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Señalan una posible “catástrofe generacional” si no regresan las clases presenciales

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

La profundización de la deserción escolar, trabajo infantil y embarazo adolescente, son parte de los riesgos que enfrentarán las niñas, niños y adolescentes (NNA) de no volver a las aulas en el menor tiempo posible. Lo que viene sería una catástrofe generacional, señaló Juan Martín Pérez García, coordinador de Tejiendo Redes e Infancias en América Latina y el Caribe.


“Tenemos que regresar, eso es una prioridad, un principio. Naciones Unidas están insistiendo en el retorno, pero debe ser un retorno gradual, seguro y sin discriminación, esto implicaría que es voluntario. Cuando hablamos sin discriminación, nos referimos a que es obligatorio que el estado garantice condiciones de internet, conectividad para las clases a distancia en aquellas familias en donde no es posible que el niño regrese por el riesgo que representa para personas con padecimientos crónico-degenerativos o adultas mayores que muchas veces fungen como tutores”, dijo.


El especialista en derecho de la niñez explicó que el hablar de una catástrofe generacional implica perder el sentido de una generación, es decir no saber si habrá un proyecto a futuro desde lo más básico, como poder terminar la escuela.


“Esta generación cooptada por la COVID, olvidada por las personas adultas, va a tener pérdida de sentido. Esto puede tener muchas implicaciones en términos de su salud mental, la posibilidad de pensar en un proyecto de futuro. Ahora mismo, si las personas adultas tenemos incertidumbre, imaginemos a ellos que no saben si van a poder terminar sus estudios, tener una profesión o una posibilidad de conformar una familia, tener una casa”, expresó.


Al plantear la necesidad de regresar a las aulas manifestó que es fundamental que para el retorno a las aulas cada territorio lo haga conforme a su semáforo epidemiológico y sus propias circunstancias lejos de definiciones globales.


Con una predominancia de municipios indígenas y rurales, Oaxaca tiene condiciones específicas que desde el inicio de la pandemia hasta el momento se encuentran invisibles, indicó.


“No se les ha podido reconocer y mirar, pero por otra parte tienen las peores condiciones sanitarias en términos de hospitales, posibilidades de moverse en casos de emergencia y evidentemente tienen una alta presencia de niños y niñas con un 35 por ciento de su población, por arriba del estándar internacional que es del 30 por ciento. Todo esto no ha sido reconocido y se han dado medidas nacionales, urbanas y bastante occidentalizadas”.


Basado con datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (Inegi) indicó que en todo el país hay 5.3 millones de NNA fuera de la escuela, la mitad por temas económicos.


“Los estados abandonaron a niñas, niños y adolescentes en la pandemia, no desarrollaron estrategias de información específica, se generó esa infodemia de que eran casi inmunes y no se les acompañó preventivamente. Todo ha sido una definición desde el mundo adulto. El retorno a la escuela también es una definición de los intereses de adultos”, destacó.


 


"Si las personas adultas tenemos incertidumbre, imaginemos a ellos que no saben si van a poder terminar sus estudios, tener una profesión o una posibilidad de conformar una familia, tener una casa”. Juan Martín Pérez García, coordinador de Tejiendo Redes e Infancias en América Latina y el Caribe.


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