POr Lázaro Peña V., Pbro.
Domingo V del Tiempo Ordinario, 8 de febrero de 2026, Verde [Se omite la memoria de Santa Josefina Bakhita, Virgen, y de San Jerónimo Emiliani, Presbítero). MR p. 417 [415] / Lecc. I p. 36. LH Semana I del Salterio. Is 58, 7-10; 1Cor 2, 1-5; Mt 5, 13-16.
En esta primera lectura, Isaías habla con claridad al pueblo de Israel, que ha vuelto del destierro y se ha instalado en Judá; les dice que no deben creer que con el sólo hecho de aumentar los ayunos serán gratos a los ojos de Dios; y es que ellos creían que su fidelidad consistía en la observancia estricta y escrupulosa del ayuno; por eso Isaías les explica que el verdadero ayuno debía ser un acto de igualdad social y económica. Realmente quien debe ayunar es el rico, pues él es el único que tiene algo de qué privarse, y de esa manera se igualaría al pobre, al menos cada vez que ayunara, pues el pobre todo el tiempo tiene hambre; el rico por lo menos ese día también sentiría hambre, como el pobre. Isaías también les pide que ya no estén amenazando a los demás, pues como el día que el rico ayunaba se ponía de mal humor, por la gastritis y el rugir de su estómago, amenazaba y reñía con los demás. En realidad, el ayuno que Dios quiere es este: "Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libre a los oprimidos y romper toda clase de yugo. Compartir el pan con el hambriento, abrir tu casa al pobre sin techo, vestir al desnudo y no dar la espalda a tu propio hermano. Renunciar a oprimir a los demás, desterrar el gesto amenazador y la palabra ofensiva; compartir tu pan con el hambriento y saciar la necesidad del humillado" (Is. 58, 6-7, 9-10). Como lo dice el Papa Francisco en su Carta Apostólica "Misericordia et misera" (2016) "mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa (cf. Lc 16,19-21), no podrá haber justicia ni paz social". Y creo que ni habrá una verdadera fe cristiana, porque los católicos no podemos "jactarnos" de serlo, sólo por nuestros "ayunos" cuaresmales, si seguimos viviendo en la injusticia, despreciando al hermano, promoviendo el aborto, creyendo en brujerías o supersticiones, etc.
En esta segunda lectura, Pablo nos dice que Cristo no es producto del razonamiento humano, de la filosofía o de cualquier otra ciencia; a Cristo se llega únicamente por la fe, la fe en un Cristo que murió en la Cruz por amor a nosotros; por eso su evangelización no tenía nada de impositiva, a nadie obligaba a creer; y esto es bueno para nosotros los católicos, pues evangelizar es proponer, no imponer. La Palabra de Dios jamás puede ser introducida con la espada, ni siquiera con la racionalidad; porque la fe no se basa en la sabiduría de los hombres, sino en el amor y en la firmeza de Dios. Se evangeliza sobre todo con el testimonio, es como decía San Francisco de Asís: "Predica el Evangelio en todo momento y, cuando sea necesario, utiliza las palabras". En las parroquias muchas veces tratamos de imponer nuestro modo de "evangelizar" y de administrar los Sacramentos; en ocasiones hasta caemos en el error de "monopolizar" la fe, o hasta de querer monopolizar a Dios. A casi 500 años del milagro Guadalupano, debemos aprender de nuestra Madre Santísima a "inculturar" la fe; y no dejar que siga siendo "piramidal", sino "sinodal", donde se escuche y se valore a todos, a la luz, por supuesto, de la sana doctrina y en Comunión con el Papa y el Magisterio.
En el Evangelio Jesús nos dice: "ustedes son la sal de la Tierra y la luz del Mundo". La Sal se utiliza para evitar la corrupción. Recuerdo mi infancia, cuando fui arriero con mi papá, trasportábamos productos a lugares lejanos, el camino era de al menos 8 días, y para evitar que la carne o el pescado que llevábamos para vender se descompusiera, lo salábamos y lo secábamos al sol, y así llegaban conservados a su lugar final; parece que justamente esta actividad de salar el pescado fue lo que dio sustento económico a los amigos de Jesús: Lázaro, Martha y María.
Así, los discípulos de Cristo, debemos preservar al Mundo de la corrupción, pues cada vez más parecemos perder el rumbo correcto, nos hace falta la sal de la verdad, del camino, de la vida, que es Cristo Jesús (Jn 14, 6); hemos ido perdiendo la justicia, la misericordia y el perdón.
Dios le dijo a Israel que no bastaba que fuera su siervo para restablecer a las tribus de Jacob o traer sus sobrevivientes a su patria; también haría de Israel una la luz de las naciones, para que la salvación llegue hasta el último extremo de la Tierra (Is 49, 6); así nos pasa a los católicos, no basta sólo con asistir a Misa los domingos, o "cuando nos nace" o en lo que llaman "compromisos sociales" (en realidad son Sacramentos o sacramentales); lo que tenemos que ser es luz para los demás, como dice el Papa Francisco en su primera encíclica (Lumen Fidei) "Asimilada y profundizada en la familia, la fe ilumina todas las relaciones sociales. Como experiencia de la plenitud y de la misericordia de Dios, se expande en un camino fraterno" (54).
Como pide Jesús, no basta con evitar la oscuridad, sino que, además, hay que ser luz y proyectarla.
"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"
Pobre: En el sentido bíblico, la Iglesia aplica este término a los fieles cuya actitud es serena y confiada ante los bienes terrenos. No se trata de carencia económica, sino de un desprendimiento, confiados en la providencia de Dios; las bienaventuranzas de Jesús iluminan hermosamente este concepto de pobreza (Mt. 5, 2-12).
Luz: Se trata de un elemento fundamental en el Cristianismo, a partir de su abundante uso simbólico y teológico en la escritura. Es símbolo de la Creación, de la fe en Cristo, y símbolo de la Iglesia y del testimonio de los Cristianos en el Mundo. Así como lo señalan varios de sus ritos y el uso especial que tiene en la Vigilia Pascual; y es que Cristo es la Luz del Mundo (Jn 8, 12).
Sal: En la historia de las religiones se le ha usado con fines simbólicos y religiosos, como ofrenda a Dios (Lv 2, 13 y Núm 18, 19); como saborizante (Job 6, 6); y uso religioso o médico (Ez 16, 4). Por su parte, Jesús indica con ella la buena conducta cristiana en el Mundo, para preservar, gratificar, compartir el alimento y como signo de hospitalidad, convivencia y comunión (Mc 9, 50; Mt. 5, 13).
