Pasar al contenido principal

Toy-Box Killer, torturar por placer

Foto(s): Cortesía
Redacción

Una mujer desnuda y con un collar de perro en el cuello corría calle abajo pidiendo ayuda en la localidad norteamericana de Truth or Consequences. Su cuerpo presentaba toda clase de cortes, moratones y laceraciones. Sus muñecas y tobillos completamente amoratados indicaban que había estado maniatada durante varias horas.


Mientras huía despavorida temiendo que sus captores la secuestrasen de nuevo intentó parar un automóvil, pero su conductora no quiso socorrerla. Fue entonces cuando Cynthia Vigil divisó una casa, aporreó a la puerta y se encontró con el matrimonio Breech.


Aún en estado de shock, Cynthia narró a la pareja el calvario sufrido a pocas manzanas del domicilio, en un remolque de tortura y a manos de David Parker Ray. El bautizado como ‘Toy-Box Killer’ construyó un búnker de castigo, su ‘Caja de Juguetes’, donde realizar prácticas sadomasoquistas con sus víctimas. Más de sesenta pasaron por allí. No lo hizo solo, su novia se convirtió en cómplice de cada vejación y crimen.


Entre pornografía y ‘bondage’


Nacido en Belén (Nuevo México, Estados Unidos) el 6 de noviembre de 1939, David Parker Ray fue un niño abandonado por sus padres. Aquel sentimiento de orfandad le persiguió toda su vida, además de la violencia y las agresiones desde una edad muy temprana. De eso se encargó su abuelo, quien se dedicó a cuidarlo de una forma nada convencional. Cada vez que el pequeño se portaba mal, ponía en práctica duros castigos físicos. Una violencia que empleó con él sin miramientos.


Aquella forma de aleccionar mediante palizas llevó a David a cambiar el modo de relacionarse con los demás. A ver los golpes como algo cotidiano y necesario. De ahí que consumiese pornografía dura y bondage desde adolescente, y a que viese en la tortura, la violación y el rapto de chicas comportamientos de lo más excitantes.


Tras divorciarse de su tercer matrimonio, llegaron los secuestros y las primeras víctimas.


El nacimiento de ‘Toy-Box Killer’


David era un hombre de aspecto un tanto pintoresco, de ahí que Truth or Consequences, de apenas seis mil habitantes, se quedase perpleja tras conocer las terribles torturas que ‘Toy-Box Killer’ perpetró en un remolque acondicionado de su propiedad.


Hasta que Cynthia Vigil se convirtiese en la superviviente del ‘Asesino de la Caja de Juguetes’, las autoridades estimaron que más de sesenta mujeres pasaron por este habitáculo de tortura y muerte. De hecho, tal era el interés de David por las mutilaciones que compró libros de anatomía humana y de tortura tanto física como psicológica. A partir de ellos, escribió su propio ‘Manual para el torturador’.


A lo largo de sus páginas, el asesino recordaba que “una mujer hará o dirá lo que sea para librarse [de la tortura]: patear, morder, gritar, amenazar, arañar, correr, mentir, ofrecer dinero, rezar, ofrecer sexo y esperar por una oportunidad”. Además, añadió una serie de “excusas típicas o historias tristes”.


Pero “no dejes que te engañe. Si vale la pena raptarla, vale la pena mantenerla cautiva. Debe ser sometida a hipnosis antes de que sea liberada. Nunca confíes en una cautiva encadenada”, escribía.


Cuando David se refería a la “hipnosis”, en realidad hablaba del famoso proyecto de control mental MK-Ultra que la CIA puso en práctica en los años cincuenta.


El secuestro de Cynthia


En los últimos años, Parker Ray no estuvo solo para acometer sus prácticas sexuales sadomasoquistas. Junto a él, su novia Cynthia ‘Cindy’ Lee Hendy se convirtió en su ayudante y máxima cómplice. En un terreno de su propiedad y al lado de su vivienda, la pareja acondicionó un remolque de camión, lo insonorizó e incorporó en su interior todo el instrumental necesario para los sacrificios.


‘La Caja de Juguetes’, como la denominaban, tenía un decorado de lo más tétrico. Del techo colgaba un candelabro con forma de cráneo, las estanterías estaban repletas de agujas, tenazas, pinzas y multitud de material quirúrgico. Al fondo del habitáculo había una cama obstétrica donde inmovilizaban a sus víctimas. También contaban con látigos, correas, cadenas, poleas, abrazaderas o sierras. Habían construido una auténtica ‘Caja de la Muerte’.


La última víctima que salió con vida de allí, Cynthia Vigil, jamás pudo olvidar las horas que pasó en compañía de David y Cindi. Eran las diez de la mañana del sábado 20 de marzo de 1999 cuando la joven, prostituta de profesión, caminaba en busca de algún cliente. Desde el otro lado la calle, David le hizo señas para que se acercase. Acordaron sexo oral a cambio de una cantidad de dinero y Cynthia se subió al vehículo.


