, que no admite la posibilidad del asesino de dispararle simultáneamente por delante y por la espalda. Y de acuerdo con la dirección de los disparos, dispararon, por lo menos cuatro personas.
4.- La amenaza pública del presidente colombiano Enrique Olaya Herrera, manifestando su odio a Sánchez Cerro, a punto de exclamar que a última instancia tendría que caer uno de los dos, o él o Sánchez Cerro.
5.- El ajusticiamiento en el acto, del asesino de Abelardo Mendoza Leyva, con la evidente intención de eliminar su testimonio, que hubiera servido para conocer al autor intelectual del magnicidio.
6.- La precipitada elección de Benavides y su inmediata asunción a la silla presidencial a las pocas horas del asesinato y antes del plazo constitucional y el haber sido elegido hallándose impedido de ser candidato por encontrarse en servicio activo.
7.- La apresurada devolución de la provincia de Leticia a Colombia, del 25 de mayo de 1933, a 25 días del asesinato.
8.- La firma del tratado a favor de Colombia no fue ni siquiera el resultado de alguna guerra perdida, sino de acuerdos entre el presidente colombiano Enrique Olaya Herrera y el dictador peruano, Augusto B. Leguía, con la mediación del Departamento de Estado norteamericano, interesado en compensarle al país colombiano la pérdida de Panamá.
