El día en que se llevó a cabo el Tendedero de Denuncia contra deudores alimentarios morosos en la capital de Oaxaca, “Ana” no pudo asistir. Hacerse cargo de la manutención de sus hijos, sin la responsabilidad compartida del papá, la obliga a trabajar horas extra.
Aquella tarde no pudo ser; sin embargo, al quedar habilitado el tendedero virtual en Facebook, no lo dudó y decidió actuar por esta vía, que se ha convertido en la única alternativa ante la permisibilidad de las instituciones.
“Él, a veces, les daba dinero a los niños, a veces, no, y desde hace tres meses dejó de dar por completo porque su nueva familia no quería que se comunicara con ellos ni que les diera dinero. Mi mamá me dijo: ya no le pidas nada”, recordó.
Consciente de que este tipo de violencia debe dejar de ser normalizado, Ana pensó en ir por la vía jurídica para defender el derecho de sus hijos. Buscó contratar un abogado. El costo fue un primer obstáculo.
“Yo no podía dejar a sí a mis hijos. Fui a ver a un abogado y me cobraba tres mil pesos por llevar mi caso. En eso estaba, juntando dinero, pero mis hijos requerían iniciar un tratamiento ortopédico. Le llamé a su papá y su respuesta fue grosera”, explica la joven quien, para sostener a sus pequeños de seis y diez años, labora como cocinera.
Debido a que la salud no espera, decidió colgar la foto del deudor en el tendedero de denuncias. Las respuestas fueron diversas y, en muchos casos, inesperadas pues algunos de sus conocidos consideraron que haberlo hecho era motivo de vergüenza para ella. “Es algo que debemos de entender la vergüenza debe de ser para ellos, no para nosotras que estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad”.
A las pocas horas, Ana recibió una llamada telefónica de familiares del deudor pidiéndole que bajara la fotografía pues les afectaría. Ella les explicó lo que pasaba y llegaron a un acuerdo de palabra, pese a ello, Ana, con el apoyo de las colectivas feministas, irá por las vías legales para que el cumplimiento de la pensión sea permanente hasta que sus hijos así lo requieran.
Ana, quien carga con toda la responsabilidad de los cuidados y manutención, ha tenido que sortear múltiples problemáticas que afectan la calidad de vida de ellas y de sus hijos. Para poder solventar los gastos trabaja jornadas extensas de martes de domingo. “Es complicado, el dinero no siempre alcanza porque a veces se enferman y hay que comprar medicinas”.
Por último, la joven hizo un llamado a las mujeres que viven este tipo de violencia por parte de los papás de sus hijos para que denuncien: “Creo que hablar fue una buena decisión a favor de los niños”.
