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Banda de los Bateadores 'Ultras' Asesinos

delincuentes
Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

Agencias

En Madrid, España, diez jóvenes "ultraderechistas" mataron a un hombre a golpes con bates de beisbol porque "llevaba melena y barba", el 13 de septiembre de 1979. 

La víctima mortal fue identificada como José Luis Alcazo, de 25 años. Este hombre, junto con otros, fue agredido por vestir pantalones vaqueros y usar pelo largo, en el parque madrileño de El Retiro. 

De los diez adolescentes que componían la Banda de los Bateadores, ocho fueron juzgados por la Audiencia Provincial de Madrid el 27 de noviembre de 1983.

Eduardo Limiñana y Ángel Luis Nieto García fueron condenados a once años de prisión por homicidio y lesiones; José Antonio Nieto, a tres años por lesiones. Gabriel Rodríguez Medina y Miguel Cebrián, a seis meses por homicidio -ya que eran menores de edad- y dos años por lesiones graves con alevosía para Medina. Una enfermedad mental redujo la pena de Cebrián a seis meses.

Los otros Bateadores la tuvieron más sencillo: por un delito de lesiones fueron condenados a seis meses de prisión: Miguel Fernández Marín, Fernando Pita da Veiga Corral y Emeterio Iglesias.

José María Nieto García y Pablo Calderón Fornos no fueron juzgados por no tener la edad penal de dieciséis años, cuando mataron a José Luis Alcazo.

Los bateadores del Retiro

El 13 de septiembre, a las nueve y media de la noche, José Luis Alcazo, de 25 años, licenciado en Historia, paseaba con varios amigos por el parque del Retiro.

Luis Francisco Canicio y Jesús Oyamburu iban delante. José Luis Alcazo, Marisol, Mariela y Luciano se mantenían un poco rezagados.

Sin previo aviso, aparecieron de entre los árboles varios jóvenes armados con bates y palos. Eran niños bien, quinceañeros de pelo muy corto y ropas correctas.

Canicio y Oyamburu fueron apaleados y José Luis, que salió en defensa de su amigos, acabó muerto. ¿Por qué fueron atacados? Por su indumentaria, su pelo largo, las barbas, los pantalones vaqueros y la vestimenta informal.

Aquél era un barrio poblado por cachorros "ultraderechistas", siempre dispuestos a "limpiar" su Retiro.

Así lo explicarían los defensores de la Banda de los Bateadores en el juicio, tres años más tarde: "Ante el caos del Retiro, que estaba lleno de drogadictos, homosexuales y delincuentes, varios de los cuales habían agredido a unos amigos, estos muchachos cogieron sus objetos y se defendieron."

El asesinato

La declaración ante la Policía, el 20 de septiembre de 1979, del jefe de los Bateadores, Eduardo Limiñana Sanjuán, de dieciséis años en el momento del crimen, despejó cualquier incógnita.

La Policía le preguntó: -¿Participaste el día 13, en compañía de otros jóvenes, en una riña tumultuaria [?] en la zona del Retiro, en la que resultó muerta una persona y otras heridas?

-Sí, acudí junto con otros nueve conocidos al Retiro para realizar una "acción de hostigamiento" y "limpiar" la zona de drogadictos, homosexuales y delincuentes comunes, ya que en varias ocasiones habíamos sido asaltados por gentuza que nos robaban lo que llevábamos encima. 

Eduardo Limiñana Sanjuán relató su versión del crimen:

-A las nueve y cinco de la noche, aproximadamente, decidimos ir al parque del Retiro. Cinco del grupo tomaron sus palos. Yo no, porque ya tenía un bate de beisbol. 

Aquel atardecer cualquier persona que paseara por el parque y no encajara con los gustos de los jóvenes radicales podía convertirse en su víctima. Limiñana recuerda que uno de sus compañeros señaló a un grupo de jóvenes que caminaban en dirección a ellos, desde La Rosaleda. Eran José Luis Alcazo y sus amigos.

-Para no ser vistos -prosigue Eduardo Limiñana-, nos escondimos entre los árboles y arbustos.

