LOMAS DE SAN JACINTO, Santa Rosa Panzacola, Oaxaca.- En la galera, las noches son frías y por las ventanas sin cristales entra la neblina que oculta al Cerro del Fortín; desde el martes 29 de agosto de 2017, la familia Martínez vive en este edificio insalubre que les fue asignado como albergue provisional al perder su hogar durante la tormenta de aquel día; pero en el interior, las bajas temperaturas y el agua se cuelan.
Doña Cecilia Martínez comentó que su hogar, la casa número 8 del andador Las Rosas de la calle Camino Nacional, fue el único afectado por la tempestad que cayó ese martes en el sector 7 de Lomas de San Jacinto... "y las cosas siguen igual; Protección Civil ya me dio el dictamen, pero dicen que la prioridad es el Istmo de Tehuantepec".
Doña Cecilia agregó: "Fui a la agencia de Santa Rosa Panzacola porque darían un apoyo que autorizó el presidente municipal, pero me corroboraron que sólo sería para los sectores 5 y 6; ¿y nosotros que salimos afectados desde agosto, qué hacemos?"
La afligida mujer destacó que este 29 de septiembre se cumplieron 32 días de vivir en la galera.
La señora precisó que su familia habitaba su hogar desde hace 27 años; "solamente necesitamos el apoyo para reconstruir nuestro hogar, era humilde, pero ahí hemos vivido por décadas".
Finalmente, precisó que las condiciones del albergue son pobres y que el pequeño de la familia es el más afectado por el tiempo de lluvias.
Albergue, inhóspito
Más de 30 días llevan viviendo en un albergue insuficiente e insalubre. FOTO: Javier Jarquín
Algunas ventanas no tienen vidrios y están cubiertas con plásticos y mantas; en los techos y las paredes hay filtraciones que gotean y encharcan el interior del albergue... "cuando llueve tenemos que estar sacando el agua para que no se moje lo que nos queda", precisó Patricia Loaeza Martínez, hija de doña Cecilia.
Patricia destacó que en el albergue no hay baños para realizar sus necesidades, ni acceso a agua potable; para obtenerla deben acarrear el líquido desde su hogar caído, donde también acuden a realizar sus necesidades fisiológicas.
"A nosotros sólo nos dieron colchonetas y cobijas para soportar el clima; durante más de un mes hemos impedido que se inunde la galera, es donde realizan los sectores de la colonia sus reuniones, pero no es un lugar para vivir", lamentó Patricia, sobre la mayor preocupación que tiene: la salud de su hijo de tres años, Mateo.
"Era de lámina, pero era una casa digna; las lluvias continúan y siguen moviendo la tierra del terreno; la vecina de abajo nos avisó que teme que el deslave pueda alcanzar su patrimonio; la tierra está en el aire", finalizó la madre, quien trabaja como guardia particular en el hospital regional Presidente Juárez.
Solidaridad vecinal
Protección Civil sólo realizó las evaluaciones y el dictamen. FOTO: Javier Jarquín
Patricia Loaeza destacó que en los días siguientes de la tragedia, los vecinos les regalaron comida y pocos víveres para sobrellevar la pérdida; "también nos regalaron trastes y cacerolas, porque con la casa se nos fueron varias de nuestras pertenencias".
En contraste, la madre de Mateo comentó que Protección Civil sólo evaluó los daños y el dictamen, pero ninguna autoridad municipal visitó a los afectados para revisar el proyecto de reconstrucción del hogar o las condiciones del albergue.
"Sabemos que las prioridades son las del sismo, entendemos que hay personas con daños más graves; pero, ¿hasta cuándo seguiremos así?", lamentó Patricia.
Mateo, enfermo de frío y tristeza
El pequeño Mateo observa desde la ventana de la galera el paisaje nublado de Lomas de San Jacinto; moquea, estornuda y tose, porque desde hace una semana, la fiebre y la gripa lo enfermaron.
Mateo tiene sólo tres años de edad y desde hace más de un mes vive con los pocos juguetes que le quedaron, pero además de este aburrimiento, también lamenta estar alejado de Chela, una perra mestiza que vive en la casa que cayó por el deslave de la tierra que hubo en el terreno.
El pequeño aún no ingresa al preescolar y la mayor parte del tiempo la tiene que pasar dentro del albergue con sus padres y cuando ellos trabajan, con su abuela, doña Cecilia.
Para realizar sus necesidades sanitarias tienen que caminar hasta el domicilio inhabitable. FOTO: Javier Jarquín
"Cada que vamos al baño o por agua, entristece porque ya no hemos regresado a casa y también porque Chela se queda ahí y con ella jugaba mucho", comentó Patricia Loaeza, quien destacó que la salud de su hijo no mejora por el ambiente frío y húmedo del interior del albergue.
