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¿Recibiste una crianza con golpes? Aquí te decimos sus efectos

Unicef advierte que el uso de la violencia durante la crianza se debe a que los padres no cuentan con estrategias para establecer límites a sus hijos.
Foto(s): Cortesía
Israel García Reyes

Israel García Reyes

 

La Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Mujeres, realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública en 2015, revela que en México 6 de cada 10 de niños, niñas o adolescentes de entre 1 y 14 años han experimentado algún tipo de disciplina violenta o maltrato en su hogar.

A su vez, aunque sólo 1 de cada 20 personas cuidadoras validan abiertamente el uso de violencia como herramienta de crianza, 3 de cada 10 han golpeado al menor a su cargo debido a la frustración, entre otros motivos.

Por su parte, la Unicef advierte que el uso de la violencia durante la crianza se debe a que los padres no cuentan con las estrategias necesarias para establecer límites a sus hijos sin recurrir al castigo, o porque se ven desbordados por sus propias emociones. 

Abunda que las agresiones como método disciplinario suelen tener más consecuencias que beneficios. Por un lado, el condicionamiento por castigo no se puede entender como "educar" en el estricto sentido de la palabra, pues los niños que suelen recibir este tipo de maltrato sólo responden para evitar el dolor, ya sea físico o emocional, y no como una forma de aprendizaje válido.

En tanto, al recibir una agresión por parte de una figura que debería generar seguridad en el menor, la sensación de impotencia, miedo, e incluso resentimiento, genera la ruptura de este espacio y puede ocasionar que los niños repliquen esta conducta en otros espacios, por ejemplo, a través del bullying.

En este sentido, las justificaciones para el uso de violencia como "te pego para que aprendas a portarte bien" provocan que los niños acepten la culpa por las agresiones en su contra, que a largo plazo puede provocar que mantengan relaciones destructivas.

Asimismo, otra de las consecuencias es la incapacidad para manejar los problemas cotidianos y procesar las emociones que surgen de ello. No es de sorprender que los estudios sobre niños violentados arrojen que ellos presentan un mayor riesgo de abusar de sustancias peligrosas durante su vida adulta.

Al carecer de mejores modelos para la resolución de problemas, es probable que quienes recibieron castigos físicos o emocionales a manera de correctivo repliquen este proceso para resolver su problemas.

El sentimiento de culpa que suele crecer en los niños cuando sus cuidadores emplean violencia para disciplinarlos propicia baja autoestima.

 

FOTO: Pixabay

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