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Quiechapa: masacre a quemarropa

Foto(s): Cortesía
Redacción

- ¡Tú, viejo maldito, siempre estás chingando! - le espetan a José Barriga, comunero de San Pedro Mártir Quiechapa. La tensión va en aumento conforme intercambian pareceres. Los hombres están frente a frente en un paraje conocido como La Reja situado entre árboles de encino, distante apenas poco más de un kilómetro de la población, cuesta arriba.


El grupo armado de Santiago Lachivía fue alcanzado por los pobladores de Quiechapa. "¿Qué hacen en nuestras tierras? ¡no tienen porque andar aquí!", recriminan.


"-¡Aquí nos vamos a apoderar del ojo de agua a como dé lugar!" - grita uno de los pistoleros. El presidente del Comisariado de Bienes Comunales de Lachivía, Mario Ramos Ávila, desenfunda su arma y sus acompañantes apuntan contra los de Quiechapa.


José Barriga, de 65 años de edad, está de pie a sólo dos metros de los invasores; sin mediar palabra, una bala fulminante entra por su pecho y le causa la muerte al instante. Estallan los disparos a quemarropa.


La huída


Los habitantes de San Pedro Mártir Quiechapa corren, huyen de las ráfagas de armas de fuego.


Martín ve “doblarse” - caer – primero a dos, a los que estaban más cerca de los agresores armados de Lachivía, corre cuesta abajo y, luego ve caer a otros dos. Mira el tronco de un árbol tendido sobre el suelo y decide tumbarse a su costado para cubrirse de las balas, pero antes una golpea en el hombro derecho y lo obliga a desplomarse.


El resto continúa la huída, los pistoleros los siguen, las balas rozan los árboles de encino, los hieren. Los disparos se prolongaron por más de 20 minutos, los agresores descargaron sus armas. Martín permanece quieto, se cubre con el tronco, la bala le ha tocado el hueso del hombro, el dolor es intenso y empieza a paralizar la mitad de su cuerpo.


Armas poderosas


“Rociaban, era rifle grande, puro rifle automático. Tardaron como unos 20 minutos, ese fue el tiemp que duró el fuego, siguieron disparando, subieron y descargaron sus armas, nomás soplaban las balas para abajo. Yo pensé, ya nos acabaron, creí que iban a regresar a acabarme”.


Después silencio. Espera; en su refuigio Martín tiene temor que los de Lachivía regresen a terminar con él. Trancurren dos, tres o cinco minutos, quizá más.


Herido, se levanta, ve los cuerpos de cuatro de sus vecinos y amigos tendidos sobre el suelo, camina con difucultad y se interna por una vereda, el dolor le impide trasladarse más rápido, toma rumbo hacia la carretera que no está muy lejana. Una vez abajo, en la entrada del pueblo, se encuentra con sus vecinos, le ofrecen ayuda, demanda que auxilien a los demás, a los heridos que hay peores que él.


Los adolescentes muertos




Funeral de Alexander Montes Aguilar, joven de 16 años muerto en el ataque. FOTO: Mario Jiménez

En la balacera mueren dos jóvenes de 16 y 17 años, Alexander Montes Aguilar y Adalberto Montes Aquino. Nataneal Barriga de 40 años de edad, hijo del presidente de Bienes Comunales de San Pedro Mártir Quiechapa, también cae abatido, al igual que don José Barriga.


La ayuda oficial nunca llegó. Es el día de descanso de la médico de la casa de salud del municipio, pero llega a trabajar porque la enfermera no se da abasto con los heridos.


Las autoridades municipales deciden trasladar a las víctimas en vehículos particulares rumbo al hospital de Miahuatlán de Porfirio Díaz, distante a una hora y media. La mitad del camino es de terracería, muchos tramos son de difícil transitar. La ambulancia área no llega, sólo el helicóptero en que observa la encargada de la Secretaría General de Gobierno (Segego), María del Carmen Ricárdez Vela, para la foto; la ayuda prometida tampoco llega.


