Dicen que el amor es capaz de superar cualquier obstáculo, especialmente cuando hablamos de parejas asesinas. Los cónyuges que te presentamos a continuación fueron capaces de llevar a cabo las cosas más horrorosas con tal de mantenerse unidos.
Mientras para muchos un ramo de flores figura como detalle ideal para la persona amada, otros prefieren momificar el cadáver de su musa. ¿Quién necesita un Día de San Valentín cuando se puede festejar el amor todos los días en el infierno?
Estas perturbadoras historias donde se mezcla crimen y pasión provocarán que empieces a valorar tu soltería.
El caso “Barbie y Ken”
Esta pareja criminal oriunda de Canadá pasó a la historia con el mote de “los asesinos del Niágara”, aunque también son referidos como “Barbie y Ken”.
Llegaron a perpetrar al menos tres homicidios y protagonizaron múltiples casos de violación. Paul Bernardo y Karla Homolka figuran entre las parejas asesinas más extrañas de la historia.
Cuando Bernardo y Homolka se conocieron, fue amor a primera vista, y al poco tiempo descubrirían que ambos eran partidarios del sadomasoquismo.
Durante toda la relación, Bernardo jamás ocultó su profundo odio por las mujeres, especialmente por aquellas que habían sido víctimas de violación. Homolka se convirtió en una especie de títere al que, supuestamente, Bernardo manipulaba para cometer los crímenes.
De hecho, durante su declaración a la policía aseguró que el abuso del cónyuge fue lo que la orilló a cometer actos tan violentos, aunque la veracidad de estas afirmaciones no está del todo clara.
Frenesí asesino
Después de contraer matrimonio, Bernardo se llenó de ira por no haber sido el primer hombre en estar con Homolka, y como una forma de compensarlo ella ofreció la castidad de su hermana Tammy, de apenas 15 años.
Ambos drogaron y ultrajaron a la joven, para después dejarla ahogarse en su propio vómito hasta morir. Lograron que aquello pareciera un accidente, pero el atroz crimen despertó en la pareja un deseo incontrolable por matar y violar.
Con total complicidad, ambos organizaron cacerías de jóvenes a las que ultrajaban y, a veces, terminaban matando.
Era toda una tradición que se filmaran cometiendo sus crímenes. Bernardo fue capturado cuando una muestra de ADN recuperada de una joven asesinada terminó coincidiendo con el suyo, motivo por el que lo condenaron a prisión perpetua.
Sin embargo, Homolka llegó a un acuerdo con la justicia canadiense por su colaboración para implicar a Bernardo que, en este punto, la abusaba y maltrataba constantemente.
Desafortunadamente para las víctimas, Homolka fue condenada a tan sólo doce años por cargos de homicidio involuntario, por lo que las filmaciones de sus crímenes no se hicieron públicas hasta el acuerdo con el fiscal.
Actualmente está libre y goza de una vida completamente normal en Montreal.
Myra Hindley y Ian Brady
Esta pareja llevó a cabo una serie de homicidios que pasó a la historia como los asesinatos de los páramos (Moors Murders), mote que hace referencia a la ubicación en Inglaterra donde fueron encontrados los cuerpos de las víctimas.
La historia de esta pareja asesina es un enigma incluso para los más experimentados criminalistas. Ian Brady, un sujeto solitario que vivía obsesionado con los nazis, cortejó a la malhumorada Myra Hindley y ella cayó rendida a sus pies.
Brady no tuvo reparo en presentar a Hindley los ideales del nazismo y la idea del “crimen perfecto”.
Los asesinos del Páramo
Para 1963, perpetraron su primer homicidio con una chica de 16 años vecina de Hindley. Desde entonces, su actividad criminal entró en frenesí. Brady se encargaba de elegir a las víctimas, Hindley las atraía a su automóvil y, finalmente, él se encargaba de abusarlas y asesinarlas.
Cada una de las víctimas fue sepultada en el páramo Saddleworth, en las inmediaciones del condado Gran Mánchester, en Inglaterra.
Brady jamás proporcionó la ubicación exacta de las tumbas, ni siquiera después de su captura. Una vez que la pareja fuera delatada por un cuñado de Hindley, se negaron a decir una sola palabra en el tribunal.
Tras ser sentenciados a cadena perpetua, siguieron comunicándose por correspondencia, hasta que Hindley aseguró que había sido coaccionada para participar en los crímenes. Sin embargo, las investigaciones apuntaban a que Hindley era la mente maestra y era tan culpable como su cónyuge.
Durante el juicio, el juez llegó a declarar que ambos no eran más que “dos asesinos sádicos y extremadamente depravados”.
Bonnie Parker y Clyde Barrow
Los dos se conocieron en Texas en 1930, y con un pequeño grupo de amigos comenzaron a robarle a personas. Asesinaban a cualquiera que intentaba intervenir, por lo que la mayoría de sus víctimas eran policías.
Cuando finalmente fueron capturados en Louisiana en 1934, la policía los mató a tiros cuando intentaban escapar.
Faye y Ray Copeland
En 1990, los Copeland fueron condenados por matar a cinco hombres que habían contratado para trabajar en su granja a fines de los años 80.
Un hombre que logró escapar le dijo a la policía que sabía dónde estaban enterrados los cuerpos en la casa. En ese momento, los Copeland eran la pareja de mayor edad en ser condenada a muerte en Estados Unidos: Faye tenía 69 años y Ray tenía 76.
Sarah Jane y John Makin
En la década de 1890, los Makin tenían una "granja de bebés", lo que significaba que aceptaban bebés no deseados a cambio de que les pagaran. Más tarde, un hombre encontró varios cadáveres de bebés en una coladera cercana, uno de los cuales fue reconocido por la hija de los Makin, por lo que denunció a sus padres.
Ambos fueron condenados por asesinato: John fue ahorcado en 1893 mientras Sarah Jane cumplió 19 años en prisión.
