Enfermo de muerte, así está el zócalo de la capital oaxaqueña; y lo peor es que a nadie le ocupa ni preocupa su agonía; a 11 años de que inició su deterioro, a las autoridades de todos los niveles les ha resultado más cómodo hacerse omisos que demostrar autoridad, acusan quienes en todo este tiempo han visto su decadencia.
El sentimiento de los aseadores de calzado ubicados en la Plaza de la Constitución, es que sienten molestia y tristeza; la desesperanza pinta sus rotros; el otrora centro de reunión de las familias, donde la música de la marimba ambientaba y pintaba un escenario hermoso, hoy se ha convertido en uno de los lugares más sucios y abandonados de la ciudad.
Autoridades dejan morir al zócalo
Luego del 2016, comenta Sergio Gil Alvarado, el zócalo dejó de ser aquel lugar bonito y limpio en el que la gente podía disfrutar sus paseos dominicales, sin riesgos de ningún tipo.
“A nadie le importa nuestra suerte, en los 30 años que llevo trabajando en esta zona, esta es la década más difícil en el zócalo; el egoísmo y la incapacidad lo están matando, las autoridades se la pasan complaciendo a los que chantajean y no a los ciudadanos de bien”, señala con enfado.
Agrega que es imposible no dolerse por el deterioro de un espacio del que se apropiaron, quienes amparados en la justicia social, muestran su poco amor a Oaxaca; aunque lo peor, dice, es que con ello se evidencia la incapacidad, la falta de autoridad e indiferencia que hasta hoy tienen los gobiernos al respecto.
“Aquí vienen a bolearse los políticos cuando son candidatos, hacen como que se interesan, se toman la foto y nunca más vuelven; atrás quedaron aquellos tiempos en que regaban las jardineras, daban de comer a las ardillitas y este lugar se veía hermoso, el zócalo se está muriendo”, señala.
Entre el campamento magisterial y de otras organizaciones ha quedado secuestrado el quiosco. FOTO: Mario Jiménez
Por si fuera poco, la competencia desleal que les propician algunos líderes, al credencializar a los niños boleros que proceden del estado de Chiapas, es un asunto más que afecta a la economía de los cerca de 60 aseadores de calzado que durante años han pagado por su derecho de permanencia en la zona.
Insuficientes, los "mejoralitos"
Las cientos de flores de Noche Buena con que el municipio citadino intentó dar otra imagen al zócalo para esta temporada, no bastaron; tristemente, el cúmulo de basura, el crecimiento del “escuadrón de la muerte”, la inseguridad, la hediondez que se percibe al paso, las carpas que ocupan los desplazados, los vendedores ambulantes, las mantas y puestos que saturan el Portal que atraviesa el Palacio de Gobierno, dan al traste con la intención y provocan que el tesoro arquitectónico colonial que caracteriza al área, se pierda.
Aunque Sergio Navarro Rojas, líder de los aseadores adheridos a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), tiene confianza en que el desalojo de ambulantes sea el principio de las acciones que pongan orden y devuelvan al área su majestuosidad y belleza; porque “los mejoralitos”, segura, son insuficientes.
“Nuestros clientes se ahuyentaron, el turismo no se acerca, urge que se haga algo, hemos perdido casi el 70 % de los ingresos con que sostenemos a nuestras familias, todo por este desorden”, expuso.
Sergio Navarro Rojas, líder de los aseadores adheridos a la CTM. FOTO: Mario Jiménez
Gobernantes de televisión
“Mucha foto, mucho bla, bla, pero nada de acción, todo lo que aquí sucede tiene solución, nada más que no les interesa; a los gobernadores y presidentes les falta valor, interés y decisión, me ha tocado en 68 años ver actuar a muchos de ellos, pero a partir de Diódoro (Carrasco Altamirano), Oaxaca no es el mismo”, expresó Martín Ramírez, entrevistado a su paso por el lugar.
A pesar de ser originario de la zona Triqui, Martín dijo no estar de acuerdo con las prácticas que ejercen organizaciones como las que operan en su lugar de origen, porque utilizan a la gente y afectan el desarrollo del estado, pero que eso se acabará cuando a los gobernantes convenga.
“Y aquí se reflejan los acuerdos, las complacencias del gobierno con algunos y mientras eso sucede, los ciudadanos, los boleros y los comerciantes establecidos pagan los platos rotos; queremos que el zócalo sea el de antes”, puntualizó.
La policía poco hace para desalojar el zócalo de enfermos alcohólicos. FOTO: Mario Jiménez
