No era ni mediodía, cuando a Centéotl y Eneida, un hombre las amenazó con un clavo para robarles el celular. Ambas adolescentes caminaban cerca de las vías, a un costado de su escuela secundaria número 64.
Escuela Secundaria Técnica número 64
Fundada el 15 de octubre de 1973
Ahí estudian mil 338 alumnos: 645 hombres y 693 mujeres
Funciona en dos turnos: matutino y vespertino, con 18 grupos cada uno
36 grupos de alumnos tiene en total
Cuenta con una plantilla de 130 personas
Centéotl fue la que más temor sintió; “creí que nos iba a hacer algo más”, recuerda y la voz se le debilita, juega sus manos delgadas y la mirada tras sus anteojos se entristece.
Era el 10 de mayo y las dos fungieron como edecanes para recibir a las mamás que llegaron al festival. A las 11 de la mañana salieron de la escuela a comprar a una tienda de autoservicio y al volver, Centéotl notó que un hombre las seguía.
El ciclo pasado invirtieron 420 mil pesos para construir cinco nuevas aulas. FOTO: Emilio Morales Pacheco
De nada sirvió apurar el paso, el hombre abrazó a Eneida y un clavo se convirtió en un arma; enterrarlo en el cuerpo de la adolescente, fue la amenaza.
Solución, detenida
Para el director de esta secundaria, Perfecto Pérez Vásquez, la vigilancia que brindan cuerpos policíacos en esa parte de la colonia Vicente Suárez existe, pero es muy esporádica y no disminuye el riesgo al que se enfrenta el alumnado, sobre todo del turno vespertino, cuando la luz del sol y la iluminación artificial escasean.
Ser asaltados, el riesgo más común para los estudiantes. FOTO: Emilio Morales Pacheco
Eliminar el turno vespertino y trabajar en horario mixto es la solución que vislumbraron desde ciclos atrás, pero no se ha podido implementar por falta de apoyo institucional; a la escuela le faltan aulas.
En el ciclo escolar pasado, lograron reunir 420 mil pesos y construir cinco nuevos salones. Acondicionaron otros cinco para que en el laboratorio se puedan brindar las clases de ciencias.
El aula de medios y la audiovisual, así como la biblioteca y el taller de ofimática, también se convertirán en salones de clases, pero faltan butacas y todo el mobiliario.
Así, disponen de 12 nuevos espacios, pero faltan otras seis aulas para cambiar de horario el turno vespertino.
Horario mixto, una solución aplazada por falta de aulas. FOTO: Emilio Morales Pacheco
Bajas en el ciclo escolar:
Hombres: 10 en primer grado y 5 en segundo grado
Mujeres: 7 en primer grado, 11 en segundo grado y 5 en tercer grado
Promesa olvidada
A principios de septiembre de 2017, antes de los sismos, del Instituto Oaxaqueño Constructor de Infraestructura Física Educativa (Iocifed) les anunciaron que iniciaría la construcción de esas aulas, pero la promesa se esfumó.
“No sé qué pasó con el dinero ni cuánto iban a invertir, pero no lo han hecho”, dice un directivo, cansado de enviar oficios al Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) para pedir apoyo.
Las gestiones iniciaron tres años atrás y la respuesta ha sido la misma: nada. Nuevamente, con el apoyo de padres y madres de familia, la escuela destinará 146 mil 160 pesos para adquirir el mobiliario.
Cambio a medias
Están decididos; el próximo ciclo escolar se implementará el horario mixto con los 12 grupos de primer y segundo grado del turno vespertino, pero los de tercer grado se quedarán rezagados.
Ese alumnado todavía tendrá que venir en la tarde; no tenemos aulas, los grupos son de hasta 40 alumnos
Esa saturación es, en opinión de la maestra Kharine Santiago Martínez, un punto en contra para que alumnos se concentren en sus clases, eviten distraerse o agobiarse por el calor de estos días.
Contrario a zonas rurales donde faltan alumnos, la maestra Kharine Santiago Martínez explicó que en esta secundaria, los grupos son de 38 o 40 alumnos. FOTO: Emilio Morale Pacheco
Pero al final de cuentas, eso es lo de menos; la preocupación mayor es la inseguridad de las historias que se repiten de boca en boca, como la de Carlos, un alumno de segundo grado que antes de llegar a la calle de División Oriente para tomar su autobús, un hombre lo abrazó y le hizo sentir el filo de una navaja que ocultaba la chamarra.
Los 70 pesos que traía Carlos se los dio, pero el ladrón se llevó algo más, su tranquilidad y la de su madre que lo vio llorar hasta que llegó a casa, con la impotencia contenida de no sentirse seguro cerca de su escuela.
