Sin duda alguna, 2020 será un año que muchos querrán olvidar o habrían deseado que fuera diferente, pues la situación sanitaria a nivel mundial vino a alterar por completo la vida de la sociedad, tal y como la conocíamos.
Sin embargo, eso no es posible; suprimir un recuerdo o volver al pasado para alterar lo que vendrá, jamás podrá ser, por lo que ahora, en vez de lamentarse y hundirse en la tragedia, las personas pueden ver esta situación como una nueva oportunidad, un nuevo comienzo.
Ese es el panorama de muchos comerciantes del Mercado de Abasto de Oaxaca, pues a la ya de por sí difícil situación que vivieron cuando su centro de trabajo fue considerado como foco rojo de infección y contagio de coronavirus (COVID-19), se sumó el terrible incendio ocurrido el pasado mes de mayo.
Cadena de desgracias
La tragedia, pensaron algunos locatarios, no podía ser mayor; incluso algunos señalaron que no daban crédito a la cadena de desgracias que estaban atravesando. Primero, la COVID-19 y el cierre de sus negocios, la caída en las ventas y la no generación de ingresos. La última estocada la puso el incendio.
Ahora, ya con la nueva normalidad en la vida cotidiana y el semáforo epidemiológico en color amarillo en la entidad, un atisbo de luz aparece en medio de la oscuridad que ha significado lo que va de 2020.
“Yo creo que tenemos que tener paciencia porque es un proceso, son varios pasos que se tienen que hacer. Primero, pues ya nos dijeron que va el drenaje y es un buen tramo, luego viene la luz, el agua y ya al final la construcción, pero pues eso hasta 2021”, comentó la señora Alba Díaz, comerciante del mercado y afectada por el incendio de hace tres meses.
Y es que en medio de esta reanudación de actividades, han tenido que apegarse a los nuevos estándares de vida que giran en torno a las medidas sanitarias implementadas por las autoridades para evitar la propagación de la enfermedad.
“Es empezar de cero, es como otra vez desde el principio, para muchos de nosotros así es. Hay otros que afortunadamente pues ya tenemos nuestros clientes y ya nos ubican, por eso mismo nos buscan aunque no podemos estar en nuestro lugar de siempre”, señaló la señora Alba.
Muchos tienen que esperar
La nueva normalidad ha traído consigo la introducción de productos que, en medio de la pandemia, han terminado por ubicarse como predilectos e indispensables. Su uso es obligatorio y eso propicia que su demanda sea mucha.
“No, pues ahorita lo que más busca la gente, pues es el cubrebocas, el gel, cosas así de limpieza; en menor medida el pinol, el cloro… pero ahorita nosotros que vendemos ropa, los que venden huaraches, canastos, prendas típicas, pues lo estamos resintiendo, casi no hay ventas”, narró el señor Manuel, comerciante.
En ese sentido, atribuyó esta caída en sus ventas al hecho de que la economía en general de toda la sociedad está muy golpeada por el efecto pandemia, que dejó sin trabajo a muchos y golpeó las finanzas de otros tantos.
“Pues es normal, ahorita la gente no está para gastar en cosas que a lo mejor no son tan necesarias como una blusa, una hamaca o unos huaraches. Claro que hay gente que sí viene y dice que es un encargo, porque los va a llevar a otro estado o equis, pero así como antes no, bajó mucho la venta”, afirmó el vendedor de prendas típicas.
Los que siempre venden
“Esto es de siempre, haya o no haya pandemia la gente tiene que comer; mucho o poco, pero tiene que comer. Gracias a Dios, lo nuestro, pues de primera necesidad por así decirlo, entonces pues ya tenemos nuestros clientes a los que les vendemos por mayoreo, nuestros clientes que vienen por poquito… gracias a Dios se sigue vendiendo”, comentó Carmen, quien vende productos cárnicos, principalmente de cerdo.
Por otro lado, quienes también siempre están en los pasillos del Mercado de Abasto, son las tlayuderas, esas mujeres que, pese a lo adverso de la situación, ofrecen el tradicional alimento, representativo de Oaxaca.
“Flojito, poquito, pero ahí va; apenas llevamos dos semanas que regresamos bien y ahí vamos. Hay días que no acabamos todo, pero gracias a Dios hay venta, malo fuera que no hubiera”, dijo la señora Antonia.
