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Decepción con el seguro voluntario

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

En los tres meses que lleva con el seguro voluntario que le contrató su empleadora ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Alejandra Santiago sólo ha acudido por atención médica preventiva.


Agradece que en ese tiempo no le hayan diagnosticado cáncer o alguna otra enfermedad mayor que la obligue a entrar a quirófano, porque esas son prestaciones a las que no tienen derecho.


Mientras cuece los hígados que le servirán para alistar la comida de las mascotas de la casa donde trabaja desde hace 17 años “de planta”, Alejandra no oculta su decepción por acceder al trámite que desde años atrás buscó, sin éxito, su empleadora.


“No me voy a ir a formar tres horas para sacar una cita para que me curan una gripa, prefiero ir al consultorio de la farmacia que está a lado de mi casa”, dice sin dudarlo.


No recuerda la cantidad precisa que su empleadora pagó en diciembre ante el IMSS, pero si tiene la claridad de que fue “mucho dinero” que al finales de cuentas “no me ayuda en nada”.


Enfermedades simples


Una vez que realizaron el trámite, Alejandra empezó a tener seguro social en enero pasado, pero con limitantes, “si acaso de una gripa o una enfermedad sencilla me pueden atender, si es algo más complicado, no lo cubre”.


El 19 de febrero pasado acudió a la clínica que le corresponde, para que en su consultorio abrieran su expediente, “me expidieron mi carnet e indicaron que debía empezar con mi esquema de vacunación”.


Ese día recibió la primera dosis de la vacuna que previene contra el tétanos y ayer acudió por una segunda dosis y ha tratado de no enfermarse para no confirmar que el seguro social no la ayuda en nada:


“Si voy por una gripita, si me la atienden ahorita, pero si llego con una fractura no me la cubren”, por lo que, con seguridad, considera que estar afiliada al IMSS “no sirve para nada”.


La necesidad de ayudar a sus padres con la manutención de sus hermanos, como Tomás que empezaba a estudiar la licenciatura, la hizo empezar a trabajar en la casa de una profesora que vivía en la colonia Volcanes del municipio de Oaxaca de Juárez, cerca de donde ella vivía.


Durante 18 años ella se ha empleado sin seguridad social porque no está comprendida en la Ley. Una empleadora intentó darla de alta hace un par de años, pero el trámite era tan burocrático que dejó de intentarlo.


Aunque la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que las condiciones en que trabajaba eran inconstitucionales, en los hechos ella considera que el fallo no ha cambiado la estructura del IMSS para que ella pueda tener beneficios reales.

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