Pasar al contenido principal

Mercado de Abasto: de la gloria al infierno

Foto(s): Cortesía
Redacción

Los años se le han ido detrás del mostrador de su local; 39 pasaron ya desde que doña Gloria, La Chicharronera de la zona húmeda del Mercado Margarita Maza de Juárez, llegara junto a su madre a ese centro comercial, un poco antes de que se inaugurara, por ahí de 1978.


Sensible por la ausencia de las hijas y un poco por la edad –73 años-, Gloria Robles Velasco llora, por el recuerdo de todo lo que ha vivido en ese su segundo hogar; un espacio desde donde ha sido testigo del crecimiento y cambio del también conocido como Mercado de Abasto; las ambiciones, la delincuencia y la falta de amor que tienen algunos al lugar donde generan su sustento, han provocado que los clientes se ahuyenten, comenta.


 



Doña Gloria, conocida como La Chicharronera, lleva 40 años vendiendo sus productos en la zona húmeda.

 


Toda una vida dedicada a su oficio


Su negocio lo inició en el Mercado Benito Juárez, muy pequeña, cuando su mamá la ponía a vender biuses y chicharrón; luego vino el local en “el de Abasto”; a Gloria le tocó hacer los méritos necesarios para ello, lo que implicaba permanecer en la zona entonces poco poblada y rotar su puesto conforme fuera necesario.


De su negocio dio estudios y creció a sus hijos; por ello, el amor y la gratitud a su oficio, así como el cuidado a su espacio, asegura, no solo es un deber, sino una obligación.


 


Genoveva y Marcos, líderes insustituibles


“He visto y añoro tanto; Oaxaca, tristemente no es el mismo, se han perdido muchas cosas, especialmente el amor y respeto al prójimo; antes, aquí todos nos saludábamos, éramos solidarios; ahora, ¡Dios nos libre!, algunos se sienten dueños de los espacios y hasta se ponen violentos”, dice.


De menuda estatura y cabello que semeja a la nieve, doña Gloria recuerda a Genoveva Medina y a Marcos Villanueva Serrano, como los únicos líderes que fueron sensibles a las necesidades de los comerciantes de la zona, y al famoso grupo de mujeres conocidas como Las Pájaras, gracias a las cuales, dice, la delincuencia no se atrevía a perturbar el lugar.


“Esos sí eran líderes y estaban pendientes de las necesidades de nosotros, sin pedir nada a cambio, ni presionarnos; ahora dicen que hay muchos, y sólo veo que de pronto aparecen puestos y cuidado les decimos algo, porque se quejan con sus representantes; hay gente muy entendida y hay otras que ¡Virgen Santísima, cuídanos de sus bocas!”, comenta asombrada.


 



La Central de Abasto, desde el aire. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 


De Las Pájaras, recuerda a las mujeres bragadas como quienes junto a los porros de la UABJO fueron grupo de choque de algunos ediles y gobernantes, pero que mantenían a raya a la delincuencia, que le pensaba para meterse al mercado, por lo bravas que solían ser, señala.


Doña Gloria asegura que no todos los comerciantes son liderados por alguien; si acaso, de pronto José Luis Díaz Cabrera, secretario de la Organización Zona Húmeda, llega a preguntarle si se ofrece algo, pero nadie la dirige; además, asevera que aunque ha escuchado que Israel Ramírez Bracamontes, presidente del Consejo de Dirigentes es buena persona, ella no tiene el gusto de conocerlo.
 


La inseguridad, lo que más lamenta


El Mercado de Abasto es considerada la zona de mayor concentración en la ciudad, pero también de alta incidencia delincuencial; la sobrepoblación y la anarquía que provoca eso, mantienen en riesgo permanente a los cerca de 16 mil comerciantes que ahí convergen a diario.


 



La imagen de la zona donde se ubica el Mercado de Abasto y la Central Camionera de Segunda Clase, poco ha importando a los líderes.

 


Tan sólo en el presente año, doña Gloria ha sido testigo de varios asaltos y aunque no los vio, está enterada de los asesinatos cometidos en inmediaciones del lugar y que hasta el momento no son esclarecidos; además, como todos, se limita a callar respecto al narcomenudeo en el área.


A la Chicharronera, como a muchos de los comerciantes que hace 40 años fundaron el Mercado de Abasto, el paso del tiempo ha dejado una huella que lejos de beneficiarles, les ha afectado.


“Cuando llegamos y hasta hace unos 10 años, nuestras ventas eran buenas; yo vendía entre 15 y 20 kilos de chicharrón, biuses y sangrita; hoy, si bien me va, logro colocar si mucho 2 kilos al día, hay mucha competencia; a pesar de la mala calidad de algunos productos, la gente busca lo barato y se va a la zona de tianguis, ya no llegan hasta aquí; aunque se ve mucha gente, no nos va bien a todos, pero tenemos que aguantar”, puntualizó.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.