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Un búho y un señor zapoteca: hallazgo histórico en Oaxaca

Un equipo interdisciplinario del Centro INAH Oaxaca realiza labores de conservación e investigación en el sitio del hallazgo histórico de la tumba zapoteca.
Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

En los Valles Centrales de Oaxaca, -en el Cerro de la Cantera, en San Pablo Huitzo-, se localiza una tumba mesoamericana que “es el descubrimiento arqueológico más relevante de la última década en México por el nivel de conservación e información que aporta”, señaló la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, quien agregó que se trata de una muestra contundente de la grandeza milenaria de México.

Sí, en días pasados, el viernes 23 de enero se dio a conocer uno de los hallazgos más relevantes de las últimas décadas por su nivel de conservación y por la información que aporta. La antigüedad de esta tumba se estima que corresponde al año 600 de nuestra era y fue realizada por zapotecos como un ritual o veneración a sus ancestros. 

Esta información fue dada a conocer durante la conferencia mañanera de la Presidenta y posteriormente compartida por el equipo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). 

 

Búho, el señor zapoteca y la divinidad 

Lo más destacado de este hallazgo es la presencia de elementos escultóricos y pintura mural, entre ellos representaciones simbólicas asociadas al poder y a la muerte, así como frisos y lápidas con inscripciones calendáricas, lo que lo sitúa entre los descubrimientos más significativos del patrimonio arqueológico nacional.

Un búho, ave que en la cosmovisión zapoteca simboliza la noche y la muerte, decora la entrada de la antecámara; su pico cubre el rostro estucado y pintado de un señor zapoteca, posible retrato del antepasado al que estuvo dedicada la tumba, y al que sus descendientes recurrían como intercesor con las divinidades.

El umbral está flanqueado por un dintel, en cuya parte superior se observa un friso compuesto por lápidas de piedra, grabadas con nombres calendáricos; mientras que las figuras de un hombre y de una mujer ataviados con tocados y artefactos en ambas manos, quizás los guardianes del lugar, aparecen labradas en las jambas.

En las paredes de la cámara funeraria se hallan in situ secciones de una extraordinaria pintura mural, en colores ocre, blanco, verde, rojo y azul: una procesión de personajes que cargan bolsas de copal y caminan en dirección a la entrada.

La tumba posee una gran riqueza arquitectónica y pictórica, que aporta información de alto valor sobre la organización social, los rituales funerarios y la cosmovisión de esta civilización prehispánica.

Hasta el momento, un equipo interdisciplinario del Centro INAH Oaxaca realiza labores de conservación, protección e investigación del inmueble, incluyendo la estabilización de la pintura mural, cuyo estado es delicado debido a la presencia de raíces, insectos y a cambios abruptos en las condiciones ambientales. 

De manera paralela, se desarrollan análisis cerámicos, iconográficos y epigráficos, así como estudios de antropología física, con el fin de profundizar en el conocimiento de los rituales, símbolos y prácticas funerarias asociadas a la tumba.

Por su calidad constructiva y riqueza decorativa, el hallazgo se compara con otros conjuntos funerarios zapotecos de alta relevancia en la región, lo que confirma su importancia para comprender la complejidad social, artística y simbólica de esta civilización.

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