Santiago Tillo, Nochixtlán, es una comunidad que vive de su historia, su cultura y tradiciones.
Su población es altamente migrante, pues cuenta con un aproximado de 700 habitantes, quienes han salido en busca de trabajo, estudios o a perseguir el sueño americano y quienes sólo regresan a la comunidad durante la fiesta titular del mes de julio, tanto para estar con la familia, disfrutar el pueblo y regresar a los lugares que ahora han hecho suyos.
Santiago Tillo, comunidad mixteco–chocholteca, en Nochixtlán, colinda al norte con Santo Domingo Yanhuitlán; al sur con San Andrés Andua; al poniente con Santa María Tiltepec y San Pedro Topiltepec; al oriente con San Juan Soyaltepec y San Mateo Yucucui, agencia de Santiago Tillo.
Vestigios arqueológicos
La comunidad cuenta con hermosas vistas panorámicas que muestra la naturaleza; además, tiene vestigios arqueológicos de la cultura mixteco-chocholteca, las cuales permanecen ocultas por instrucciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), razón por la que no se han puesto al descubierto y que se encuentran al oriente de la población, justo en el lugar que se ubica el panteón municipal.
Los pobladores gustan de realizar presentaciones sobre el origen mixteco, desde pequeñas obras de teatro, como representaciones musicales y escenificaciones compiladas de la cultura mixteca; se dice que los antepasados recomendaron no perder las costumbres y tradiciones del pueblo y esta parte se continúa transmitiendo a los habitantes.
Fiesta patronal
Cuando los paisanos radicados en otros estados o país se reúnen para convivir, lo hacen cada 25 de julio para conmemorar al santo patrón Santiago, cuya fiesta inicia el 23 de julio, con una calenda que recorre el pequeño poblado; el día 24 se lleva a cabo la quema de cohetones, el castillo y los toritos, así como la celebración de maitines; y el 25 de julio se lleva a cabo la fiesta general y termina el 26 de julio con la misa de consumación.
Los días de fiesta son de convivencia deportiva entre las comunidades colindantes y cercanas a la localidad de Santiago Tillo; desde el basquetbol, sin faltar el juego de la pelota mixteca, deporte prehispánico que aún conservan y con mucha pasión se juega en cada fiesta.
Una virtud que privilegia el pueblo es el tequio, en el que todos participan y por eso los domingos son de darle su limpieza al parque, pues los árboles dejan caer tantas hojas que estas son llevadas a los terrenos de cultivo para ser aprovechadas como abono orgánico.
Historias, leyendas, dichos y muchas cosas más, reproducen los habitantes, como es el caso del desarrollo de los años 20, cuando Santiago Juxtlahuaca y Santiago Tillo mantuvieron una vida económica importante, pues Santiago Juxtlahuaca contaba con una mina de antimonio en el poblado de Los Tejocotes y que los habitantes de Santiago Tillo, con mulas trasladaban el producto, tomaban un descanso en Santiago Tillo y continuaban hasta llegar al Parián (central del ferrocarril) donde depositaban el producto para su traslado a Monterrey, Nuevo León.
Así fue como algunas familias tomaban como descanso el paso al Parián, se fueron quedando en Santiago Tillo y fue formándose la comunidad.
Nutillo (Tierra de pulgas), nombre original de la población que después de la colonización se conoce como Santiago Tillo, es considerado un pueblo valeroso que tomó parte en la Revolución Mexicana, con familias distinguidas como la familia Viloria y la familia Viascán, quienes eran terratenientes y le daban trabajo a los pobladores.
Primera banda de música
En el año de 1970, se cuenta que un profesor originario de Zimatlán de Alvarez llegó a la comunidad a organizar un grupo de músicos y en 1971 se solicitaron instrumentos a diversas instituciones; por lo que en 1972 nació la primera banda de música para amenizar las fiestas patronales, clausuras de escuelas y fiestas; sin embargo, el profesor falleció en el año de 1985 y el pueblo entristeció, los alumnos migraron y los instrumentos se quedaron en el olvido.
Fue hasta diciembre de 2008 cuando nuevamente y a petición de la comunidad, los habitantes fueron a las dependencias de gobierno y particulares en busca de apoyo para instrumentos para que volviera la música, ya que en la Mixteca, “un pueblo sin música, es un pueblo muerto”.
