Alejandra Grisel Canseco aún no concibe lo que le pasó; su rostro luce desencajado cuando recuerda que en el hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) falleció su bebé, después de una cirugía; pero lo más grave fue que personal de esta institución le entregó un cuerpo que no era el de su hijo y después de enterrarlo, recibió una llamada: “Usted disculpe, nos equivocamos de cuerpo”.
El pasado 31 de agosto, Grisel acudió alrededor de las 19:00 horas a urgencias del hospital general del IMSS, por dolor y sangrado que presentaba a sus 22 semanas de embarazo (6 meses), cuando después de varios minutos de espera, en su chequeo, las enfermeras le dijeron que se trataba de “pipí con algo de sangre”.
No recuerda cuánto tiempo pasó para ser valorada por un ginecólogo, después para ser internada y luego para ser intervenida porque era necesario, presuntamente por desprendimiento de placenta, y sin una explicación clara de lo que le pasaba.
Según relata, poco antes de la media noche de ese mismo día la operaron, casi cuatro horas después de su valoración médica, y una hora más tarde le informan que “el producto”, dado que aún lo consideran un feto, no había sobrevivido.
Grisel no entiende cómo pasó su tragedia, pues todavía recuerda que en el ultrasonido previo a la cirugía, observó que a su bebé, quien llevaría el nombre de Asciel, le latía el corazón.
El parte médico cuando la dieron de alta del hospital.
Dolor e impotencia
Con el dolor de la cirugía y la ilusión de tener a su primer hijo en brazos, a Grisel le mostraron el cuerpecito de su pequeño.
Explica que lejos de recibir una explicación sobre lo que pasó, un médico, de quien no recuerda el nombre, la hizo sentir como la responsable de la muerte de su hijo porque no tomó los cuidados respectivos; “te hacen sentir culpable, que fue tu negligencia”.
Pero, asegura, no le dijo exactamente la causa, sino "que fue posiblemente por infección y que no me cuidé; que por los miomas que padezco y por tiroides”.
Sepulta a un bebé ajeno
Después de todo este proceso, otro padecer vendría para Grisel y su familia. Ella, por estar delicada de salud, no pudo siquiera enterrar a su bebé; de ello se encargó su mamá, desde los trámites en el hospital, como en el Panteón Jardín.
El trato que recibió de la trabajadora social Guadalupe Sánchez, a quien atribuyen la negligencia de haber entregado el cuerpo de un bebé que no era el suyo, desde el inicio fue prepotente, indiferente e incluso insensible al dolor por el que atravesaba la familia.
El 2 de septiembre pasado, sin dejar que revisaran el cuerpecito, con premura, bajo el argumento de que ya no tenían espacio en el nosocomio, le entregaron a Asciel, quien fue sepultado ese mismo día a las 15:00 horas.
Pero su sorpresa fue más grande cuando en la tarde-noche, la misma trabajadora social les requirió el cuerpo del bebé que se les entregó "porque había una confusión y les entregaron el equivocado".
“Si el papá del bebé que enterramos no se hubiera dado cuenta de la equivocación, nosotros ni por enterados; imagínense el dolor de la otra familia y la trabajadora del hospital te dice que hubo una confusión; pero con sólo regresar el cuerpo el asunto está arreglado, ella se lava las manos prácticamente”.
Después de un mes
El verdadero cuerpo del bebé de Grisel permaneció en el hospital, pero pasó por lo menos un mes para que todo este padecer terminara, pues primero le practicaron una prueba de ADN, y después se hizo la exhumación de los restos del bebé que enterraron de manera equivocada para entregarlo a su verdadera familia, quién ni siquiera pudo comprobar si era el suyo, pues ya estaba en malas condiciones.
El lunes 25 de septiembre concluyó la serie de trámites ante el hospital y el 28 del mismo mes, después de casi un mes, por fin le entregaron el cuerpo de su verdadero hijito, a quien le dieron sepultura.
Grisel presentó la denuncia penal contra quien o quienes resulten responsables; aunque lo único que busca es hacer eco para que un caso como el suyo no se repita.