Tras realizarle una felación, David sacó una placa de policía y la amenazó con detenerla. Intentó ponerle unas esposas, pero Cynthia se resistió hasta que Cindi la dejó inconsciente con una descarga eléctrica. Allí fue cuando la trasladaron a la casa, la desnudaron y le pusieron un collar de perro alrededor del cuello. Del techo sobresalían varios ganchos y cadenas. La encadenaron a una de ellas y le pusieron una grabación.


La cinta que sonaba era la propia voz del asesino. Le gustaba grabar discursos sadomasoquistas y también las torturas de sus víctimas. Unas cintas que, por cierto, fueron claves durante la investigación para conocer el número de víctimas aproximadas.


Durante treinta minutos, Cynthia supo lo que la esperaba. No solo la habían secuestrado sino que terminaría siendo violada, golpeada, vejada, torturada, mutilada y seguramente, asesinada. El rol que debía interpretar para sobrevivir era el de esclava sexual. Aquello sería su única salvación.


La primera parte de la tortura fue psicológica. David y Cindy le mostraron centenares de fotografías de mujeres encadenadas y sodomizadas. Tras aquello, comenzaron las descargas eléctricas durante varias horas. Al día siguiente, la llevaron a la habitación que llamaban ‘The Dirty Room’ (El Cuarto Sucio) donde la colgaron del techo mediante un sistema de cadenas y poleas. Una vez suspendida en el aire, le realizaron toda clase de abusos con juguetes sexuales y laceraciones con látigos y cuerdas. Lo peor estaba aún por llegar.


Cuando le nombraron ‘La Caja de Juguetes’, Cynthia sabía que aquello podía ser su fin. Que iba a morir. A la mañana siguiente y aprovechando que David tenía que salir de la casa y que su captora se había olvidado las llaves de sus cadenas en una mesa cercana, la joven intentó liberarse.


Cómplices y testigos


Pero cuando estaba a punto de conseguirlo, Cindi le pilló por sorpresa y comenzaron a forcejear. Fue una lucha a vida o muerte y Cynthia sabía que de ello dependía su vida. La secuestradora clavó un pica hielo en el cuello de la víctima pero ésta logró echar mano de una lámpara y rompérsela en la cabeza. A partir de ahí, la escena es la que describíamos al inicio: una mujer desnuda, ensangrentada y gritando auxilio en plena calle.


Cuando Cynthia relató al matrimonio Breech los hechos, llamaron inmediatamente a la policía. Tras ver a la mujer y recabar información de lo sucedido, enviaron una patrulla hasta la vivienda de David y Cindi. Pero no estaban. Les dieron el alto y procedieron a detenerles cuando buscaban a Cynthia. No querían dejar testigos de lo sucedido. Por suerte, la policía llegó antes y se encontró con todo el arsenal sadomasoquista, además de con diversas de grabaciones donde David relataba los métodos utilizados en cada tortura mientras Cindi amenazaba a las mujeres.


Tras la detención de la pareja, el FBI se hizo cargo de la investigación y comenzó a unir piezas de un puzzle que parecía no tener conexión. Sobre la mesa había varios cadáveres encontrados en el desierto, numerosas desapariciones inexplicables y algunas prostitutas que alegaban haber sido torturadas pero que no recordaban cómo les había ocurrido.


También se descubrió que David no solo contó con la ayuda de Cindi sino que tuvo dos ayudantes más. Su hija Glenda Jean y un tal Dennis Yancy. Entre los cuatro seleccionaban mujeres, la mayoría prostitutas, para que ‘Toy-Box Killer’ se divirtiese con sus juegos sádicos y sexuales.


Pese a la infinidad de pruebas recabadas y los testimonios en su contra, David Parker Ray seguía manteniendo su inocencia y achacando dichas mentiras a las supervivientes. Solo tres de ellas -Cynthia Vigil, Angelica Montano y Kelli Garrett- consiguieron sentarle en el banquillo junto a su novia Cindi Lee Hendy, Glenda Jean y Dennis Yancy.


Los dos últimos fueron acusados de conspiración en el asesinato de la novia de Yancy. Según la versión del joven, David le obligó a estrangularla después de violarla. Les condenaron a 36 años de prisión. En 2017 Glenda fue puesta en libertad y Dennis optará a ella en 2021. Por su parte, Cindi terminó colaborando con los investigadores aportando pruebas en contra de su pareja. El tribunal la sentenció por cómplice de asesinato a 36 años de prisión.


En cuanto a David Parker Ray se enfrentó a tres juicios. El primero fue declarado nulo porque el jurado popular no logró ponerse de acuerdo pese a los testimonios y las pruebas; el segundo tuvo que ser aplazado tras la muerte del juez; y el tercero, ya en abril de 2001, el acusado se declaró culpable tras llegar a un acuerdo con la fiscalía. Pidió cinco años de libertad condicional para su hija.


El tribunal le condenó a 223 años de prisión y aunque intentó retractarse de su confesión de culpabilidad alegando estar “nublado y confundido” por estar bajo los efectos de una potente medicación el día del acuerdo, el juez firmó el auto de sentencia. Tras el veredicto y justo antes de ser enviado al Correccional del Condado de Lea, David falleció de un infarto. El conocido ‘Toy-Box Killer’ se llevó a la tumba la cifra final de víctimas asesinadas.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.