Incertidumbre, desigualdades y dificultades es el sello que caracteriza el inicio del ciclo escolar 2020-2021 en su arranque el 24 de agosto en todo el país.
Quienes tienen posibilidades económicas, o que tuvieron que realizar algunos ajustes presupuestales a sus gastos familiares, volverán a clases en línea, mediante uso de plataformas digitales, en computadora, tableta o teléfono; otro porcentaje, el mayor, enfrentará el reinicio de actividades educativas en medio de la incertidumbre, en el mejor de los casos frente a un televisor o la radio.
Y, en medio de las desigualdades profundizadas por la pandemia de la COVID-19, otros más no podrán retomar sus actividades debido a que carecen de estos instrumentos.
Sin televisión
Dominga forma parte de esta población debido a su condición de pobreza. Ella es madre de tres hijos en edad escolar. No cuenta con radio y mucho menos con televisión.
Hasta ayer desconocía si sus hijos volverían a la escuela pues nunca realizó un proceso de reinscripción.
Alejada de toda la tecnología y sin recursos económicos, quizá será un año escolar perdido.
La mujer es madre soltera y sostiene a su familia con los ingresos que percibe como trabajadora del hogar.
El dinero es suficiente para cubrir pago de renta, luz, agua y alimentos, pero no para la compra de un televisor.
Sin las posibilidades y herramientas sus hijos están en evidente desventaja.
Sin internet
Lorena es otra madre de familia, tiene una hija en nivel superior y una más en secundaria.
Fue apenas el pasado 19 de agosto cuando llevaron a cabo el proceso de reinscripción en la Escuela Secundaria Técnica número 64.
Hasta ayer domingo no había indicaciones del reinicio.
“Lo único que nos dijeron es que estemos pendientes, que después nos dirán como se va a reanudar. Eso es todo lo que sabemos de la escuela. Por otro lado, el gobierno federal dijo que este 24 se inicia y que será a través de la televisión, pero nosotros quedamos volando. No sabemos qué va a pasar. Por lo pronto mi hija irá tomando apuntes de las clases de televisión para que, en un futuro si lo piden ella lo tengan”, destacó.
Sabedora de la importancia de la educación, ella y su esposo realizaron ajustes en la distribución de los gastos para poder contratar internet y que sus hijas continúen con sus estudios.
Ha sido dificil, señala Lorena, quien debido a la pandemia de la COVID-19 perdió su empleo como ayudante de costura.
“Sólo tenemos una computadora que apenas si tiene el funcionamiento adecuado y tienen que estar moviendo su horario para compartir la computadora. Otra cosa es el internet que se nos hace muy caro y de muy baja velocidad”.
“Es muy estresante esta situación porque no puedo salir a buscar trabajo. Estamos viviendo al día y todavía hay que pensar en pagar el internet para que no los quiten.
Para cubrir todos sus gastos, Lorena y su familia han tenido que recurrir a préstamos con familiares.
