En la calle 20 de Noviembre del Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca, los vecinos suplieron una de las principales funciones del Gobierno municipal y estatal: la de garantizar la seguridad pública de los transeúntes, la de ellos y la de sus negocios.
Pero también han realizado labores contra la contaminación auditiva que los ha confrontado con los choferes del transporte público y además, lidian con la contaminación que dejan los turistas en sus calles, desde que se usan como estacionamiento de los autobuses de transporte turístico.
Comité de vigilancia
Los problemas de inseguridad, basura y ruido, han llevado a la creación de un Comité que está integrado por vecinos de las calles 20 de Noviembre, Moctezuma, Nuño del Mercado, Zaragoza, Miguel Cabrera y JP García, entre otras.
A finales de diciembre de 2016 y a partir de enero de 2017, se incrementó la delincuencia. Principalmente en asalto a transeúntes, donde las víctimas mayoritariamente son los estudiantes y mujeres, así como el robo a negocios.
El médico Martín Antonio Zaragoza aseguró que ya tienen identificados a tres de los asaltantes, cuyos rostros se ha compartido entre vecinos y con las autoridades. “El problema es que si vas a poner la demanda, el ministerio público no te hace caso, de plano te dice que eso no va a proceder, que es pérdida de tiempo”.
Hace un mes, la Cremería de la zona sufrió un asalto y gracias a la intervención de los vecinos, dos de los asaltantes fueron detenidos por ellos y entregados a las autoridades.
Los estudiantes son las principales víctimas de los robos con violencia. FOTO: Emilio Morales
Acciones de emergencia
Como mecanismo de actuación, acordaron adquirir un silbato del cual se hace uso en caso de emergencia, una lámpara personal debido a la oscuridad de las calles en la noche porque el municipio argumenta no tener recursos económicos para la compra de las luminarias y un chat a través de una aplicación en el celular, para reportar cualquier comportamiento o individuo sospechoso.
Diego González, de la tienda de instrumentos musicales, es uno de los que ha perseguido a los ladrones y ha participado en la captura de algunos de ellos. La zona, afirmó, se ha vuelto peligrosa debido a la presencia de muchos carteristas que regularmente huyen por la calle Nuño del Mercado, justo frente a las oficinas del Centro de Servicios de Procuración de Justicia de la Fiscalía General del Estado.
“Los ladrones pasan por ahí”, afirmó, “precisamente donde hay un ministerio público, y no sirve para nada”.
El presidente del Comité Vecinal, Mario Elías Torres Ruiz, dijo que la organización de los vecinos ha permitido que disminuyan los robos con violencia; pero se mantienen los asaltos a negocios. Además de la Cremería, en los últimos meses sufrieron robos una carpintería, una estética, un negocio dedicado a la venta de licuados dietéticos y el robo de las baterías de los coches.
Diego González, uno de los vecinos que ha participado en la persecución de los delincuentes. FOTO. Emilio Morales
Ola de robos y asaltos
Al igual que el médico Martín Antonio, coincidió que los robos y asaltos se dispararon a partir de enero de este año. “No sabemos las causas”, explicó; “suponemos que es lo difícil de la situación económica y el aumento en los índices de drogadicción. Muchos de los delincuentes son jóvenes cuyo estado alterado y sus actos delictivos se explican por su necesidad de conseguir droga”.
Los vecinos han pedido a las autoridades municipales la reparación de las luminarias. La respuesta que han obtenido es que no hay recursos públicos para adquirirlas y han propuesto que sean los interesados quienes las compren y ellos se comprometen a colocarlas.
Cada luminaria cuesta alrededor de 800 pesos e incluye la colocación. “Es por lo que hemos optado los vecinos; es preferible gastar ese dinero a que continúe la delincuencia”, dijo el médico Martín Antonio.
Ante la omisión municipal, los vecinos también tienen que invertir su dinero para la rehabilitación de las luminarias. FOTO: Emilio Morales
Condiciones insalubres
Esteban Pérez, de la cerrajería, detalló que los autobuses turísticos que desde hace por lo menos dos años han usado la calle 20 de Noviembre como estacionamiento de hasta cinco camiones, han motivado la comisión de delitos porque obstruyen la visibilidad de sus negocios que los hace susceptibles a ser asaltados y les afecta en sus ventas.
Pero sobre todo, dijo, han generado condiciones de insalubridad. Los turistas dejan la basura en la calle, orinan en botellas y realizan sus necesidades básicas sobre la banqueta. “El mayor problema es que dejan basura, se orinan, hasta se hacen del baño. Nosotros tenemos que lavar”.
El cerrajero paga mil 500 pesos por servicios de barrido, uso de suelo y recolección de basura al Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, los cuales no recibe. Los trabajadores del municipio, dijo, pasan muy tarde, cuando ellos ya hicieron la limpieza de las calles.
Contaminación auditiva
Otro problema al que se enfrentan los vecinos es a la contaminación auditiva provocada por el tránsito vehicular en la calle 20 de Noviembre, por la que ingresan al centro de la ciudad taxis foráneos, camiones urbanos y los del transporte de pasajeros del municipio de la Villa de Zaachila.
Con el objetivo de ganar más pasaje o no rebasar los tiempos establecidos por sus patrones en el recorrido de sus rutas, los camiones urbanos llegan a estar parados en las esquinas hasta por tres cambios de semáforos consecutivos o por más de 10 minutos; esta situación satura la vialidad y los choferes del transporte público usan excesivamente el cláxon.
Los vecinos les han reclamado, pero eso los ha llevado a confrontaciones con los choferes hasta los golpes. La última vez, realizaron una campaña con pancartas donde les pedían no usar el cláxon y respetar las reglas viales, porque muchos de ellos no respetan ni las luces del semáforo.
Al final, los vecinos han tenido que suplir las obligaciones de las autoridades municipales.
El ruido ambiental es también provocado por el uso excesivo del cláxon en el transporte público. FOTO: Emilio Morales
