Mientras una mujer ebria cae, el llanto de un bebé se pierde en el ruido y el ajetreo de la Central de Abasto, algunos intentan ayudar sin que la fémina lo permita, todos se van.
A dos puestos, la Navidad está más presente que nunca, desde luces, adornos, bengalas y por supuesto, cohetes. A pesar de los operativos y de la vigilancia se incrementaron, cohetes se pueden conseguir por doquier en la Central de Abasto
Dos policías pasan y se hacen de la vista gorda, “todo cuesta diez pesos, el misil, los chifladores, tronadores, ollitas, lleve lo que quiera”, oferta una comerciante.
En la zona seca del mercado, si bien no son tantos como en otros años, los puestos que expenden pirotecnia se disfrazan con los adornos navideños.
“Hay operativos, por eso no estamos mucho tiempo, cuando pasa la policía tenemos que esconderlo, aún así la gente los busca y aquí, los encuentra”, destaca una joven de no más de 20 años.
Apenas el 12 de diciembre en un operativo de la Policía Estatal en coordinación con los bomberos fueron asegurados más de 300 kilogramos de pirotecnia en la Central de Abasto.
“De aquí vivimos, sabemos que es peligroso pero tenemos el cuidado necesario”, destaca un joven que se encuentra a plena vista.
Los rondines de la policía han aumentado, pero no son los suficientes para hacerle frente a los locatarios, destaca un bolero,”en la tarde puedes encontrar más variedad y con mejor precio”.
En sus manos un pequeño sostiene un misil, su madre pregunta el precio, lo compra y el niño se va feliz.
Navidad, el paraíso
“Puedes venir el 23 en la tarde, es cuando más tendremos, ahorita nos cuidamos, pues no falta quien nos da el pitazo”, señala una señora de edad adulta que también tiene su canasto de cohetes.
Algunos comerciantes son temerosos de las posibles consecuencias que la pirotecnia puede ocasionar, “hemos visto en la televisión lo que ha pasado en otros lugares, pero aquí no podemos hacer nada, ya que son decisiones que ya se tomaron”, afirma un comerciante de ropa.
Mientras tanto, los uniformados pasan y pasan; los comerciantes medio ocultan su mercancía y los clientes, sin mucho esfuerzo, encuentran su pirotecnia.
