Estamos a escasos días, a nada de que ruede el balón y el planeta entero se paralice con la Copa del Mundo de 2026. Y mientras las selecciones afinan los últimos detalles, una noticia retumba fuerte y claro en los pasillos del histórico Estadio Ciudad de México, nuestro eterno y sagrado Coloso de Santa Úrsula.
SE ACABÓ LA NOVELA
Para aquellos que tenían el alma en un hilo, les confirmamos que los dueños de los palcos sí tendrán boletos para disfrutar de la máxima justa mundialista.
La tensión se cortaba con un cuchillo. Por un lado, teníamos a la FIFA con sus estrictos protocolos comerciales, queriendo el control absoluto del boletaje. Por el otro, a los dueños de los palcos, que con título de propiedad en mano (esos famosos certificados a 99 años que se firmaron cuando el estadio se construyó para el Mundial del 70) defendían a capa y espada su derecho a estar en su casa.
Parecía un choque de trenes, pero triunfó la diplomacia. Después de estira y aflojes en los despachos, la administración del estadio y el máximo organismo rector del fútbol llegaron a un acuerdo sin precedentes. Los palquistas no se quedarán fuera de la fiesta; al contrario, tendrán un lugar de privilegio para ver a las máximas figuras del balompié mundial pisar el césped que alguna vez vio coronarse a Pelé y a Maradona.
¿QUÉ INCLUYE EL ACUERDO?
Los titulares de los derechos recibirán las entradas correspondientes a la capacidad de su palco para los cinco encuentros que albergará el inmueble, incluyendo el tan esperado partido inaugural del próximo 11 de junio.
Disfrutarán de las remodelaciones de primer mundo que se le hicieron al inmueble. Pantallas nuevas, hospitalidad de lujo y una vista inmejorable.
Eso sí, los dueños tendrán que apegarse a ciertos lineamientos de seguridad y hospitalidad dictados por la FIFA durante los días de partido, dejando de lado patrocinadores personales que choquen con las marcas oficiales del Mundial.
La FIFA evita un pleito legal kilométrico en tribunales mexicanos, y los dueños conservan su lugar en la historia.
Porque dejar fuera a los palquistas hubiera sido una mancha en la organización de nuestro tercer Mundial, un autogol que afortunadamente se supo evitar a tiempo.