Cuando el grupo que provenía de La Rosaleda llegó a nuestra altura, comprobé que eran seis o siete personas y creía que todos eran hombres. En ese momento, uno de mis amigos salió de entre los árboles y se dirigió al grupo contrario. 

Entonces, yo salí de entre los arbustos y me acerqué por detrás a uno de los que iban al final del grupo y le di un golpe en la cabeza con mi bate de beisbol. Otro chico me intentó arrebatar el bate, por lo que comencé a pedir ayuda. Grité: "¡Que me lo quitan!" Dos de mis compañeros le dieron por detrás varios golpes y dejó de asir el palo… mi bate de beisbol. 

Ya libre, me volví hacia el chico que había golpeado por primera vez y le propiné otro golpe, no recuerdo si en la cabeza o en los hombros. El tío se fue huyendo hacía La Rosaleda, por donde había venido.

"Luego, otro de ellos vino hacia mí. Se había logrado deshacer de quienes le estaban golpeando con sus palos. Me intentó golpear pero le esquivé y luego se dio a la fuga corriendo hacia la valla metálica que separa los jardines del Retiro del vertedero de basuras de la calle Poeta Esteban Villegas. 

Mientras corría, aquel tipo tropezó contra la valla metálica y siguió corriendo por la parte derecha, por un camino que también iba a dar al Paseo de Coches. En ese camino, a unos veinte metros de la valla, fue alcanzado por Gabriel Rodríguez Medina y Miguel Cebrián que comenzaron a darle golpes. 

Ángel Luis Nieto y yo nos unimos a ellos y también le golpeamos. Cuando yo llegué, el chico ya estaba en el suelo, recibiendo golpes de todos los que estábamos junto a él, a su alrededor; pero ignoro en qué sitio del cuerpo le pegué, ya que entre la oscuridad, el nerviosismo y que el joven caído se movía continuamente, no puedo saber en qué sitios le di. 

Recuerdo que hubo un golpe final, no sé sí mío o de otro, que hizo que se convulsionara repentinamente y quedara inmóvil.

José Luis Alcazo estaba muerto. Los Bateadores se marcharon corriendo.

Penas mínimas de cárcel

La mayoría de los Bateadores eran menores de edad cuando mataron a José Luis Alcazo. Eran hijos de altos mandos militares.

Fueron detenidos el 14 de septiembre de 1979 y el último de ellos obtuvo la libertad provisional en julio de 1980 tras el pago de 300.000 pesetas de fianza.

José Antonio Nieto, a pesar de no haber cumplido la mitad de la pena en prisión preventiva, no volvió a la cárcel. Eduardo Limiñana Sanjuán y Ángel Luis Nieto fueron internados en la cárcel de Zamora. Limiñana se incorporó al servicio militar en Ceuta tras más de dos años en prisión preventiva.

La sentencia por el crimen del Retiro relata cómo los Bateadores se escondieron y atacaron "por la espalda, inopinadamente y por sorpresa" a Canicio y Oyamburu, "lo que hizo que los agredidos ni siquiera pudieran pensar en la defensa, lo que caracteriza la agravante de alevosía".

El tribunal no apreció las agravantes de nocturnidad y cuadrilla solicitadas por el acusador. Fue descartada la alevosía en el homicidio porque Alcazo intervino "de forma legítima al intentar impedir la agresión a sus amigos".

Durante el juicio, el escrito de la defensa fue elocuente. Textualmente, hablaba del crimen con palabras heroicas: «Esta acción noble y altruista de los jóvenes procesados llevaba en sí un grave riesgo, incluso físico, para ellos.»

La vida tiene sus paradojas. El menor de los Bateadores, Pablo Calderón Fornos, catorce años en 1979, cayó en las cárceles de Tailandia. Calderón, ni siquiera juzgado por la Justicia española, tuvo que vérselas con los tribunales tailandeses. 

En 1982 fue condenado a 22 años por tráfico de heroína. El que pretendió "limpiar" tres años antes su parque El Retiro de drogadictos y delincuentes, se había cambiado de bando.

 

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