SAN ANTONIO CUAJIMOLOYAS, San Miguel Amatlán, Ixtlán, Oaxaca.- Empieza a clarear. Las nubes no dejan de moverse, el viento las pasea por el cielo y las funde con el humo que escapa de los fogones de las casas.
El frío de la madrugada acumulado en las plantas y el pasto, pasa de cristal a gotas diminutas de agua.
Por ser la parte más alta del territorio oaxaqueño, la mayor parte del tiempo hace frío, pero la situación atmosférica es normal para quien vive aquí.
Aunque es todavía otoño y la temporada de huracanes y ciclones feneció, desde hace unos días el termómetro se estancó en los dos grados. En invierno, sobre todo a finales de año, el frío podría recrudecerse.
Arrecia el frío
“Ha mermado el viento, anoche estuvo fuertísimo”, relata Consuelo Luis Martínez, una mujer cuya vida ha transcurrido entre el frío de la serranía, ese que en las noches sólo es posible alejar si se duerme “con cinco cobijas de las gruesas”.
Acostumbrada a que “por lo regular haga frío”, sus actividades de casa y atendiendo su miscelánea las hace cubierta con un suéter con capucha, una mañanita de estambre y bufanda cubriendo hasta su boca.
“El año pasado, la temperatura bajó hasta dos grados abajo de cero”, asegura una mujer cuyo padre, Felipe Luis Juárez, fue hasta su muerte, hace 15 años, el encargado de reportar a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) el estado del tiempo.
Desde ese tiempo, Hugo Acevedo Martínez, esposo de Consuelo, se ha encargado de la estación climatológica que se instaló en esta agencia municipal desde 1954, por ser uno de los puntos de mayor altitud.
“Mi suegro Felipe nos platicó que cuando la Conagua empezó a observar los escurrimientos de las aguas, visitaron los pueblos de la zona y vieron como un lugar adecuado para poner la estación porque hace mucho frío", recuerda.
La pequeña estación, en un inicio estuvo cerca de la agencia municipal, pero cuando el pueblo decidió que llegara el almacén de la Conasupo, la movieron a un terreno del encargado de tomar la temperatura, de donde no se ha movido.
Lectura diaria
Cada mañana, entre las 7:30 y 8:00 horas, Hugo Acevedo camina unos minutos a una casa cuesta abajo, abre la caja de madera donde un termómetro ambiental le indica que la temperatura mínima es de dos grados, la más baja de los últimos días.
La veleta, que nunca está quieta, le indica que el viento sopla para el norte. En una tina, los 15 centímetros de agua acumulados por el agua de las lluvias de octubre no se han evaporado, no ha hecho suficiente calor, la temperatura no ha rebasado los seis grados centígrados.
"Ha permanecido así con frío, hace calorcito pero luego como que llovizna”, explica Hugo mientras muestra el pluviómetro que este lunes marcó 4.7 milímetros de precipitación, esa que hizo que el frío en el ambiente fuera mayor.
Bebida contra el frío
Arroparse en exceso, cubrirse de pies a cabeza, encobijarse, sentarse cerca del fogón o tomar un anís con catalán puede ayudar a calentar el cuerpo, sobre todo esta última bebida que se encuentra con facilidad en las cinco tienditas del pueblo.
Esa bebida, elaborada con una planta medicinal, se ofrece sobre todo a visitantes, quienes atraídos por los servicios de ecoturismo comunitario llegan para recorrer el interior del bosque en cinco rutas o cruzar parte de la agencia en una tirolesa.
Estar cerca de la estufa o el fogón, ayuda a disminuir la sensación de frío. FOTO: Emilio Morales
En las alturas
Si el viento sopla a favor, una persona colgada de un cable tensado del mirador Yaac-cuetzi (Palo hueco en zapoteco), a 3 mil metros 328 metros sobre el nivel del mar, puede llegar a un costado de las cabañas de la comunidad, en un minuto con 20 segundos.
“Hay quienes llegan llorando del frío que da a esa altura”, cuenta Felipe Luis Martínez, guía comunitario, quien sabe bien que con el cielo despejado, desde esa parte alta se aprecia el Pico de Orizaba y parte de la ciudad de Oaxaca.
Además de los servicios de ecoturismo que ofrecen desde 1998, esta comunidad vive de su agricultura como la papa, el maíz y otros cultivos que resisten las bajas temperaturas, o del cultivo y comercialización de truchas.
Lo que no se facilita es la elaboración de pan. “Para que la levadura fermente y la masa levante, tengo que sacar la brasa del horno y ponerla cerca”, revela Catalina Juárez, quien cubre con un rebozo gran parte de su cara.
Aún no llega el invierno, pero en Cuajimoloyas ya arrecía el frío. FOTO: Emilio Morales
La actividad cerca de la estufa hace que Martha Vargas Ruiz no sienta tanto el frío, al que se ha acostumbrado, al igual que ver las mejillas de su hija Yareny, de 3 años de edad, enrojecidas; “si no es por el frío, por el sol”. La mucosidad que escurre de su nariz no es necesario curarla con antibiótico, sabe que pasará.
Se enferman mientras se aclimatan
Entre octubre y noviembre, cuando vuelven a aclimatarse al descenso de temperatura, es cuando las infecciones respiratorias suelen incrementarse de 40 a 60 casos, de septiembre a octubre; y en la primera semana de noviembre, ya se registraron 19 enfermos.
Pero para el médico encargado del Centro de Salud, Luis F. Aguilar Sandoval, las 760 personas que acuden a recibir atención de primer nivel, ya están acostumbradas a las temperaturas extremas.
En los siete años que lleva prestando aquí sus servicios, no se ha presentado un sólo caso de neumonía. El frío que ahora se siente, es para el agente municipal, Rogelio López Martínez, apenas el anuncio de lo que se sentirá terminando el 2017 y comenzando el 2018, cuando el agua nieve puede caer y helar el ambiente.
El frío se disipa conforme avanza la mañana, pero vuelve en la tarde. FOTO: Emilio Morales