II




Algunas balas aún quedan en la zona, los pobladores de Quiechapa huyeron cuesta abajo, pero la mayoría fue alcanzado por los disparos. FOTO: Mario Jiménez

Dos leñeros avanzan como cada día rumbo al bosque a cortar leña, son cerca de las 8:30 horas de la mañana. Alrededor de 40 hombres armados y a pie los interceptan en un paraje conocido como El Mirador y les niegan continuar sel avance; los leñeros regresan rápidamente al palacio municipal para reportar lo sucedido a sus autoridades.


Media hora después, aproximadamente a dos kilómetros de ahí, los regidores del ayuntamiento de Quiechapa, María de los Ángeles y Casimiro Montes, son amagados por otro grupo armado de Santiago Lachivía. Los concejales, quienes revisaban los trabajos de rastreo en el paraje El Ojo de Agua, reportan por radio lo que sucede, los escuchan en el palacio municipal. Los pistoleros pretenden retirar los radios, pero María de los Ángeles guarda los aparatos debajo de su pantalón.


Grupos armados alrededor del pueblo




Huellas de los disparos sobre los árboles de encino. FOTO: Mario Jiménez

El presidente municipal de San Pedro Mártir, Luis Juárez Pérez, se encuentra en el campo, alejado de la población. Por radio demanda se solicite ayuda a la Policía Estatal y al destacamento de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Eufrosina López, suplente de la regidora de Salud, queda en el Palacio Municipal al tanto del teléfono ante cualquier llamado de las fuerzas de seguridad pública.


La información sobre la presencia de grupos armados en los alrededores del pueblo se esparce de inmediato. Comuneros, pobladores y autoridades municipales se concentran en el palacio municipal, se informa que los sujetos armados van cuesta arriba, hacia la “cuchilla” del cerro, trazo natural que los habitantes de Quiechapa reconocen como sus límites territoriales.


Un grupo inicial de cerca de 10 personas decide alcanzar a los sujetos armados de Lachivía, después se les suman otros 10; el presidente municipal da la orden de que nadie vaya armado para evitar una confrontación.


La gente de Lachivía es alcanzada en el paraje La Reja. Nada resultó bien, tras discutir, los de San Pedro fueron agredidos a balazos: cinco personas murieron, ocho resultaron heridos y de estos, tres son reportados como graves.


Los policías y los integrantes del Ejército Mexicano llegaron mucho después de la masacre.


III


Santiago Lachivía y San Pedro Mártir Quiechapa mantienen un añejo conflicto agrario de más de 40 años por la disputa de alrededor de dos mil 600 hectáreas; eran más, pero estos últimos decidieron ceder algunas tierras para terminar con la disputa. Pero no fue suficiente.


El edil Luis Juárez sostiene que el trasfondo es la intención de Lachivía por explotar la madera y por la destrucción de plantíos de amapola que la Sedena ha combatido en tierras de esa agencia municipal.


IV


Martín pide no revelar su nombre ni mostrar su rostro. Le cuesta respirar y acostarse, su brazo cuelga de un pañuelo rojo, se improvisó un cabestrillo. Los rumores se esparcen rápidamente: en Quiechapa se afirma que la gente de Lachivía huyó hacia El Camarón, localidad del distrito de Yautepec, para adquirir más armas, montar vigilancia con camionetas eimpedir el acceso de cualquier integrante de las fuerzas de seguridad del Estado.


Su familia lo rodea, tienen miedo que regresen y lo busquen para rematarlo. “El pueblo necesita protección. Esa no es gente, es animal”, dice Martín.


Demandas de la población


Justicia contra los asesinos de cinco personas y responsables de herir a ocho más. Señalan directamente a la población de Santiago Lachivía y al Presidente del Comisariado de Bienes Comunales, Mario Ramos Ávila, de encabezar el grupo armado.


Demandan protección. Consideran que la presencia de 12 policías estatales e integrantes del Ejército Mexicano no son suficientes para garantizar su seguridad.


Exigen al gobierno del estado una solución definitiva al conflicto entre Quiechapa y Santiago Lachivía.


Reclaman la reparación del daño para las familias de las víctimas.


Exigen apoyo para los heridos de bala, que a causa de ello no pueden realizar sus labores.


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