Pasar al contenido principal

Reciclaje inclusivo en Oaxaca: obreros con derechos

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

HUAJUAPAN DE LEÓN, Oaxaca.- Tiene la habilidad de sacar el cobre y metales de los cables como quien pela verduras o frutas. En vez de un rallador, usa una cuchilla. A esa acción, Wendy Flores y sus 30 compañeras y 25 compañeros recicladores le llaman “metalear”.


Si estuvieran en un tiradero a cielo abierto no habría tiempo de ese trabajo a detalle bajo la sombra, si acaso de acumular cables, llevarlos a casa y prenderles fuego para desnudarlos del plástico.


Pero en el Centro Integral de Tratamiento de Residuos Sólidos (Citreso) de este municipio, las cosas para quienes trabajan con los residuos sólidos urbanos, son diferentes.


El trabajo se divide en dos turnos, con dos bandas cada una. Araceli Salazar, jefa de una de ellas, recuerda que antes de 2013, cuando aún no se abría este centro, pepenaba entre la basura que se tiraba a cielo abierto en la barranca San Miguel, sin ningún tipo de tratamiento.


No veía un pago a la semana, sino al día, 120 pesos a lo mucho si vendía plástico, cartón o fierro, cantidad que ahora calcula se ha incrementado a 200 pesos porque aquí se separa también el tetrapack.


¿Qué es el Citreso?

El Centro Integral de Tratamiento de Residuos Sólidos del municipio de Huajupan de León.

Al día ingresan 40 toneladas de residuos

Se aprovecha el 17.5 por ciento

¿Qué residuos se extraen de la basura?

Vidrio

Cartón

Tetrapack

Plástico duro y blando

Metales

PET

Materia orgánica para composta


 


Conjuntan esfuerzos


Para la profesora investigadora de la Universidad Tecnológica de la Mixteca, Corina Cisneros Cisneros, una de las iniciadoras del proyecto que se implementó en 2013, el éxito radica en “mejorar las condiciones sociales” de quienes trabajan con los residuos.


Esa visión empieza desde el lenguaje. Se les dejó de llamar pepenadores y ahora se les nombra recicladores. Pero no todo se quedó en categorías. Para hacer a un lado la desigualdad, empezaron a trabajar de manera organizada y en condiciones de seguridad.


Ello fue posible cuando en 2013 la asociación Solidaridad Internacional Kanda (SiKanda) suscribió un acuerdo de colaboración con el municipio de Huajuapan de León, la Universidad Tecnológica de la Mixteca y los recicladores locales.


El trabajo en conjunto fue tal, que en 2015 el proyecto obtuvo el Premio Nacional a la Excelencia Municipal, dando pie a que una representación presentara su experiencia en el Foro de la Organización de las Naciones Unidad (ONU) sobre Desarrollo Económico Local, realizado en Turín, Italia.


El reciclaje de PET (polyethylene terephthalate por sus siglas en inglés) se quintuplicó, al pasar de cinco toneladas mensuales a 25 y por ende los ingresos pasaron de mil 600 pesos dos mil 800 mensuales para cada reciclador.



Academia, Sikanda, autoridades y los más importantes, los recicladores, trabajan juntos desde hace cuatro años. FOTO. Emilio Morales

La investigadora Cisneros y el director del Citreso, Martiniano Hernández Cortés, coinciden cuando destacan que el proyecto se mantiene porque se conjuntan esfuerzos de las autoridades municipales, la academia y la parte social con alumnos del equipo Enactus de la UTM, una organización civil y los recolectores que en mayo ya se aglutinaron en el Centro Integrador de Esperanza Mixteca (CIEM).


El municipio se encarga de toda la parte operativa para que el centro funcione todos los días y reciba 40 toneladas diarias de residuos, tanto de la cabecera municipal, como de sus 30 agencias.


Trabajo organizado


Toda la basura se descarga en una nave industrial; mediante maquinaria se vierte en dos tolvas que conducen a una banda transportadora para cada una.


El trabajo más pesado es picar las tolvas o llenar los contenedores de desecho; por eso, Araceli, jefa de una de las bandas, las organizó para que dos de los cinco hombres de su grupo armaran dos pacas de cartón, y el resto “metaleara” junto con las nueve mujeres del equipo.


En ese equipo están Guadalupe y su esposo Floriberto Cruz Rojas; él no habla, sólo usa la mano izquierda; el brazo derecho y la pierna derecha están paralizados, por los efectos de una embolia.



Una maraña de metal extraída de cables, tras un trabajo fino. FOTO: Emilio Morales

Ella habla por ambos y recuerda que hace 18 años se casaron y tres años antes de que a Floriberto le diera esa embolia, ella empezó a pepenar latas de aluminio en las calles, algo que ya sabía porque era hija de recicladores que hacía su tarea en las calles; pero si mucho lograba sacar 30 o 50 pesos diarios.


Habían pasado seis meses cuando Floriberto la siguió y juntos se fueron a trabajar al tiradero de la Colonia El Mirador, donde estuvieron hasta que se cerró y luego se fueron a la barranca San Miguel, esa que se llenó de tanta basura, cuyos lixiviados se infiltraban o llegaban al río Mixteco, principal cuerpo de agua que alimenta la presa Yosocuta.


De entre todos los recicladores, ella es quien ve más ventajas en este proyecto de la gestión de los residuos sólidos: trabaja medio turno y a cambio recibe lo mismo que le pagarían por hacer el trabajo doméstico en una casa durante todo el día.


Su esposo Floriberto, a pesar de sus condiciones físicas, tiene un trabajo que, como para el resto de recicladores, les empieza a dar una condición social distinta en la que deja de predominar la ley del más fuerte y las desigualdades en el trato.



Despojarse de riesgos y adquirir derechos. FOTO: Emilio Morales

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.